_Flight delayed

Lentamente… constituyendo lo que será el mañana, se forjan hoy en las nubes las peqeñas gotas de agua semilla de un futuro. Mejor. O peor. O simplemente consecutivo al presente. Simplemente. Demasiado complejo. ¿ Que estoy mal de la cabeza ? Si, es probable, soy culpable de que no me podais entender. No me importa.

De vez en cuando. Cruzas una mirada con alguien, y os entendéis. Y acto seguido ya no estais, y esa persona se ha perdido en la marea de paraguas que mece la lluvia de la Gran Vía, o de cualquier parque solitario entre apestosas pero mágicas bocanadas de humo de tabaco. Creando atmósferas.

Un tipo sentado en un aeropuerto. En la calle. Hace frío, llueve. A sus pies muere una rosa, y su corazón grita, pero nadie lo oye. Gritos ahogados de impotencia por la individual injusticia que experimenta un único individuo, sólo, porque nadie puede ser él, y porque nadie le entiende. Parpadeantes carteles de infectas letras amarillas, el único ruido que nos lleva a pensar que hay alguien vivo aún allí.

Poner cara de asombro y preocupación al leer esto, inequívoco signo de que no lo estas sintiendo. Embestidas de metal atmosférico reducen a cenizas mi cerebro, y realmente yo no estoy en este salón, si no en un lugar muy lejano. Quizá ese sea el fallo.

Espera…

Pese a que no te entienda a veces. Me esfuerzo. Lo sé. Porque no había sentido nunca antes lo que se siente al esforzarse y por defender aquello que quieres. Porque hasta antes de ayer era un niño perdido con un osito de peluche en la mano, el único objeto de color en la maraña de cables, piernas, bolsas, auriculares de blanco y negro, adosadas al asfalto, condenadas a él. Pero ya no. De verdad.

Porque antes. No me vería jamás esperando en un aeropuerto. Y ahora se ha convertido en un posible mal menor que es despreciable frente a lo que se busca allí, esperando, de pie, llovendo, frío. Frío, de verdad.

Cómo puede esta gente memorizar 13 minutos de límpida atmósfera increíble. Porqué no os conocí antes. ¿ Y a tí ?

Qué está retrasando el destino…

_Reencuentros

Todo lo que hablabas bla bla, todo, todo agua de borrajas. Y no me gusta ser un indeseable, pero es la maldita realidad.

Y me apuesto lo que sea, a que no sabías qué sentir en ese momento. Y ese mordisco a traición en tu estómago cuando al unísono cruce mi mirada con 8 ojos, y todas as verdades y mentiras que oístes y dijisteis, se concentraron en el concurrente suspiro de aire que emanaban vuestras bocas sedientas de alcohol. De más alcohol.

Porque si en su momento no lo entendiste, entonces, me pregunto, como demonios pretendes hoy hallar la verdad única sobre como soy. Y como me comporto. No veías más allá de la amabilidad que te tendi incondicionalmente antes de qe tu la dejaras morir e inanición en aquel apestoso rincón de tu imaginaria soledad, o de tu victimista baño de multitudes.

Algo que no me sorprende, teniendo en cuenta de donde vienes y qué eres. Me temo que esto esta cobrando un cariz bastante post-mental, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que llevo desde que pulse la primera tecla escuchando Daugthers a un voluemen considerable, y maldiciendo al portátil por tener un teclado tan silencioso y pequeño.

En definitiva, para ti y para mi también, ese momento en que nos vimos, duró el doble. Y nadie de alrededor lo percibió.

_Pendiente

No me gusta dejar las cosas colgando así. Me quita el sueño y me sube el pulso. Y ya estoy bastante delgado.

Por corregir esos pequeños defectos… alza el vaso fiel.

_Lágrima

A veces me da por ponerme a cantar cosas de improvisto, y a veces lo que canto hace que mis ojos comiencen a temblar en ese previo paso hacia un inequívoco derramamiento de lágrimas.

No entiendo porqué pasa, y tampoco porqué nunca se llega a consumar.

A veces me da por ponerme a pensar en cosas que ya pasaron, y a veces lo que pienso hace que mis ojos comiencen a temblar en ese previo paso hacia un inequívoco derramamiento de lágrimas.

Puedo llegar a comprender porqué pasa, pero no porque a veces no se puede evitar.

A veces de da por ponerme a recordar olores fugaces, y a veces lo que huelo me pone los pelos de punta.

Se perfectamente porqué pasa, pero no porqué sigo haciéndolo aunque duela.

A veces recuerdo el cruce de Berango y el viento entrando por tu ventanilla, justo 2 horas antes de que todo acabara. A veces recuerdo fiestas de Deusto de hace muchos años, justo 2 minutos antes de que todo acabara. A veces recuerdo aquel frío día de diciembre, 2 segundos antes de que todo acabara. A veces recuerdo y a veces comparo. Y me doy cuenta de que ahora es mucho mejor, pero en realidad, lo que es, es diferente, e incomparable.

A veces recuerdo que me odiaras para siempre.

Lo entiendo. Lo acepto.

Y a veces, a veces hay diferenciales de tiempo tan brillantes y claros, que vemos lo que tenemos por delante, y lo que estamos dispuestos a hacer. Y esta, es uno de esos momentos inexistentes casi siempre, y experimentados casi nunca.

_0

Admiro a las personas que anteponen la felicidad de otros a la suya propia. Lástima que, por mucho que se escriba, poetice, o divague sobre ello, estamos ante una especie extinta.

_Te veo

Realmente creo que tengo un don bastante fiable: enseguida veo cómo son las personas.

Y como digo, creo que es un don, porque no suele fallar. Casi nunca.
Probablemente este sea uno de los motivos por los que me cuesta verme, pero en fin…

Las cosas, no suelen ocurrir porque si. Ni porque no. Ni sin premeditación y alevosía. Y cuando te dije un día: “no me cae bien… no me da buen rollo” y tu me dijiste “eso no lo puedes saber” y yo te dije “para mi desgracia ( o no ) probablemente ya lo sepa”

Y hete aquí, un mes más tarde, cuando me veo una vez más con las palabras “lo sabía” pendiendo de los labios. Quizá por pensar mal siempre y acertar siempre, pero en fin…

Tras una breve pausa asimilando cada fragmento de texto, cada “lo que significa” cada hecho, empiezan las preguntas: ¿ y ahora, qué ? En efecto, y ahora qué, sólo que a mi no me afecta en absoluto. No me afecta, pero me duele de alguna forma, porque no lo entiendo, y las cosas que no entendemos o nos asustan y les buscamos explicaciones metafísicas imposibles, o nos queman por dentro. Permanecer impasible no es una opción, me temo.

Y recuerdo cosas, y actos, y recuerdo después fechas, y edades, y por último veo sobre mi cabeza de nuevo una enorme interrogación, y bastante rabia salpicada por las paredes, pero en fin…

Probablemente, si escribieron en un papel la palabra confianza, ahora mismo esté en llamas, o arrojado al mar. O totalmente carente de significado en la mente de alguien.

La verdad es que siento hasta una repulsión espásmica, y no puedo impedir imaginarme el momento en que falsees todo lo que eres y has sido y vuelvas a empezar. Y no puedo evitar sentir el dolor que puedes provocar.

Por eso tengo enemigos que nisiquiera conozco. Pero en fin…

_De lado

Ladeo la cabeza lentamente, una y otra vez. Buscando una perspectiva adecuada. La siguiente vez que consiga despertar a mi cerebor segregando adrenalina, llevaré 10 minutos con los ojos abiertos, mirando fíjamente, ignorando la sequedad que se habrá hecho patente sin duda en ellos, y emitiendo pequeños ruiditos de succión en un vano intento por recoger la baba que resbale por la comisura de mis labios hasta mi barbilla.

Un granulado de colores rojizos y vivos, realmente vivos, con esencia propia, va haciendo acto de presencia en mis retinas. Como cuando me quito las gafas y miro las farolas de la autopista, de noche, mientras fumo a hurtadillas en mi ventana. Ese intento de centrar la luz, que se convierte en un cambio de zoom violento y casi puedo oir mi propia vista tratando de no ser defectuosa.

Me muestran una realidad lejana, pero algo muy dentro colapsa en una explosión de hormonas, y acerca todo. Hasta mi cuarto. Hasta el corcho. Hasta estos 3 fragmentos de realidad congelados hace ya tiempo, y de los que disfruto de veras cada día, babeando, ojiabierto. Estupefacto. Maravillado.

No hace falta que oiga nada para saber que suena Earshot a todo volumen en mi cráneo, y apaga cualquier otro sonido que venga con la intención de interrumpir. Como cuando en las películas se sube el volumen de la banda sonora en el preciso instante en que el tipo no-tan-duro besa a la chica no-tan-tonta. Y entonces las 200 personas allí presentes, sonríen al unísono, y poco después, solas en sus cabezas, se dan cuenta de que nunca nadie va a subir la música si no lo hacemos nosotros mismos.

Como en este preciso instante.

Y mientras esto ocurre, recuerdo todos esos momentos que te rememoran las canciones que premeditada pero inconscientemente significan algo para nosotros. Y vuelvo en mí.

No se cuanto tiempo lleva parpadeando el estéreo. No se para que nos preocupamos tanto por el tiempo.