_Soy extremadamente cruel

Hilando fino y atando cabos, llego a conclusiones que antes no podría ni imaginar. Y me digo a mi mismo, “es cierto”. Y salpicando de arrogancia todo mi alrededor, dejándolo todo hecho un asco, me doy cuenta de porqué yo sí y tú no, o viceversa, y creo que si no ves es porque no quieres, perdiste esa ilusión quizá, pero no te apetece y huyes.

Aunque no tengo que preocuparme de mirar hacia atrás y verte cuchicheando, sé que no significa que no seas como la mayoría de las personas que me rodean. Simplemente estas lejos y la distancia te mantiene al márgen. Y tu y yo, nos conocemos, y huiste. No te fuiste. Huiste de aquí.

Soy extremadamente cruel. Y con el frío que hace últimamente, más aún, si cabe. Entro a un plano paralelo.

Apagando ideas en sueños. Contemplar cosas horribles, y no llorar. No inmutarme. Rutina mecanizante, deshumanizante, cafeína y nicotina… y sí, epinefrína.

Cada vez que recuerdo cosas como las que ahora pasan por el focus de mi mente y se expanden a uno y a otro lado de mi cabeza, como si pudiera proyectarlas sobre la pantalla del ordenador… no sé ni quien eres. Ni quien eras. Las mentiras y los fraudes me convirtieron en alguien supuestamente cruel.

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_Not OK

Ha sido un día azul. Malas noticias constantemente. Algo mejor quizá a la tarde. Que llueva, que llueva, que se lo lleve todo el agua. Mañana más naricillas rojas y frias. Y menos distancia.

_Día gris

Por fin llueve con ganas.

Los días como hoy se me antojan preciosos. Y más a sabiendas de que los voy a pasar recluido en el sótano de la facultad, estudiando…

A lo largo de la mañana las distintas tonalidades de grises, blancos y negros de las nubes, acaban formando un color uniforme, como si el viento las hubiera amasado hasta lograr el tono perfecto. O como la sucia paleta de colores de un pintor enfurecido por la frustración.

Se está bien al calor de los libros, realmente. Aunque cueste mucho trabajo admitirlo.

_Legañas

Me levanto para ir al baño aún de madrugada. Algo pasa. Algún ruido ya casi olvidado pugna por entrar a traves de la persiana, pero en mi cuarto estoy demasiado dormido como para darle importancia.

Ya en el baño, me doy cuenta de que está lloviendo. 20 días sin llover, y por fin una alfombra perlada de gotas de lluvia cubre el asfalto, las aceras, el césped… Sonrío, somnoliento.

De vuelta a la cama, me doy cuenta de lo que había estado soñando hasta el momento antes ( creo ) de despertarme. Eras tu. De nuevo. Sólo cuando duermo puedo hacer magia dentro de mi cabeza, acercar lo que quiero, y alejar lo que aborrezco, y ser… ¿ feliz ? ¿ Hasta que suene el despertador, por ejemplo ? Pero bueno…

Horas después, remoloneando en la cama… fuera está gris, necesito algo que me lo diga sin enseñármelo. Un cd de Nirvana comienza a sonar, y con toda mi espalda parapetada de cojines y almohadas, recostado en una cómoda postura y alumbrado por una tenue y amarillenta luz, sostengo un libro entre mis manos sin hacerle demasiado caso.

Estoy así unas 4 canciones… ( rape me… ) y después, empiezo a oir la gente que se levanta, y digo, pues yo también…

Y de golpe se hace de día.

_Dando las luces

El cielo a lo lejos mostraba un degradado de color, desde el negro impecablemente contaminado de la noche hasta la anunciada claridad de una mañana helada. Me viene a la cabeza la portada de un cd de Hedtrip. Es exactamente el mismo color, y las farolas de la larga calle que tengo que recorrer le otorgan a todo un aspecto más de fotografía ficticia que de realidad inevitable.

Me cruzo con la gente conocida, hola, qué tal hoy, les digo sin pensar, mentalmente, realmente siendo ajeno a ello. Os veo a diario, y mi adormilada cabeza seguro que por un instante trata de lanzar a mi mente contra vosotros, en un intento desesperado por saber qué haceis en la vida, quienes sois. Demasiados sueñines aún para ese tipo de lanzamientos, siempre acaban en agua de borrajas.

Cuando las aceras eran estrechitas y oscuras, y caminar por la esquina realmente significaba algo, me sentía mucho mejor. Cuando está oscuro, la luz me da pereza. Como cuando salgo de casa y no enciendo la luz de la escalera. Y me quedo ahí, iluminado tenuemente por la lucecita del botón del ascensor, escuchando el murmullo de un edificio que empieza a cobrar vida. Por ello no me gusta la calle ahora. Anchas aceras, suciedad lumínica por doquier. Exposición a cualquier mirada. Hay un tramo en especial, que esta infestado de farolas. Una exageración. La noche no existe para esas baldosas, árboles, y bocas de incendio desgastadas por los años, que no perdonan.

Y cuando llego al final de la calle, ya no se ve el cielo Hedtrip, porque el edificio del final no lo permite, pero 20 segundos después, subo una calle empinada, y… Ya es muy de día, y veo la ciudad, y ya está prácticamente despierta. Las personas como hormiguitas copan los autobuses que rugen al arrancar.

El pasadizo… un lugar que, aunque ya lo haya hecho alguna vez, quiero volver a fotografiar. Me da pena pensar que lo vayan a quitar… no significa nada, pero me da pena. Continuamente maltratado con pintadas que no aportan nada, y miles de carteles inservibles. Me gustaria pintarlo completamente de negro, o completamente de blanco, incluso el suelo, o a rayas, o a cuadros, o como si fuera un cielo estrellado con pintura fluorescente, para cuando una de las veces en que no funcionan las enfermizas fluorescentes que alumbran lo que pueden, la magia se apoderara de esos segundos que se tarda en atravesarlo. Y cuando el punki de la guitarra se tira horas tocando allí… aunque el no lo sepa, apago mi mp3 cada vez que entro, para oírle fugazmente.

_Ida y vuelta

Cuando por fin soy consciente de que el día ( o al menos la parte en la que tenemos que rendir cuentas ) ha finalizado, me enciendo un pitillo. Dejo de mirar al suelo al andar por la calle.

Las preocupaciones te golpean en la nuca y no te dejan levantar cabeza, pero los sueños y las ganas de que ocurran ciertas cosas, requieren una cabeza alta, relajada, una postura que permita a los mismos fluir alrededor como un aura mágica. Mira. Míralo. Con la cabeza tan alta, mirando 100 metros por delante. No le entienden.

Inmersas en sus tareas absurdas, las personas se cruzan por la calle, atolondradas, torpes y cansadas, a ciertas horas, ya se hace complicado ver una buena cara, pero cuando te quitas un peso de encima, la verdad es que no cuesta. Apuro la última calada. Expulso el aire mientras me recuerdo lo que queda aún por delante. Quizá saludo sin demasiada gana a algún conocido. E ignoro a la gente que me mira, alarmada. No importa. Envidio durante unos instantes a unos niños que juegan ajenos a Todo.

Borro esa idea de mi cabeza. Demasiados contras si lo miras desde la posición actual, quizá hace unos años… pero no ahora.

La verdadera felicidad… no viene dada por hacer cosas placenteras o que nos gusten, si no en hacer cosas por placer. Por eso disfruto tecleando lentamente, pensando, mientras escucho música o ignoro el enfermizo rumor de la televisión. Y por eso cuando abra el libro de mi mesita dentro de un rato, seré feliz. Y por eso muchas otras cosas.

Mañana anochecerá de nuevo.

_Por algo se empieza

Tras casi un año posteando en The Unavoidable Circunstance, a menudo he sentido la necesidad de expresar ideas o sentimientos, que por motivos obvios, quedaban fuera de lugar.

Y aunque alguna vez lo haya hecho, hoy a estas horas ( 00:30 ), en medio de una acalorada y trivial conversación de msn sobre un trabajo inacabado y de entrega inminente, he decidido empezar este otro lugar. Almacen de letras, palabras, frases, que muchas veces se quedan en el tintero. Y esto vale. Pero me gusta escribirlas, darles vida digital, adaptarlas, colgarlas en la red de redes para que cualquiera pueda, si quiere, disfrutar de ellas como yo lo hago.

Y aquí estoy…

Comenzando con este proyecto una noche como hoy, ad hoc al nombre del blog, noche de esas en las que te descubres a ti mismo fumando en la ventana, repasando el día, organizando las horas venideras, apestando el cuarto con un humo que ya, sinceramente, te da igual. Una de esas que si acaban es porque irremediablemente empieza el día, pero que de otro modo, no le ves el final. Tan cansado. Tan… cansado…

Es una época jodida para los estudiantes. Realmente en este momento, no tengo vida más allá de mi calurosa facultad. Entrar allí a las 8:00, salir a las 21:00… Ver el nerviosismo aflorar en la gente, planear complejos asedios a las máquinas de café, ruido de papeles, caras enrojecidas, y algún que otro llanto. Me pregunto qué hacemos el resto del año. No me contesto porque prefiero no hacerlo. Además, me siento como una corriente de aire frío en el sofocante aula de ordenadores, y una metáfora tan estúpida, necesariamente tiene que tener un trasfondo metafísico inigualable. Aunque no pretendo que nadie se pare a pensar en ello.

Simplemente pretendía empezar un blog, y parece que me he escapado de “Tokio ya no nos quiere”. Pero vamos, que no son horas… y la cama lanza desgarradores gritos de desamparo causados por la soledaad prolongada a la que está sometida, y lo que le queda aún.

Por algo tenía que empezar, como digo.