_El momento antes de! (parte 2 de 2)

Aunque dolorido, puedo moverme con normalidad. 

Varios tornillos asoman a través de la piel que rodea mis rodillas. Supongo que el precio a pagar por hacer algo que… no recuerdo. Joder. 

Por más que lo intento, no lo consigo. Supongo que vendrá, en cuanto suprima los antibióticos, antiinflamatorios y otros fármacos que debo tomar. 

Ha pasado un año. Ya hago vida normal, aunque no consigo recordar del todo. Bueno, más o menos. Me vienen cosas… pero no sé. Todo es confuso. 

Hace poco me di cuenta de que tenía un sobre cerrado y una caja de madera sobre la cómoda, en mi habitación. La caja estaba llena de cigarros puros y tenía una nota de agradecimiento: 

“Para Raúl. Por entenderme, corregirme y enseñarme.”

Hay que joderse. Ni puta idea. 

En el sobre hay un certificado de defunción. No tiene foto, aunque daría igual, porque es una fotocopia, de fotocopia, de fotocopia… ni siquiera se lee bien el nombre… Ojalá recordara quién me lo dio. Supongo que ya es tarde, de todas formas.

Creo que… voy a tomar una copa para aclararme un poco.

Mi nombre es Raúl Ramírez…

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_El momento antes de! (parte 1 de 2)

Ella me analiza fírmemente con la mirada. Necesita saber por donde flaqueo, ya que como no fuma, no puede construir en unos segundos una barrera física. Necesita poder atacarme sin piedad en caso necesario, creando la distracción justa para poder escapar. 

Llevaba un vestido verde. Algo anticuado para mi gusto, quizá. 

Creo que estamos en uno de esos momentos en los que puede que acabes follando, en el que tarde o temprano alguien dice: “¿en qué piensas?” Entonces tienes dos opciones. Decir la verdad, sea cual sea, o decir cualquier banalidad comodín que te permita, más tarde, al preguntarle tú lo mismo a la otra persona, adaptarlo y decir: “Qué casualidad… ¿Crees en la casualidad?”. Y así. Hasta su cama, o hasta donde os dé tiempo.

Y por norma general, se miente. Porque mentir, también es obviar la realidad, y joder, es algo que no podemos evitar. Porque tenemos miedo, miedo al dolor. Algo tan cruel como no tener sentimientos, paradójicamente nos catapultaría a la larga al éxtasis sensorial más intenso, al encontrar exáctamente lo que estábamos buscando… o al ser encontrados. 

Pero no suele pasar. Tendemos a forzar las cosas, y acabamos por mandarlo todo a tomar por culo, por miedo a nuestro cerebro, y al de los demás. 

-¿En qué piensas?

-Estaba pensando en porqué tú y yo no hemos follado todavía.

Breve pausa que por su violencia se hace sentir como de varias horas.

-Creo que… voy a ir un momento al servicio. Disculpa.

Joder, joder, ¿ha salido de mi boca? Apuro el poco ron que me quedaba y pido otra. Qué cobarde, Dios santo. 

Ella vuelve cuando los hielos ya tocan el culo de mi nueva copa. 

-Vamos. 

-¿Perdón?-respondo torpe-.

-Ven conmigo. 

Me levanto, con la copa en la mano, doy un sorbo y dejo lo que queda. Ella apura su ginebra hasta atrás, me da la espalda y comienza a andar entre la gente, tendiendo su mano hacia atrás. Inmediatamente yo la cojo y pego ambas a su cintura. Casi puedo escuchar su respiración entrecortada. Y salimos a la calle. Y llueve como nunca. 

Se da la vuelta y me mira. Ya somos uno.

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Otra vez.

_Gracias!

Mierda, la de ayer fué gorda.

Mientras me incorporo haciendo esfuerzos por no vomitar, cojo el primer recipiente a mi alcance con líquido y me lo bebo. Reprimo una arcada cuando el tequila destruye toda opción de vivir hasta los 70. 

En la ducha intento recordar cómo he llegado, pero me es imposible. Este absurdo dolor de cabeza está empujándo mi cráneo de dentro hacia fuera, y en cualquier momento va a reventarme la cabeza, dejando un bonito recuerdo para los bomberos que echen abajo la puerta de mi apartamento para entrar por el mal olor. 

Camisa, pantalones, corbata. Tabaco, mechero, resaca. Ya tengo todo, vámonos de aquí. Abro la puerta y mapeo en mi mente los recodos de la escalera, para poder moverme a través de la oscuridad que reina en el descansillo de mi piso. 

Doy un paso.

Caigo al suelo rompiéndome el labio superior contra las baldosas. 

-¡Me cago en Dios!

Me incorporo dolorido y veo que hay algo entre la puerta y yo, ayudado por la claridad proveniente de mi piso. A medida que mis ojos se acostumbran a la oscuridad, adivino la silueta de un hombrecillo en el umbral. Le he despertado al pisarle la cabeza o un brazo, quién sabe, para después partirme la cara contra el suelo. Jadea asustado.

-Qué… demonios…

-Raúl.

-¿Sabes mi puto nombre?

-Ra-Raúl… to-toma.

Para ese último “toma” ha sacado decisión de Dios sabe donde. 

Me tiende una caja de madera del tamaño de una ídem de zapatos. Me enciendo un cigarro. Necesito algún tipo de barrera contra el cúmulo de situaciones absurdas que me ocurren. 

El tipo se incorpora, se levanta, y enciende la luz del descansillo. Entonces desde el suelo le veo. 30 como mucho. Barba de un par de días, cara de haber desayunado barniz la última semana. Traje negro. Escuálido, casi enfermizo. 

-Quién…

-Gracias, Raúl. 

El tipo casi salta por encima de mí y baja corriendo las escaleras. Oigo a lo lejos la puerta del portal cerrándose sonoramente. 

Tras mirar un segundo la caja que sostengo en mis manos, me tumbo de espaldas y paladeo la sangre y la nicotina. Poso la caja en mi estómago, y cierro los ojos. 

Gracias, Raúl. 

Gracias.

_La mujer del vestido Rojo!

Esperando a lo inevitable.

Sentada en unas escaleras poco transitadas de una muy concurrida plaza de la ciudad. La chica de rojo lloraba desconsoladamente esperando. A nada. A algo que no llegaba nunca. Algo inalcazable y a la vez tan a mano.

<<

-Porqué lloras.

-Supongo que por todo y por nada.

-¿Te importa si me siento a tu lado?

-¿Porqué iba a importarme?

-Por lo mismo que no te iba a importar. Por nada. Por todo. Por yo que se. Sólo estoy borracho, no sé ni lo que digo.

-¿Te conozco?

-Lo bello es que no me conoces de nada. Y lo bello es que me importas. No te voy a mentir. Tu imponente aspecto me ha trasladado lejos de aquí. A un mundo dificil de imaginar. Soy capaz de ver. Más allá de tu vestido rojo y de tu imponente aspecto atravieso a gran velocidad llanuras recónditas de odio y de amor atmosférico.

-¿Estás loco?

-Un poco. Todavía no se tu nombre.

-No tengo nombre hoy.

-Te sonará a tópico pero no tengo en absoluto nada que echarte en cara. Es más. Te entiendo.

-La verdad es que no suena nada original.

-Sólo soy yo.

-¿Perdona?

-Que solo soy yo. No soy nada más. No soy la imagen que pretendo venderte. No soy lo que me he inventado en la ducha mientras pensaba que ibas a estar ahí. Sólo soy yo.

-…

-Tu vestido rojo a destrozado mi alma. Tus pies descalzos han inundado mis ojos de amor. No es tan dificil. Quiero poseerte hasta que acabe esta noche, hasta que todo no sea más que una reminiscencia inocua del ayer.

-Me das miedo.

-Todo el mundo tiene miedo a la verdad, el saber cuando jugarsela no es más que otro artefacto más en la vida.

-Estás loco, no se si eres lo que necesito ahora mismo.

-Ahora mismo, dollface, necesitas lo que sea, pero no a él.

-Estas destruyendo mi alma por momentos.

-No es ni mucho menos lo que pretendo. Sólo que seas capaz de, por una vez, abrirte a lo que eres. Sin condiciones. Sin nada.

>>

Ella le mira. Le desea. Es la primera persona sincera en mucho tiempo. Es lo que siempre ha deseado pero efímero. Quizá no pueda encontrarlo en otro formato, quizá no haya posibilidad alguna de algo así para siempre. Es una canción que nunca acaba pero que acaba. Es lo que todos soñamos.

Mirándose como dos entes complementarias completan su propia mirada con un beso, prolongando así su existencia hasta el más infinito punto del cuerpo. Sexo. Drogas. Sentimientos que mañana serán sucios pero que hoy son Soma Perfecto.

Te despiertas. Todo ha acabado. No hay vuelta atrás. No hay un siguiente paso. Todo es tan fugaz que es efímero. De hecho ya ha ocurrido y no ha significado nada más que la perfección. Estas en tu apartamento y todo sigue igual. Apenas recuerdas haber salido. Quizá ya estabas borracho. Pero alguien aprendió algo esa noche. Y tú también.

_Deja vu!

Mi nombre es Raúl Ramirez.

<<

Tío, vamos a jugar.

Paso, Raúl.

Venga ya, ¿qué más da? ¿Acaso te preocupa lo que se pueda decir de tí? Ni que puedas llegar a ser algo más que una anécdota en la noche de alguien. Como si el camarero le gasta una broma al ponerle una copa. Nada más.

Vaya, acabas de joderme la noche, gracias.

Venga tío, no es eso lo que pretendo. Simplemente anímate. 

Mira, vamos a hacer de esta la noche de las verdades incómodas. Tú sabes quién es ella, y yo también.

Claro.

Voy a ir, y le voy a decir al oído que padezco, que padezco mucho y no precísamente angustia cada vez que la veo. Y ya. Ahí va a acabar todo. No voy a babearle en la oreja, ni a echar un bailoteo cuando no sepa que decir por lo forzado de la situación, ni nada. La miraré justo antes de que me selle la frente con un INSANE en letras rojas mayúsculas y me iré.

Eres el puto amo. Pero y perdona por lo de antes.

No es nada.

>>

Por más que lo intento no recuerdo quién es él. Sólo sé que sabía mi nombre, y que se acercó a una Mujer en aquel sitio y le soltó eso. Y a ella, le faltó tiempo para cogerle por el hombro mientras este se alejaba y darle la vuelta, quedándose quieta mirándole a los ojos, tímida pero a la vez expectante y excrutante, para finalmente, acabar en una tregua materializada en un abrazo en el que se traspasaron el uno al otro, y un beso que olía a sexo desde donde yo estaba.

Oh, dios. Porqué me resulta tan raro y tan familiar todo esto.

Estoy tirado en el suelo de la habitación, he arrancado en mi caída inevitable desde la cama prácticamente todas las sábanas, y ahora estoy mirando a la penumbra con resignación. Otra noche inolvidable para muchos, supongo. 

Para mí otro hueco más a rellenar.

_Surrealismo!

“Raúl. Despierta, Raúl.”

 

Los planes para hoy han cambiado. Se han desviado, aunque no demasiado, pero sí, lo han hecho. 

Es de noche otra vez. No saabes si estás recuperado del todo de la última vez, pero no tienes muchas más posibilidades. 

“Mira, el mensaje de hoy es muy sencillo. No fuerces. No manipules. Disfruta el momento. No actues. Solo siéntelo. No vas a poder hacerlo muchas veces, así que cuando notes, sientas, que es la oportunidad anhelada, simplemente deja que todo fluya hacia fuera y alrededor. Quizá tiéndeles tu cuaderno de viaje para que hagan alguna anotación sobre la noche, y después, cuando te encuentres cansado, estréchales la mano a todos, y no preguntes por teléfonos, por contacto de ningún tipo. Ese momento era mágico en ese instante, y ya está. El recuerdo será bueno, y quizá en el futuro, os crucéis de nuevo. Pero no obligues al mundo a satisfacer tus absurdos pensamientos. Let it flow.”

Mi nombre es Raúl Ramírez. En el momento menos pensado, siempre vuelvo a ver el Sobre. Estoy aprendiendo a ignorarlo. Pero tarde o temprano tendré que abrirlo, y enfrentarme a él.

Seguiré por aquí.

_Confrontación!

Me llamo Raúl Ramirez y no tengo identidad.

Mientras camino por el Paseo de Gracia, pienso en Bilbao, en todo lo que quedó atrás el día que ya no había vuelta atrás. Me siento en la cafetería de siempre, junto a la ventana. Café con leche. Y se pone a llover.

Esta ciudad sigue siendo una completa desconocida para mí. Me siento espeso y desorientado, así que dejo que mi cerebro me mueva las manos a su antojo. 30 segundos después un Moleskine desgastado y cedido por meter bolígrafos dentro descansa en la mesa, junto a un mechero Zippo y tabaco de liar. Golden Virginia. Papel Rizla. Me paro a pensar un segundo como soy capaz de sistemáticamente comprar siempre lo mismo de todo, lo que más me gusta, y por otro lado me cuesta tanto saber quién soy en realidad.

Fumo mi tabaco mientras la lluvia se convierte en tormenta y repiquetea contra la ventana. La gente huye despavorida ante el Gran Monstruo del Agua que les hiere al tocarles, por lo visto.

Una mujer entra al establecimiento. Apresurada pero firme, se acerca a mi mesa y se sienta. Tocado de pelo a la antigua, que retiene en un moño detrás de su cabeza su Pelo Más que Negro. Traje entallado verde, aterciopelado. Medias lisas negras. Zapatos estilo años 30. Por un momento tengo el impulso de mirar mis ropajes, no sea que haya viajado en el tiempo y no me haya dado cuenta, pero consigo replimirlo. Todo parece contemporáneo allí, y curiosamente no quiero ofender a esta desconocida.

Ella me mira fíjamente, y descubro con poco esfuerzo que es preciosa. No, no me estoy explicando bien. Tiene una cara equilibrada, y bonita, apenas lleva maquillaje y su aspecto es muy natural. Pero le miro más allá del cerebro, y algo me dice que almacena cantidades ingentes de bondad y sinceridad.

Estando en mis cábalas absurdas lejos de allí, una mano cubierta con un guante negro de aspecto sedoso me tiende un sobre a escasos centímetros de la cara. Imagino que le ha costado hacer ese movimiento, y que al auto obligarse a hacerlo le ha quedado tan violento que el sobre ha quedado demasido cerca de mi rostro. Pero quitar la mano sería una muestra de debilidad, y ella lo sabe, y sabe que yo debo imaginarmelo.

Cojo el sobre y casi oigo su suspiro de alivio. Se levanta y se va sin mirar atrás. La veo desaparecer entre el torrente de lluvia y gente corriendo. Me miro las manos y veo un sobre gris, no demasiado abultado, que está claro que contiene algo, y empiezo a acojonarme sobremanera.

¿Qué es esto?¿Quién es ella?

Y sobre todo… ¿Quién soy yo?

Supongo que… nos seguiremos viendo por aquí.