_Wales: El hipódromo de Chester

Mañana voy a ir a las carreras de caballos por primera vez. Me lo ha propuesto un sevillano al que conozco desde hace unos días. Mi embotamiento me impedía recordar que vive al otro lado de la calle, junto con M, P etc.

El plan consiste en coger el tren e ir hasta Chester, que es un pueblo al norte con, por lo visto, un gran hipódromo. El plan consiste, en realidad, en beber, y quizá entre carcajada y carcajada apostar 5 libras a un caballo con la esperanza de que se conviertan en 300 y así poder pedir copas en vez de cerveza aguada asquerosa.

No puedo dejar de pensar en Bukowski, en su primera carrera de caballos. No recuerdo si en algún libro mencionaba algo de dicha primera vez, pero la verdad es que no recuerdo casi nada. Ni de mí, ni de dónde vengo, ni de lo que se supone que quería hacer con mi vida antes de llegar aquí.

Todos los papeles que acreditan que soy algo, han perdido el sentido al pisar este suelo. Cada segundo, sueño con ganarme la vida, si es que se le puede llamar así, escribiendo un relato o una canción. Veo trazos más o menos estables tras y ante cada persona con la que me cruzo, pero no soy capaz de ver qué puede diferenciarme de ellos más allá de gustos determinados a la hora de vestir o de follar.

El hipódromo no es más que otro grumo de tinta en el chorreo que entiendo por mis funciones vegetativas.

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