_Trazos

Con suavidad…

Abro la mochila lentamente, meto la mano, sé donde buscar. Cojo el estuche. Lo poso en la mesa. Tiro de la cremallera. Ante mi en una erecta maraña de palitos de madera se entremezclan los lápices y rotuladores. Me tomo mi tiempo. Cojo uno fino, lo abro lo huelo. Huele bien. Leo las indicaciones: Staedtler Permanent. Lo cierro.

Demasiado carente de emotividad para lo que albergan mis manos.

Lo devuelvo al estuche. Cojo el siguiente. Medio. Esto valdrá.

Lo abro, lo huelo. Cojo 5 folios de blanco nuclear impoluto, vírgen, perfecto. Pronto dejará de serlo. Dejo la tapa a un lado, y poso la punta suavemente cerca de una de las esquinas del primer folio. Y espero. Poco a poco oigo la tinta fluir desde el tubo al papel, trazando progresivamente un círculo húmedo, emanando lentamente vapores con sabor a etanol que trago a bocanadas, inconsciente, absorto en mi tarea de ahogar el papel.

Levanto el rotulador. Si te fijas bien, la mancha crece todavía un poco más antes de ceder ante la absorción del papel. Miro la punta. Y empiezo a trazar. Letras, círculos, espirales. Escritura libre. Trazos firmes y desvinculados entre sí. El significado ya se lo buscaría más tarde, si procedía. A medida que mi mano se mueve, noto como se suelta, paulatinamente, cada vez más, intentando imitar los hilos de humo blanco inquieto que desprende el cenicero sobre todos esos libros sobre gente curiosa, escritor por gente curiosa.

La pequeña humareda cesa por una fración de segundo de fluir, y de golpe, recobra fuerza y empieza a temblar. Mi mano la sigue. Más, más, más… Llega un punto en que me descubro haciendo mucha fuerza sobre el papel. Aprieto. Me sale un ruido ahogado de algún lado de la garganta.

Las finas y depuradas lineas del principio no quedan más que en el recuerdo, o en su defecto en una primera capa ya oculta tras los rayones de pura rabia que encharcan ahora el papel, llegando a atravesar todos los folios. La punta se hunde y desaparece aterrada por la impotencia que le transmite la mano que blande el rotulador. Lo suelto. No me molesto en taparlo. Ya no sale humo del cenicero. Enciendo un cigarro. Lo dejo en el cenicero, no me apetece fumar realmente.

Cierro el estuche. Cojo las hojas, las meto de cualquier manera en la mochila. Ya vale por hoy.