_Pendiente

No me gusta dejar las cosas colgando así. Me quita el sueño y me sube el pulso. Y ya estoy bastante delgado.

Por corregir esos pequeños defectos… alza el vaso fiel.

_Lágrima

A veces me da por ponerme a cantar cosas de improvisto, y a veces lo que canto hace que mis ojos comiencen a temblar en ese previo paso hacia un inequívoco derramamiento de lágrimas.

No entiendo porqué pasa, y tampoco porqué nunca se llega a consumar.

A veces me da por ponerme a pensar en cosas que ya pasaron, y a veces lo que pienso hace que mis ojos comiencen a temblar en ese previo paso hacia un inequívoco derramamiento de lágrimas.

Puedo llegar a comprender porqué pasa, pero no porque a veces no se puede evitar.

A veces de da por ponerme a recordar olores fugaces, y a veces lo que huelo me pone los pelos de punta.

Se perfectamente porqué pasa, pero no porqué sigo haciéndolo aunque duela.

A veces recuerdo el cruce de Berango y el viento entrando por tu ventanilla, justo 2 horas antes de que todo acabara. A veces recuerdo fiestas de Deusto de hace muchos años, justo 2 minutos antes de que todo acabara. A veces recuerdo aquel frío día de diciembre, 2 segundos antes de que todo acabara. A veces recuerdo y a veces comparo. Y me doy cuenta de que ahora es mucho mejor, pero en realidad, lo que es, es diferente, e incomparable.

A veces recuerdo que me odiaras para siempre.

Lo entiendo. Lo acepto.

Y a veces, a veces hay diferenciales de tiempo tan brillantes y claros, que vemos lo que tenemos por delante, y lo que estamos dispuestos a hacer. Y esta, es uno de esos momentos inexistentes casi siempre, y experimentados casi nunca.

_0

Admiro a las personas que anteponen la felicidad de otros a la suya propia. Lástima que, por mucho que se escriba, poetice, o divague sobre ello, estamos ante una especie extinta.

_Te veo

Realmente creo que tengo un don bastante fiable: enseguida veo cómo son las personas.

Y como digo, creo que es un don, porque no suele fallar. Casi nunca.
Probablemente este sea uno de los motivos por los que me cuesta verme, pero en fin…

Las cosas, no suelen ocurrir porque si. Ni porque no. Ni sin premeditación y alevosía. Y cuando te dije un día: “no me cae bien… no me da buen rollo” y tu me dijiste “eso no lo puedes saber” y yo te dije “para mi desgracia ( o no ) probablemente ya lo sepa”

Y hete aquí, un mes más tarde, cuando me veo una vez más con las palabras “lo sabía” pendiendo de los labios. Quizá por pensar mal siempre y acertar siempre, pero en fin…

Tras una breve pausa asimilando cada fragmento de texto, cada “lo que significa” cada hecho, empiezan las preguntas: ¿ y ahora, qué ? En efecto, y ahora qué, sólo que a mi no me afecta en absoluto. No me afecta, pero me duele de alguna forma, porque no lo entiendo, y las cosas que no entendemos o nos asustan y les buscamos explicaciones metafísicas imposibles, o nos queman por dentro. Permanecer impasible no es una opción, me temo.

Y recuerdo cosas, y actos, y recuerdo después fechas, y edades, y por último veo sobre mi cabeza de nuevo una enorme interrogación, y bastante rabia salpicada por las paredes, pero en fin…

Probablemente, si escribieron en un papel la palabra confianza, ahora mismo esté en llamas, o arrojado al mar. O totalmente carente de significado en la mente de alguien.

La verdad es que siento hasta una repulsión espásmica, y no puedo impedir imaginarme el momento en que falsees todo lo que eres y has sido y vuelvas a empezar. Y no puedo evitar sentir el dolor que puedes provocar.

Por eso tengo enemigos que nisiquiera conozco. Pero en fin…

_De lado

Ladeo la cabeza lentamente, una y otra vez. Buscando una perspectiva adecuada. La siguiente vez que consiga despertar a mi cerebor segregando adrenalina, llevaré 10 minutos con los ojos abiertos, mirando fíjamente, ignorando la sequedad que se habrá hecho patente sin duda en ellos, y emitiendo pequeños ruiditos de succión en un vano intento por recoger la baba que resbale por la comisura de mis labios hasta mi barbilla.

Un granulado de colores rojizos y vivos, realmente vivos, con esencia propia, va haciendo acto de presencia en mis retinas. Como cuando me quito las gafas y miro las farolas de la autopista, de noche, mientras fumo a hurtadillas en mi ventana. Ese intento de centrar la luz, que se convierte en un cambio de zoom violento y casi puedo oir mi propia vista tratando de no ser defectuosa.

Me muestran una realidad lejana, pero algo muy dentro colapsa en una explosión de hormonas, y acerca todo. Hasta mi cuarto. Hasta el corcho. Hasta estos 3 fragmentos de realidad congelados hace ya tiempo, y de los que disfruto de veras cada día, babeando, ojiabierto. Estupefacto. Maravillado.

No hace falta que oiga nada para saber que suena Earshot a todo volumen en mi cráneo, y apaga cualquier otro sonido que venga con la intención de interrumpir. Como cuando en las películas se sube el volumen de la banda sonora en el preciso instante en que el tipo no-tan-duro besa a la chica no-tan-tonta. Y entonces las 200 personas allí presentes, sonríen al unísono, y poco después, solas en sus cabezas, se dan cuenta de que nunca nadie va a subir la música si no lo hacemos nosotros mismos.

Como en este preciso instante.

Y mientras esto ocurre, recuerdo todos esos momentos que te rememoran las canciones que premeditada pero inconscientemente significan algo para nosotros. Y vuelvo en mí.

No se cuanto tiempo lleva parpadeando el estéreo. No se para que nos preocupamos tanto por el tiempo.

_Cambios

Ciertamente la tristeza de las personas a las que quiero de verdad, a mis Hermanos y Hermanas, nubla por completo mi felicidad.

Por eso cuando me arrancaste directamente del alma una sonrisa, en ese momento, yo sonreí. Pero poco después decidi que mejor guardarla de nuevo en su oscuro reducto de magia oculta, para que desperdiciarla y generar envidias egoístas cuando eso no es lo que busco para nada.

Me resulta ciertamente gracioso vernos tropezar a todos en las mismas piedras una y otra vez, y me imagino un bucle sin fin con música programada en 8 bits en el que un personaje sonriente muerde el polvo cíclicamente enganchándose siempre en el mismo problema.

Gracioso, y repulsivo, y cruel.

Pero ciertamente somos seres humanos, y en consecuencia, no sabemos usar el cerebor correctamente. Olvidamos con facilidad, y confiamos con alegría, despreocupadamente. Y confiamos. Y confiamos. Y confiamos…

Tengo miedo a aplicarme el cuento, porque se, que más sabe el diablo por viejo que por diablo, y porque sé, que los borrachos nunca mienten. Y porque lo he vivido, y Ellos, y no ha sido fácil. En absoluto.

No me quedo más tranquilo, la verdad, por mucho que escriba aqui. Cambiar no es siempre algo que elegimos. Elegir no es algo que podamos hacer siempre. No siempre podemos hacer algo por Esto.

Pero noche tras noche, me iré a dormir conmigo mismo otra vez más. Puede que si me pueda ayudar un poco.

_5 días

Para variar tengo sueño, y para variar no me dejabas dormir anoche.

A veces me da por pensar hasta donde podría aguntar una determinada situación. No tanto una situación de condiciones físicas extremas, si no una Situación, a secas. Una circunstacia en la que lo que en un momento dado fue pasión, se convierta en rutina.

Concluyo, tras pasar por estadios intermedios, que podría aguantar indefinidamente. Aunque claro, en las cosas de más de uno, lo que un individuo pueda hacer no es nada si no se corresponde con lo que los demás quieran hacer.

Solíamos especular con lo que iba a pasar, y nos ibamos a la cama con el ceño fruncido y con ganas de no hablar. Aunque realmente en el fondo yo pienso que no nos importa demasiado lo que pueda pasar. Somos como dos críos con un juguete nuevo, algo que encaja perfectamente con nosotros, como 2 piezas que llevaban no buscandose bastante tiempo ya.

Siempre no diciendo nada en concreto. Porque realmente, para qué quiero hablarte, si con mirarnos ya nos lo hemos dicho todo. Casi siempre.

Y ahora, tras todo este tiempo ha llegado esta semana que para mí, tras pasar por varios estadios intermedios, me he dado cuenta de que sólo tiene un día. Y un instante en concreto. Y un preciso fotograma que espero y deseo se grabe a fuego en mi mente y sea el punto de apoyo en el que consolarme cuando pierda la fe ciega que me posee desde hace casi 3 meses.

No tengo ganas de mucho más que de lo que te prometí.

_Locales de ensayo

Ayer, fué una de esas noches en las que te descubres semi desnudo contoneándote al compas de Nine Inche Nails en el suelo del local. Culpar a las 2 botellas de ron vacías que había tiradas por el suelo sería poco menos que ridículo, ellas no entraron allí ni lanzaron su contenido a nuestras bocas.

Es gracioso que siempre pasen estas cosas cuando menos conviene que pasen. Pero bueno…

Y más gracioso es si cabe, que cuando parecía que ya no pintabamos nada allí, a la 1 de la mañana 2 enfermos cantando a traves de pedaleras multiefectos, pues van y aparecen 2 individuos más, con la pretensión de tocar. Las jams musicales formadas por 3 bajistas adaptados cada uno a otro instrumento, y un cantante FX, y los ojos brillantes, y las escobillas, y me gusta la configuración de esta batería…

Esos momentos en los que el alcohol no me ayuda más que a estar triste porque sé que de un momento a otro esa situación Perfecta acabará, y volveremos a ser todos completos desconocidos. O al menos en parte.

Me encanta este mundillo. La satisfacción que te otorgan pequeños sacrificios como este, merecen la pena.

_Trazos

Con suavidad…

Abro la mochila lentamente, meto la mano, sé donde buscar. Cojo el estuche. Lo poso en la mesa. Tiro de la cremallera. Ante mi en una erecta maraña de palitos de madera se entremezclan los lápices y rotuladores. Me tomo mi tiempo. Cojo uno fino, lo abro lo huelo. Huele bien. Leo las indicaciones: Staedtler Permanent. Lo cierro.

Demasiado carente de emotividad para lo que albergan mis manos.

Lo devuelvo al estuche. Cojo el siguiente. Medio. Esto valdrá.

Lo abro, lo huelo. Cojo 5 folios de blanco nuclear impoluto, vírgen, perfecto. Pronto dejará de serlo. Dejo la tapa a un lado, y poso la punta suavemente cerca de una de las esquinas del primer folio. Y espero. Poco a poco oigo la tinta fluir desde el tubo al papel, trazando progresivamente un círculo húmedo, emanando lentamente vapores con sabor a etanol que trago a bocanadas, inconsciente, absorto en mi tarea de ahogar el papel.

Levanto el rotulador. Si te fijas bien, la mancha crece todavía un poco más antes de ceder ante la absorción del papel. Miro la punta. Y empiezo a trazar. Letras, círculos, espirales. Escritura libre. Trazos firmes y desvinculados entre sí. El significado ya se lo buscaría más tarde, si procedía. A medida que mi mano se mueve, noto como se suelta, paulatinamente, cada vez más, intentando imitar los hilos de humo blanco inquieto que desprende el cenicero sobre todos esos libros sobre gente curiosa, escritor por gente curiosa.

La pequeña humareda cesa por una fración de segundo de fluir, y de golpe, recobra fuerza y empieza a temblar. Mi mano la sigue. Más, más, más… Llega un punto en que me descubro haciendo mucha fuerza sobre el papel. Aprieto. Me sale un ruido ahogado de algún lado de la garganta.

Las finas y depuradas lineas del principio no quedan más que en el recuerdo, o en su defecto en una primera capa ya oculta tras los rayones de pura rabia que encharcan ahora el papel, llegando a atravesar todos los folios. La punta se hunde y desaparece aterrada por la impotencia que le transmite la mano que blande el rotulador. Lo suelto. No me molesto en taparlo. Ya no sale humo del cenicero. Enciendo un cigarro. Lo dejo en el cenicero, no me apetece fumar realmente.

Cierro el estuche. Cojo las hojas, las meto de cualquier manera en la mochila. Ya vale por hoy.

_Resorte

En ocasiones, me da por pensa qué pasaría si de improviso reaccionara de la forma más inesperada posible. Un impulso. Violentarme repentínamente y rasgar la estabilidad del ambiente de arriba a abajo. Y observar la reacción de la gente.

Lo que hay que hacer.

Lo que se debe hacer.

Me despliego al plano paralelo de mi imaginación. Me desdoblo. Tomo el control. Tengo el control. En el mundo real me quedo absorto mirando a la nada. Doy una vuelta, doy dos…

Pierdo el control por completo. Un engaño, en realidad, nunca lo tuve, y estaba a merced de mis sentimientos. No había nada que pudiera hacer. Algo me manejaba con habilidad, destreza, un sutil marionetista tira de los hilos adecuados. Me dice lo que quiero escuchar. Me arrastra a donde quiero ir.

Y de nuevo me doy cuenta de que no puedo elegir a donde ir. Mis impulsos más primarios afloran y marcan el ritmo a seguir. Hasta que ya no aguanto más. Quiero volver. Se empiezan a caer cosas a mi alrededor. Fotos viejas. Ceniceros repletos. Copas de cava que indican celebración. Me arrastro, lucho, tiro, fuerzo, grito. ¡ Grito !.

Y como tras una momentánea hipoxia cerebral, vuelvo a mi. Recobro lentamente los sentidos. La vista. El oído. Y despierto como en las películas. Alguien me ha preguntado algo. “Si, si”. Respondo. No sé ni a qué, pero necesito tiempo para recobrarme.

Me prometo que más tarde pensaré en esto.
Y no lo hago.
Otra vez.