_Nabucodonosor

“…

Recuerdo todas aquellas infructuosas horas en clase de religión, en el colegio. Todas las patrañas baratas que nos hacían tragar ya masticadas, y sin opción alguna a réplica. Y más te valía eructar después, si no querías ser desterrado de Canaan. 

Recuerdo muchas veces, sobre todo, la historia del Emperador Nabucodonosor. No la tengo tampoco en mente con absoluta precisión, pero a grandes rasgos, la historia trataba sobre una estatua del Emperador. Sus pies eran de barro. Sus piernas de madera. Su cintura de piedra. Su abdomen de hierro. Sus brazos de bronce. Su torso de plata. Y su cabeza de oro. 

Como todo aquello estaba sustentado por una base débil, la estatua cayó y se redujo a polvo. 

Todo aquello era una mierda fanatista. Emo y fanatista. Y además, era una mierda emo-fanática que con la edad que teníamos, no podíamos entender. Lo cual no hace que surtiera menos efecto, los efectos quedan muy claros cuando ves años después como la gente empieza a confirmarse, y un largo etcétera de desmanes.

Yo no veo mi persona venirse abajo. Aquellos hijos de puta, partieron de la base de que íbamos a ser débiles, y que para poder llegar a ser cualquier cosa mínimamente decente en nuestras vidas, íbamos a necesitar sus cuentos. Os lo digo ahora: no tenéis ni puta idea. 

En cambio, si veo todo lo que me rodea desmoronándose, haciéndose añicos al impactar contra el duro suelo de la realidad. Todas las palabras, todos los gestos, todas las gilipolleces, las observo mientras caen rebotando unos metros para desmontarse en el golpe más leve, como si de una mala broma se tratara. 

Veo a las personas que quiero tropezar y vagar solas. Solas de verdad, no como de costumbre, y el que no entienda esto, es porque no va a tener la posibilidad de llegar a conocernos nunca.

Y entonces me jode vuestra mera existencia. Y me jode ser demágogo, pero veo que el problema es la gente indiferente, y no vosotros. Y me duele más aún.

Tan dentro…

…”

_absolute rollback

– ¿Cómo puedes ser tan egoísta? – dijo mientras afloraban las primeras lágrimas previamente anunciadas por un morro arrugado.

Durante un momento me pregunté dónde había quedado toda la suficiencia que llevaba soportando durante la última hora y media. Después reaccioné.

¿Egoísmo? Tu no sabes una puta mierda sobre egoísmo. No tienes ni puta idea de lo que es hacer algo por otra persona, no haces más que aparentar. Eres como un jodido robot. Me puse en pie. En algún lugar de mi corazón, realmente esperaba que todo fuese a mejor en algún momento. Después vi que no, porque toda tu puta vida has vivido una mentira. Sé porqué estabas conmigo, sé porqué te ha pasado todo esto, pero no te lo voy a decir, jódete. Si te lo dijera, estaría dándote más aún de lo que ya te he dado. Por Dios, hay que joderse. ¿Egoísmo? Me cago en la puta, esta si que es buena. Fíjate tú que había intentado ver cómo sería esta conversación, pero, ¿esto? Esto me ha pillado a contrapié, te lo puedo asegurar. Hay que joderse.

Le hubiera dicho esto y mucho más. Pero no lo hice. Es lo que ocurre con los cobardes, que siempre acaban con el mismo tipo de mujer. 

– ¿Egoísta? Yo creo que has sido tú la egoísta.

– Vete de mi casa.

– Adiós.

_auto aim

Bendita paciencia que tienes, y maldita apariencia. Esto lo piensas, y me lo haces saber con un semi abrazo con frotis de espalda. 

Se agradece un abrazo después de tanto tiempo. Un abrazo de verdad, digamos. 

Aunque no nos conocemos, tú ya me has visto, y yo un poco, a medias. Pero para qué engañarnos, no demasiado. Quizá también me hayas visto mal. Todo puede ser. Pero lo básico, me consta que lo has vislumbrado de algún modo.

Yo sé, que tú piensas que yo pienso ciertas cosas. Sabiendo yo que tu sabes esto, me escama que no pienses nada más sobre lo que pienso. O igual sí, pero no lo exteriorizas. Lo cual al fin y al cabo, está bien, porque yo tampoco digo lo que pienso por que sí y a todas horas. Ni pienso lo que digo otras veces.

Me he sentido respetado. Justo en ese momento, aunque tengo la sensación de que te ha quedado una espina clavada.

Yo pensaba que a mí también, pero luego se me ha pasado la borrachera y me he acordado de todo. Así que nada.

Quizá otro día. O no.

Seguramente sí. Pero será lo mismo que hoy. 

Y cómo te gusta.

_Terminal B (Sverige 3 de 3)

Estefanía mira hacia las pistas desde la cafetería. 7,10 euros por 2 míseros sandwiches, gracias, hijos de puta.

Ante su mirada se cruzan dirigidos por luces parpadeantes, boquiabiertos viajeros en tránsito haciendo gestos absurdos con la cara para colocarse bien las gafas sin usar las manos, o bien impertinentes grupos de impertinentes personas, jactándose de un más que probable patético viaje de vacaciones.

Se saca de la cabeza la idea de axfisiar al chico de la caja con su collar de perlas.

Al fin y al cabo él sólo es otro fracaso escolar, lejos de conseguir nunca algo mínimamente parecido a la realización personal.

Aún así, por si le da por volver al ataque asesino en cuestión, empieza un experimento para entretenerse. Busca pautas de actuación en la corriente de desconocidos que tiene ante ella.

El algoritmo empieza a dibujarse ante sus ojos con inteligentes formas equiparables a las estructuras atómicas de una serie de drogas que tomaba hace años. Pequeños hexágonos y pentágonos.

Se sitúan en las lindes de su campo visual, delimitando una especie de cuadrado, una pantalla sobre la cual deslizar sus hipótesis hasta conseguir que queden unidas de forma más o menos satisfactoria.

Cada elemento emergente representa una nueva incógnita, una ramificación adicional que hace del experimento una tarea de variación de dificultad exponencial.

Estef, que es tal y como se presenta a los desconocidos que le caen bien, comenzaba a tener serios problemas tanto como para continuar con el experimento como para abandonarlo. Había dejado de oír, empleando esa capacidad adicional en unir más hexágonos, con más pentágonos. Deja de percibir el olor a mayonesa que despide su boca también.

Más dificil.

Más dificil, sobre todo, porque era incapaz de encontrar una pauta de movimiento igual a otra. Cada persona aportaba algo nuevo y completamente diferente a la ecuación. Nada. Nada en común. Es absurdo.

Hasta que los ve. Sobre cada polígono, agrupados en forma de pequeñas flores matemáticamente perfectas. Círculos rojizos unidos por un filo minúsculo de interrelación azulado.

Las flores, en vez de permanecer en los laterales, eran arrastradas por su dueño con movimientos irregulares, como si fuesen mecidos por una brisa pesada.

Cada uno con su pesada brisa. En pleno invierno.

Estefanía no entiende exactamente porqué ocurre esto. Aunque se lo imagina, pero quiere comprobarlo. Poco a poco, deja de lado su pantalla de experimentación social y echa la cabeza hacia atrás. Y se le escapa un “mierda” que hace que los trajeados alemanes de la mesa de al lado miren atónitos.

Ahí está su jodida flor rojiza, con un pequeño hilillo azul que se pierde en su cabello, presumiblemente incrustado en su cabeza. Ahí está, como está en todos los demás viajeros errantes que se engañan a sí mismos con best sellers de dudosa calidad. Su resignación.

Porque Estef, no quiere estar allí. Sabe a dónde va, y de dónde viene. Y sabe que es demasiado tarde para escapar. Como es demasiado tarde para cualquier otra persona que esté esperando a que abran su puerta de embarque, somnolientos y cansados, sucios, con poca gana. Resignados a coger el avión que haga que sus vidas continúen allí donde las dejaron, o se detengan hasta que vuelvan a por ellas.

No puede ser.

Se le escapa una lagrimilla salada, que resbala por su mejilla izquierda y en un giro imposible acaba empapando su labio superior. Saborea la impotencia de la resignación. Pero se niega a aceptarlo.

Así que, mientras nuevas lágrimas brotan, necesarias, alza sus manos y agarra el hilo, que se retuerce agónico intuyendo qué es lo que van a hacer con él. Y de un tirón, libera sus flores, que se hacen cada vez más pequeñas en su camino hasta el techo, subiendo como un globo de helio hecho de plomo.

Cuando endereza su cabeza, ya no hay pentágonos, ni flores, ni nada. Solo gente andando sabedores o no de que lo hacen sin alternativa alguna.

Recogida de equipajes.

Salida.

Parking.

Hasta luego, resignación.

(Esta entrada es la última de tres, motivadas por la inspiración sueca. Y por otras cosas.)

_Pequeños infiernos

Kate mira desde la distancia. 

Bueno, en realidad no está tan lejos, es más una distancia psicológica. Como su… problema. Psicológico. De la cabeza, del coco. Algo no va bien ahí arriba. No está bien. Se retuerce, se intenta hacer un hueco desplazando paulatinamente su materia gris. Lo nota, lo nota crecer. 

Esto lo sabe porque cuando más grande es esa mierda en su cabeza, más le cuesta todo. Más le cuesta levantarse, más le cuesta llevarse la comida a la boca, más le cuesta beber agua. Beber otras cosas no le cuesta. Más le cuesta hacer las cosas que antes le gustaban. 

Kate a veces siente nostalgia de esas cosas. Cada vez menos veces, la verdad. Últimamente apenas nada. Eso no le gusta. A Kate, quiero decir. Lo de echar de menos las cosas tan bonitas con las que antes tanto disfrutaba.

Qué si no.

Mira desde la distancia. Justo encima de su escritorio. 

Tan lejos…

Kate antes no fumaba, ahora sí. Fumar rellena ratos muertos, y tiñe todo con una desesperación que se sube por las paredes en espirales de humo azulado. Kate no sabe fumar demasiado bien, y el cargado aire a su alrededor le ayuda siempre con sus cigarros. Hasta el filtro. 

Son muchas, muchas cosas. Las cosas que la están jodiendo. Se pregunta porqué. Qué ha hecho mal. Tiene trabajo. Tiene un pisito de 30 metros, ideal para una persona sola. Lo pagó hace tiempo con una deuda que acabó cobrando tras ganar aquel puto juicio interminable. Tiene coche. Uno de esos híbridos que apenas contaminan. Siempre impecable. 

Todas esas cosas no son, lógicamente, las que la preocupan. No puede más. 

En serio, no puede más, no me lo estoy inventando.

La gente le miente. Se enfadan con ella injustamente. No se lo explica. Cuál es el jodido problema, si yo no me meto con nadie. Eso piensa Kate. 

La distancia cada vez se hace más pequeña. 

Los vecinos parecen desconfiar de ella. Pero si yo no me meto con nadie. Repiensa Kate. 

Se tortura además. No se puede quitar de la cabeza la idea de que todo su dolor, es egoísta. Porque hay gente sufriendo en el mundo, y bla bla bla. 

Pero eso se va a acabar. Lo digo en serio, no me lo estoy inventando. 

La ‘Five Seven’ que brilla desde la mesa, a un palmo de distancia de sus ojos, lo confirma. La cajita con munición de punta hueca al lado de la pistola, también lo confirma. Y su determinación de acabar con todo, lo corrobora.

Ha sido un año, 2 meses, y 14 días, desde que recuerda que todo empezó a torcerse. Ya no queda nada que la impulse a moverse. 

Eso piensa Kate. 

Y yo sé que eso es lo que piensa Kate. Piensa en eso, y en lo fácil que fue encontrar un arma limpia en el mercado negro de la ciudad. En cuestión de un par de semanas, ya la tenía en su casa. 

Lo que no le dijeron, es que las pistolas se cargan con agallas, pero yo también sabía que eso no iba a ser un problema para Kate. Nunca lo fue. Siempre acababa consiguiendo lo que quería, al menos cuando era alguien que tenía alguna meta más aparte de acabar con todo pegándose un tiro en la cara. 

Como cuando se propuso arruinar mi vida con sus estupideces. Como cuando se propuso apartarme de mis amigos, y de mi familia. Como cuando pensó que sería buena idea conseguir que me hundiera hasta el punto de tener que ser ingresado en una institución mental.

Ahora te jodes, puta. 

Ahora me toca a mí. 

Es más de un año lo que llevo monitorizando sus movimientos desde el piso de al lado. Con cámaras. Con micrófonos. Nunca lo supo. Y nunca lo sabrá. Ella se pegará un tiro. Yo limpiaré su casa, como cuando entré tras pagarle a un yonki por robarle el bolso con las llaves. Después desapareceré. Y empezaré mi nueva vida libre de mierda, como si nada de esto hubiera pasado. Aunque mis risitas entre sueños, me delatarán por siempre. Consumaré mi venganza. 

Me jodiste mi vida. Ahora he hecho que te jodas a ti misma. No ha sido demasiado dificil. Por casualidad conozco a tus compañeros de trabajo. Por casualidad confían más en mí que en ti. Aprendí mucho sobre empatía y sobre gilipolleces relacionadas con las relaciones sociales en mis terapias. También me di cuenta de que todo era por tu culpa. Por casualidad piensan que eres despreciable, como yo. 

Benditas casualidades provocadas. 

Kate agarra el arma con decisión. No puedo evitarlo y sonrío. Hasta nunca, zorra asquerosa.

Carga la pistola, la empuña. Y entonces, todo se acaba. 

Oigo el disparo al otro lado de la pared. Pero no se estaba apuntando en la cabeza. No sé si se le ha disparado el arma por error. Maldita sea. Eres inútil hasta para matarte.

Noto cierta humedad cálida brotando en mi estómago. Miro y toco mi camiseta negra. Mi mano está empapada de sangre. Cada vez más sangre. No entiendo. 

Empiezo a sentir un dolor inhumano. Recorre todo mi cuerpo devorando la adrenalina que no me ha dejado notar como la bala entraba en mis entrañas, después de atravesar la pared. No entiendo. 

Miro la pantalla, estupefacto. Entiendo.

Kate está mirandome fíjamente, a través de la cámara  que coloqué en la lámpara de su habitación. Empiezo a sentir mucho frío, mientras el suelo se tiñe de impotencia carmesí. 

-Ahora te jodes tú, hijo de puta. Puto desequilibrado psicópata.

No creo que pueda seguir relatando la situación mucho más. Siento como se me escapa la vads kjpfjhjsadddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd

_Bofetadas

-Pretender que no ha pasado nada, es un poco puta mierda. No, no es eso, lo que yo hago, quiero decir. O igual sí. No importa una mierda. En cambio, ver como nunca le importaste lo más mínimo a alguien que te usó para su único y exclusivo beneficio, incluso X tiempo después, sí importa. 

-Aunque eso tampoco significa que haya que tomar medidas de ningún tipo.

-Sólo me apetecía mencionarlo para que quede constancia. Nada más. No voy a hacer nada. ¿Para qué?

-Ah, no sé. A veces lo haces. 

-Ya, a veces lo hago. ¿Me llenas el vaso?

-Claro. 

-Da igual de todas formas. 

-Ya lo creo. ¿Qué hacemos luego?

-Nada. Qué vamos a hacer.

_Expectativas y otras cosas que se derriten

Hay gente que se quiere de verdad.

Nosotros nos miramos hasta que uno de los dos dice: ¿Qué?

Muchas veces me oirás repetir esto mismo. Eso implica que no intentas que nada vaya mejor. 

Puedes elegir si das el siguiente beso, y el siguiente, y el siguiente. O el último. 

Vamos a beber, bebamos hasta sonreír en vano.

Mucha gente, de veras, se quiere. No es un invento del Estado. 

Creo que vamos a pasar mucho tiempo sin hablar. 

Vamos a pasar mucho tiempo sin hablar.

Sin hablar. 

Pero pensando. 

Y arruinando cada momento ya pasado.

Porque nos gusta entender todo.

Y eso, amigos, hace que nos hundamos.

Porque la mayoría de cosas, sencillamente, no se pueden entender.

Ni explicar.

Porque hay algo, que nos permite sentirlas sin entenderlas.

Y quizá.

Sólo quizá. 

Debiéramos a veces tan sólo sentirlas.

Como sentimos una canción, sin necesidad de saber música.

O nos gustan las estrellas, sin ser astrónomos.

Y las amamos.

Quizá podríamos, por una puta vez.

Darnos una oportunidad para amarnos. 

En vez de sacrificar todo por entender algo que escapa de nuestro alcance.

Y que además.

Es inevitable.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte. 

Como la muerte.

Y como esto.

Esto.

Acaba de empezar.

Ahora.

_huele

Huele a Issey Miyake usada exageradamente sobre cuerpos sudados que abusan de la cafeína y del etanol, y del speed y otras drogas, y huele a Sidonie cubiertos de farlopa en el backstage del sitio de siempre, mientras se toman la última, que como la anterior, no lo es, y huele a toda esa puta mierda que nos dijimos, y a coches robados y faltos de gasolina, a asientos reclinables y a copas gratis a cambio de sexo, y a las camisetas que me compré, y a banda ancha, y a tecnología punta que acaba con todo tipo de esperanza, y probablemente huele también a genitales, y a vino, y a gato, y a grasa, y a mentiras, y a gasolina, y a gilipollas.

 

Sobre todo a gilipollas. 

 

Sobre todo a que ahora puede que sea mejor o peor, pero al menos, es diferente.

_sentidos

Me jode no poder encontrarle un sentido lógico a algo. 

Me joden las soluciones rápidas y fáciles, porque yo procuro no tomarlas, aunque no siempre lo consiga. 

Me jode “no sé”.

Y otras muchas cosas, pero en serio, no trascienden, no importan.

Lo que sí importa, es que para los 3 supuestos, te quedas igual: sin saber qué ha pasado. Y eso sí que es algo por lo que no me apetece pasar. 

Y supongo que a nadie.

_my two hundred

Ahh…

(respiración, respiración, respiración, quéfríotengo…)

Porqué hacemos lo que hacemos. Cual, es en esencia, el objetivo primero y último de toda acción. De toda mirada. De todo gesto. De toda colonia impregnada con suma delicadeza en el cuerpo de otra persona. 

-Te lo estás pensando mucho. Si no quieres decir el porqué, no lo di…-te interrumpo de forma totalmente merecida. No quieres ser insolente conmigo. Y aún así, no puedes evitarlo. Pero da igual, porque me encanta.

-El porqué es…

Y es que… solemos tener razón. Llámalo karma, llámalo como te salga de los cojones. Llámalo casualidad, o llámalo putada, por no haber llegado medio año antes, o 2 años antes. O simplemente por haber llegado. Justo ahora que pensabas que eras tan capaz, tan capaz… justo ahora una mano te tiende alcohol sin darle importancia. Y ahí empieza todo, así de simple. Ni siquiera has tenido la oportunidad de expresarte en un entorno controlado, ni falta que hace por el momento, y ya estás otra vez en las mismas. 

Claro, piensas. Todo sería mucho más sencillo si no pensaras tanto. Te piensas mucho las cosas. Pones cada uno de tus sentidos y todo tu esfuerzo en intentar abordar la situación con la mayor preparación previa posible, no con la idea de crear algo artificial, (no esta vez) si no de que nada falle. Antes esto… bien, digamos que era una posibilidad, y muchas veces era lo que lo jodía todo. Pero esta vez… esta vez es diferente. 

-…que me gustas, pero… 

Porque esta vez, hay un pero. Lo hay. Está ahí, mirándote con cara de hijo de puta, y no piensa perdonarte ni un error. Si manipulas el Medio, lo va a saber, y te va a joder, y paradójicamente, joderte va a ser la forma de que no te jodas, de que no os jodas, de que no jodas todo de arriba abajo y después le prendas fuego. Si bien no has sido tu siempre el que ha arrojado un mechero encendido al esfuerzo común acumulado…

Por una vez. Por una puta vez, estás barajando algo que no habías siquiera intuído con anterioridad. Pero se hunde, se hunde en tu mierda porque sigues siendo tan inquieto como siempre. Te gusta jugar duro tus cartas, aunque hasta ahora… parece que nadie más jugaba contigo. Sólo te miraban entusiasmados y usaban tu propio entusiasmo para alimentar la mentira. Y nada más, ni mucho menos. Otras veces también te han disparado por la espalda. Y tú también has apuñalado a traición. Pero ahora, ahora estás realmente perdido. 

No es ese tipo de juego al que jugabas. 

-…no sé…

Porque ahora, parece ser que enfrente tienes a alguien que siempre ve tus apuestas. Siempre cuestiona tus faroles. Siempre cree saber en lo que estás pensando, y no te tiene ningún miedo. No tiene porqué mentirte, no tiene porqué hacerte el menor caso. 

Y tú, te has visto desbordado. Por primera vez en… tantos años… Has visto como el problema no era acabar la frase del otro. Si no empezarla. El final de una frase tiene una cantidad de combinaciones finita. Será grande, o no, pero ahí está, dentro de la coherencia y la cohesión. Pero la siguiente frase, es algo totalmente aleatorio, totalmente impredecible. Empiézala. Y espera a que te nieguen, y niega tú. 

-…qué cojones quiero. No lo sé, porque curiosamente, pensaba que sí. Pero de golpe… esto. Tú. Ni más ni menos.  

Qué demonios. Te quedaste como Dios en ese momento, ¿lo recuerdas?. Joder, le echaste huevos. Y alguien a tu lado, demostró desbordar inteligencia y madurez. 

Aunque también pudiste percibir el Miedo. El mismo que tienes tú otra vez. Miedo… no sé si es correcto llamarlo así. En realidad, eres perfectamente capaz de pasar esto por alto. Pero tu puta manía incorregible de aprovechar cada jodida oportunidad que se presenta para no tener que arrepentirte en un futuro, te empuja a poner de tu parte. Y te sientes como un puto enfermo, pugnando a ciegas por algo que ni siquiera sabes si es el fruto de tu imaginación. 

Quizá hasta ahora lo que tú creías oportunidades, era lo que en verdad era fruto de tu exacerbada imaginación, y no al revés. 

No quieres caer en la tentación de joder las cosas de nuevo. Dios Santo. Te sientes atraído hacia el fracaso por una falsa inseguridad. No. No estás inseguro. Estás temeroso. Sí. Miedo. Al final va a ser lo que es. Y no, no eres capaz en absoluto de pasarlo por alto. Bajo ningún concepto, porque vive contigo, duerme contigo, se ducha contigo, respira a la misma velocidad que tú. Ahora está ahí, y puedes verlo. Esperando a que cometas un error para reírse de forma exagerada y minarte. 

-…

No recuerdas su respuesta exacta. Quizá no tenía ninguna trascendencia. O quizá era demasiado perfecta como para que la encajaras bien, y tu cerebro directamente la obvió para ahorrarte el trago. ¿Sería capaz mi cerebro de algo así? Maldito hijo de puta.

Quédate con los detalles. En serio. Quédate con ellos. Da igual lo que signifiquen en realidad. Dales la interpretación que te salga, y llega a conclusiones que pueden no corresponderse con la realidad. Porque en el fondo, da igual. Esos detalles te están aproximando a un desenlace incierto. Hasta el último momento, vas a temblar, vas a liberar adrenalina en grandes cantidades, vas a sonreír yendo sólo en metro, vas a perder tu tiempo miserablemente. Todo por algo que… desconoces aún. Pero no te importa. Y no debería, porque el mejor momento, el más Perfecto, aunque te haya hecho vomitar miles de veces hasta llegar ahí, va a ser el previo a conocer el resultado de tus cábalas.

Respetar, es importante respetar. ¿Qué es respetar?

Me dan un poco de miedo las personas que no se sienten así en estos momentos. Porque no hacen más que calcular. Y se han olvidado de Sentir, y de vibrar. Y desperdician cada atisbo de casualidad que les brinda la única oportunidad que disponen para aprovecharlas, no disfrutándolas. 

Porque creo que es eso. Pura casualidad que esto pase.

Como es casualidad que esta historia tenga reflejo alguno en la realidad.

 

O igual no. Vete a saber.