_Cognisción!

Mi nombre es Raúl Ramirez, y no tengo identidad.

“Gilipollas”, diréis, “nos estás diciendo tu nombre, con lo cual SÍ tienes identidad”.

Vosotros no os habéis enterado de nada. No habéis entendido nada. Pregúntame lo que quieras de mí. No tengo respuestas para eso. De momento.

Hoy he soñado con Ella otra vez. Coronada por un cabello larguísimo y casi blanco si lo mezclabas con sol matutino. La verdad es que en mi propio sueño me he planteado si todo aquello no sería una farsa, pero ha sido un lapsus momentáneo que he preferido obviar para poder seguir disfrutando de aquella maravilla que me estaba llenando el alma con el bienestar más puro.

Nada. No ocurría nada. Sexual, quiero decir. Estábamos desnudos en mi cama. Viendo una película. Abrazados. Creo que nunca antes estuve tan dentro de alguien.

Fuera la noche se comía las sombras que escupía sobre las paredes de mi cuarto el viejo televisor. Casi se oía el zumbido del tubo sobre las voces de los actores. Una película antigua.

Ella parecía una auténtica mujer, y yo también sentía como si fuese mayor. No es que ahora me considere jóven pero… Era una sensación extraña, como si me sintiera jóven en el interior de mi cuerpo, y Ella, y como si los dos aparentemente hubiésemos crecido tanto, hubiésemos vivido tanto, hubiésemos llorado tanto hasta alcanzar este momento Perfecto de felicidad, que parecíamos mucho mayores.

No se en qué punto ha acabado el sueño, pero mi primer pensamiento al despertar ha sido “esto es una locura”. Raúl, estás perdiendo la cabeza. Después de tanto tiempo sin saber de esa mujer… y ahora esto. Después de los más de 25 años que la has considerado tu amor platónico, sin ni siquiera hablar con ella, ya por timidez, o por estupidez, sin ni siquiera intentar acercarte al menos para poder considerarla una amiga… tu cerebro decide que es el momento de soñar con lo que tu intuyes como La Panacea.

Mis pulmones me chillan y yo les escupo encima encendiéndome un cigarro. Me lo agradecen con un dolor punzante en el costado. Todo bien.

Me levanto de la cama. Subo la persiana hasta arriba. Otro día gris. El hacer que sea para olvidar o para recordar está… ¿en nuestras manos? No lo sé.

Hoy es sábado. Estoy desorientado y mi boca pide por favor agua para eliminar la repulsiva pastosidad que está empezando a cubrirla por completo. Quizá una ducha rápida y un café con leche en una cafetería del centro. Después tengo mucho que hacer.

Supongo que nos veremos por aquí.

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