_Pequeños infiernos

Kate mira desde la distancia. 

Bueno, en realidad no está tan lejos, es más una distancia psicológica. Como su… problema. Psicológico. De la cabeza, del coco. Algo no va bien ahí arriba. No está bien. Se retuerce, se intenta hacer un hueco desplazando paulatinamente su materia gris. Lo nota, lo nota crecer. 

Esto lo sabe porque cuando más grande es esa mierda en su cabeza, más le cuesta todo. Más le cuesta levantarse, más le cuesta llevarse la comida a la boca, más le cuesta beber agua. Beber otras cosas no le cuesta. Más le cuesta hacer las cosas que antes le gustaban. 

Kate a veces siente nostalgia de esas cosas. Cada vez menos veces, la verdad. Últimamente apenas nada. Eso no le gusta. A Kate, quiero decir. Lo de echar de menos las cosas tan bonitas con las que antes tanto disfrutaba.

Qué si no.

Mira desde la distancia. Justo encima de su escritorio. 

Tan lejos…

Kate antes no fumaba, ahora sí. Fumar rellena ratos muertos, y tiñe todo con una desesperación que se sube por las paredes en espirales de humo azulado. Kate no sabe fumar demasiado bien, y el cargado aire a su alrededor le ayuda siempre con sus cigarros. Hasta el filtro. 

Son muchas, muchas cosas. Las cosas que la están jodiendo. Se pregunta porqué. Qué ha hecho mal. Tiene trabajo. Tiene un pisito de 30 metros, ideal para una persona sola. Lo pagó hace tiempo con una deuda que acabó cobrando tras ganar aquel puto juicio interminable. Tiene coche. Uno de esos híbridos que apenas contaminan. Siempre impecable. 

Todas esas cosas no son, lógicamente, las que la preocupan. No puede más. 

En serio, no puede más, no me lo estoy inventando.

La gente le miente. Se enfadan con ella injustamente. No se lo explica. Cuál es el jodido problema, si yo no me meto con nadie. Eso piensa Kate. 

La distancia cada vez se hace más pequeña. 

Los vecinos parecen desconfiar de ella. Pero si yo no me meto con nadie. Repiensa Kate. 

Se tortura además. No se puede quitar de la cabeza la idea de que todo su dolor, es egoísta. Porque hay gente sufriendo en el mundo, y bla bla bla. 

Pero eso se va a acabar. Lo digo en serio, no me lo estoy inventando. 

La ‘Five Seven’ que brilla desde la mesa, a un palmo de distancia de sus ojos, lo confirma. La cajita con munición de punta hueca al lado de la pistola, también lo confirma. Y su determinación de acabar con todo, lo corrobora.

Ha sido un año, 2 meses, y 14 días, desde que recuerda que todo empezó a torcerse. Ya no queda nada que la impulse a moverse. 

Eso piensa Kate. 

Y yo sé que eso es lo que piensa Kate. Piensa en eso, y en lo fácil que fue encontrar un arma limpia en el mercado negro de la ciudad. En cuestión de un par de semanas, ya la tenía en su casa. 

Lo que no le dijeron, es que las pistolas se cargan con agallas, pero yo también sabía que eso no iba a ser un problema para Kate. Nunca lo fue. Siempre acababa consiguiendo lo que quería, al menos cuando era alguien que tenía alguna meta más aparte de acabar con todo pegándose un tiro en la cara. 

Como cuando se propuso arruinar mi vida con sus estupideces. Como cuando se propuso apartarme de mis amigos, y de mi familia. Como cuando pensó que sería buena idea conseguir que me hundiera hasta el punto de tener que ser ingresado en una institución mental.

Ahora te jodes, puta. 

Ahora me toca a mí. 

Es más de un año lo que llevo monitorizando sus movimientos desde el piso de al lado. Con cámaras. Con micrófonos. Nunca lo supo. Y nunca lo sabrá. Ella se pegará un tiro. Yo limpiaré su casa, como cuando entré tras pagarle a un yonki por robarle el bolso con las llaves. Después desapareceré. Y empezaré mi nueva vida libre de mierda, como si nada de esto hubiera pasado. Aunque mis risitas entre sueños, me delatarán por siempre. Consumaré mi venganza. 

Me jodiste mi vida. Ahora he hecho que te jodas a ti misma. No ha sido demasiado dificil. Por casualidad conozco a tus compañeros de trabajo. Por casualidad confían más en mí que en ti. Aprendí mucho sobre empatía y sobre gilipolleces relacionadas con las relaciones sociales en mis terapias. También me di cuenta de que todo era por tu culpa. Por casualidad piensan que eres despreciable, como yo. 

Benditas casualidades provocadas. 

Kate agarra el arma con decisión. No puedo evitarlo y sonrío. Hasta nunca, zorra asquerosa.

Carga la pistola, la empuña. Y entonces, todo se acaba. 

Oigo el disparo al otro lado de la pared. Pero no se estaba apuntando en la cabeza. No sé si se le ha disparado el arma por error. Maldita sea. Eres inútil hasta para matarte.

Noto cierta humedad cálida brotando en mi estómago. Miro y toco mi camiseta negra. Mi mano está empapada de sangre. Cada vez más sangre. No entiendo. 

Empiezo a sentir un dolor inhumano. Recorre todo mi cuerpo devorando la adrenalina que no me ha dejado notar como la bala entraba en mis entrañas, después de atravesar la pared. No entiendo. 

Miro la pantalla, estupefacto. Entiendo.

Kate está mirandome fíjamente, a través de la cámara  que coloqué en la lámpara de su habitación. Empiezo a sentir mucho frío, mientras el suelo se tiñe de impotencia carmesí. 

-Ahora te jodes tú, hijo de puta. Puto desequilibrado psicópata.

No creo que pueda seguir relatando la situación mucho más. Siento como se me escapa la vads kjpfjhjsadddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddddd

_Bofetadas

-Pretender que no ha pasado nada, es un poco puta mierda. No, no es eso, lo que yo hago, quiero decir. O igual sí. No importa una mierda. En cambio, ver como nunca le importaste lo más mínimo a alguien que te usó para su único y exclusivo beneficio, incluso X tiempo después, sí importa. 

-Aunque eso tampoco significa que haya que tomar medidas de ningún tipo.

-Sólo me apetecía mencionarlo para que quede constancia. Nada más. No voy a hacer nada. ¿Para qué?

-Ah, no sé. A veces lo haces. 

-Ya, a veces lo hago. ¿Me llenas el vaso?

-Claro. 

-Da igual de todas formas. 

-Ya lo creo. ¿Qué hacemos luego?

-Nada. Qué vamos a hacer.

_my two hundred

Ahh…

(respiración, respiración, respiración, quéfríotengo…)

Porqué hacemos lo que hacemos. Cual, es en esencia, el objetivo primero y último de toda acción. De toda mirada. De todo gesto. De toda colonia impregnada con suma delicadeza en el cuerpo de otra persona. 

-Te lo estás pensando mucho. Si no quieres decir el porqué, no lo di…-te interrumpo de forma totalmente merecida. No quieres ser insolente conmigo. Y aún así, no puedes evitarlo. Pero da igual, porque me encanta.

-El porqué es…

Y es que… solemos tener razón. Llámalo karma, llámalo como te salga de los cojones. Llámalo casualidad, o llámalo putada, por no haber llegado medio año antes, o 2 años antes. O simplemente por haber llegado. Justo ahora que pensabas que eras tan capaz, tan capaz… justo ahora una mano te tiende alcohol sin darle importancia. Y ahí empieza todo, así de simple. Ni siquiera has tenido la oportunidad de expresarte en un entorno controlado, ni falta que hace por el momento, y ya estás otra vez en las mismas. 

Claro, piensas. Todo sería mucho más sencillo si no pensaras tanto. Te piensas mucho las cosas. Pones cada uno de tus sentidos y todo tu esfuerzo en intentar abordar la situación con la mayor preparación previa posible, no con la idea de crear algo artificial, (no esta vez) si no de que nada falle. Antes esto… bien, digamos que era una posibilidad, y muchas veces era lo que lo jodía todo. Pero esta vez… esta vez es diferente. 

-…que me gustas, pero… 

Porque esta vez, hay un pero. Lo hay. Está ahí, mirándote con cara de hijo de puta, y no piensa perdonarte ni un error. Si manipulas el Medio, lo va a saber, y te va a joder, y paradójicamente, joderte va a ser la forma de que no te jodas, de que no os jodas, de que no jodas todo de arriba abajo y después le prendas fuego. Si bien no has sido tu siempre el que ha arrojado un mechero encendido al esfuerzo común acumulado…

Por una vez. Por una puta vez, estás barajando algo que no habías siquiera intuído con anterioridad. Pero se hunde, se hunde en tu mierda porque sigues siendo tan inquieto como siempre. Te gusta jugar duro tus cartas, aunque hasta ahora… parece que nadie más jugaba contigo. Sólo te miraban entusiasmados y usaban tu propio entusiasmo para alimentar la mentira. Y nada más, ni mucho menos. Otras veces también te han disparado por la espalda. Y tú también has apuñalado a traición. Pero ahora, ahora estás realmente perdido. 

No es ese tipo de juego al que jugabas. 

-…no sé…

Porque ahora, parece ser que enfrente tienes a alguien que siempre ve tus apuestas. Siempre cuestiona tus faroles. Siempre cree saber en lo que estás pensando, y no te tiene ningún miedo. No tiene porqué mentirte, no tiene porqué hacerte el menor caso. 

Y tú, te has visto desbordado. Por primera vez en… tantos años… Has visto como el problema no era acabar la frase del otro. Si no empezarla. El final de una frase tiene una cantidad de combinaciones finita. Será grande, o no, pero ahí está, dentro de la coherencia y la cohesión. Pero la siguiente frase, es algo totalmente aleatorio, totalmente impredecible. Empiézala. Y espera a que te nieguen, y niega tú. 

-…qué cojones quiero. No lo sé, porque curiosamente, pensaba que sí. Pero de golpe… esto. Tú. Ni más ni menos.  

Qué demonios. Te quedaste como Dios en ese momento, ¿lo recuerdas?. Joder, le echaste huevos. Y alguien a tu lado, demostró desbordar inteligencia y madurez. 

Aunque también pudiste percibir el Miedo. El mismo que tienes tú otra vez. Miedo… no sé si es correcto llamarlo así. En realidad, eres perfectamente capaz de pasar esto por alto. Pero tu puta manía incorregible de aprovechar cada jodida oportunidad que se presenta para no tener que arrepentirte en un futuro, te empuja a poner de tu parte. Y te sientes como un puto enfermo, pugnando a ciegas por algo que ni siquiera sabes si es el fruto de tu imaginación. 

Quizá hasta ahora lo que tú creías oportunidades, era lo que en verdad era fruto de tu exacerbada imaginación, y no al revés. 

No quieres caer en la tentación de joder las cosas de nuevo. Dios Santo. Te sientes atraído hacia el fracaso por una falsa inseguridad. No. No estás inseguro. Estás temeroso. Sí. Miedo. Al final va a ser lo que es. Y no, no eres capaz en absoluto de pasarlo por alto. Bajo ningún concepto, porque vive contigo, duerme contigo, se ducha contigo, respira a la misma velocidad que tú. Ahora está ahí, y puedes verlo. Esperando a que cometas un error para reírse de forma exagerada y minarte. 

-…

No recuerdas su respuesta exacta. Quizá no tenía ninguna trascendencia. O quizá era demasiado perfecta como para que la encajaras bien, y tu cerebro directamente la obvió para ahorrarte el trago. ¿Sería capaz mi cerebro de algo así? Maldito hijo de puta.

Quédate con los detalles. En serio. Quédate con ellos. Da igual lo que signifiquen en realidad. Dales la interpretación que te salga, y llega a conclusiones que pueden no corresponderse con la realidad. Porque en el fondo, da igual. Esos detalles te están aproximando a un desenlace incierto. Hasta el último momento, vas a temblar, vas a liberar adrenalina en grandes cantidades, vas a sonreír yendo sólo en metro, vas a perder tu tiempo miserablemente. Todo por algo que… desconoces aún. Pero no te importa. Y no debería, porque el mejor momento, el más Perfecto, aunque te haya hecho vomitar miles de veces hasta llegar ahí, va a ser el previo a conocer el resultado de tus cábalas.

Respetar, es importante respetar. ¿Qué es respetar?

Me dan un poco de miedo las personas que no se sienten así en estos momentos. Porque no hacen más que calcular. Y se han olvidado de Sentir, y de vibrar. Y desperdician cada atisbo de casualidad que les brinda la única oportunidad que disponen para aprovecharlas, no disfrutándolas. 

Porque creo que es eso. Pura casualidad que esto pase.

Como es casualidad que esta historia tenga reflejo alguno en la realidad.

 

O igual no. Vete a saber.

_kopf

“Vamos a evitar mentirnos esta vez”

Ella cruza las piernas bajo la mesa de su habitación, y remolonea por páginas de poco interés de la red. Se enreda los tirabuzones de su pelo sin lavar mientras la iluminación de su rostro va cambiando a medida que salta de una página a otra.

“¿Lo hará? ¿No lo hará?”

Él se levanta aún borracho y remolonea por zonas de su mente de poco interés. Se frota su revuelto pelo sin lavar mientras la palidez de su rostro recobra una tonalidad menos muerta a medida que bebe agua y se repone de anoche.

“Otra vez he vuelto a soñar con ella.”

Ella coge un sobre, lo abre, y lo deja sobre la mesa. Roba un folio en blanco de la impresora, y comienza a escribir. Todo lo que te quise. Todo lo que te querré. Su estilográfica danza a la par que sus apelotonadas ideas, corriéndose literalmente sobre el lienzo en blanco que poco a poco toma forma de historia inacabada. 

“Vamos a empezar algo nuevo, algo que no nos haga volver a llorar. Vamos a gritarnos que nos odiamos, y después amémonos para siempre”

Él enciende un cigarro con sus últimas fuerzas e intenta ordenar cronológicamente la noche de ayer. Nah, no va a cobrar sentido por mucho que lo ordenes. Vamos a ver. Todo estaba tranquilo. Falta escena. Estoy sentado en la calle sólo y pensando en ella. Se me escapa una lagrimilla de odio que a punto está de congelarse sobre mi mejilla. Pues eso. Vuelta a empezar. Joder. Obviarlo es… consumirme. La sigo queriendo. 

“La memoria es como un perro viejo. Le lanzas un palo, y te trae cualquier cosa.”

Ella mira la carta, con recelo. Tiene que hacerlo. Quizá le cueste soltarlo todo a la cara, pero al fin y al cabo… por los viejos tiempos. Se quita la camiseta y frota la hoja contra su pecho, su abdomen, su cuello, hasta detrás de las orejas. Cierra los ojos. Eh, esta carta es mía. Huele a mí, quiero que huela a mí. Quiero que sepas que la distancia no me va a hacer olvidarte.

“Algún día, volveremos a tumbarnos en un atardecer.”

Él decide hacer algo con su vida. Se da una ducha rápida para quitarse esa borrachera tan tonta que aún perdura. Camisa. Pantalones. Gabardina. Y un pequeño maletín. Camisa. Ropa interior. Camiseta. 350 euros. Glock 9mm. 2 balas. Folio en blanco. Ya está todo.

“No se lo que voy a hacer. Pero seguro que va a manchar. Y no sólo en el aspecto físico.”

Ella se pone encima una sudadera que encuentra por ahí tirada, y unas zapatillas raídas. Coge el sobre, se para en seco, mira a la nada, se da unos golpecitos en el pecho con él mientras piensa en cuando él lo abra, y sale de su piso.

“Vamos.”

Él cierra el maletín, y con el cigarro aún en los labios sale de su piso.

“Vamos.”

___

Al salir al descansillo, se encuentran cara a cara. Él cara de haber dormido poco y mal, barba de dos días, cigarro en la boca. Lleva un maletín y el pelo húmedo. Ella despeinada, ayer lloró, no ha desayunado aún y lleva un sobre. Un escueto “Hola”, y cada uno cierra su piso. Él piensa que no tiene mucho sentido hacerlo ya, ella no está como para pensar en esas cosas. Abren la puerta del ascensor que aún aguardaba ahí tras ser él el último usuario. Un gesto cortés para indicarle a ella que pase delante. Después, pasa él. Se cierra la puerta.

Cada uno en sus cosas, cada uno en sus cosas. Ninguno de los dos volverá a ser el mismo. Ni volverá, de hecho.

Vamos.

_El momento antes de! (parte 1 de 2)

Ella me analiza fírmemente con la mirada. Necesita saber por donde flaqueo, ya que como no fuma, no puede construir en unos segundos una barrera física. Necesita poder atacarme sin piedad en caso necesario, creando la distracción justa para poder escapar. 

Llevaba un vestido verde. Algo anticuado para mi gusto, quizá. 

Creo que estamos en uno de esos momentos en los que puede que acabes follando, en el que tarde o temprano alguien dice: “¿en qué piensas?” Entonces tienes dos opciones. Decir la verdad, sea cual sea, o decir cualquier banalidad comodín que te permita, más tarde, al preguntarle tú lo mismo a la otra persona, adaptarlo y decir: “Qué casualidad… ¿Crees en la casualidad?”. Y así. Hasta su cama, o hasta donde os dé tiempo.

Y por norma general, se miente. Porque mentir, también es obviar la realidad, y joder, es algo que no podemos evitar. Porque tenemos miedo, miedo al dolor. Algo tan cruel como no tener sentimientos, paradójicamente nos catapultaría a la larga al éxtasis sensorial más intenso, al encontrar exáctamente lo que estábamos buscando… o al ser encontrados. 

Pero no suele pasar. Tendemos a forzar las cosas, y acabamos por mandarlo todo a tomar por culo, por miedo a nuestro cerebro, y al de los demás. 

-¿En qué piensas?

-Estaba pensando en porqué tú y yo no hemos follado todavía.

Breve pausa que por su violencia se hace sentir como de varias horas.

-Creo que… voy a ir un momento al servicio. Disculpa.

Joder, joder, ¿ha salido de mi boca? Apuro el poco ron que me quedaba y pido otra. Qué cobarde, Dios santo. 

Ella vuelve cuando los hielos ya tocan el culo de mi nueva copa. 

-Vamos. 

-¿Perdón?-respondo torpe-.

-Ven conmigo. 

Me levanto, con la copa en la mano, doy un sorbo y dejo lo que queda. Ella apura su ginebra hasta atrás, me da la espalda y comienza a andar entre la gente, tendiendo su mano hacia atrás. Inmediatamente yo la cojo y pego ambas a su cintura. Casi puedo escuchar su respiración entrecortada. Y salimos a la calle. Y llueve como nunca. 

Se da la vuelta y me mira. Ya somos uno.

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Otra vez.

_Inciso

Voy a hacer un pequeño alto en la historia de Raúl, porque me apetece escribir sobre otras cosas, qué hostias. Esto no significa que sepa sobre lo que escribir, que nadie piense que voy a exponer un tema ni nada por el estilo.

Ayer, fue un gran día. Más bien una gran noche. No es algo de lo que me enorgullezca especialmente, pero últimamente salgo hasta las mil, porque me lo paso de puta madre, y claro, si estas por ahí, pues por favor mi tabaco y mi copa. Y así nos va. Que salimos a la calle y no somos más que una desgracia humana. Buscando La Siguiente. Es un curioso experimento. No ponerte un puto límite a la hora de hacer ciertas cosas, consigue que todo el buen karma del mundo o como mierdas te guste llamar a la puta casualidad, se reúna en un mismo sitio para dar lugar a situaciones densas.

Esta semana, ha sido cuanto menos, interesante. He conocido a gente cuya existencia hasta ahora se reducía a un texto colgado en internet, y hemos hablado de gilipolleces, y muchas veces de lo mismo sin saberlo hasta que nos dábamos cuenta. Incluso aunque ya no nos acordemos. Jodido tarado, te echaré de menos y lo sabes. 

No se si me lo dijo alguien al oído mientras dormía o si es algo que he llegado a elaborar yo solo, pero la conclusión de la semana es muy básica y muy entendible: Si bebes, hablas más, nace una confianza ficticia desde el culo de la copa hasta tu cerebro. Vale. Si sigues, se va todo a tomar por culo. Y prácticamente es como si un mudo intentara por todos los medios avisar a la chica mona que detrás está el asesino en serie, a punto de atravesarle la carótida con un pica-hielos. Y francamente, no hay nada que me joda más que ser incapaz de hilar, no ya peticiones básicas como “priba”, “cigarro”, “fuego”, “ambulancia”, si no las frases más putamente enrevesadas que estoy formando en mi cerebro, pero que mi boca y aparato respiratorio superior de puto borracho es incapaz de reproducir siquiera parecido. Mierda y más mierda, porque ya que tengo la suerte o la desgracia de pensar 4 veces más rápido cuando bebo, para alguna que otra cosa interesante que se me ocurre soy incapaz de decirla, joder. Y esto es aplicable a todos los espectros y estratos de conversaciones existentes. 

Otra cosa curiosa que me ocurrió el sábado pasado, fué que por primera vez, una idea que estando sobrío me parecía la ostia, a cada trago que daba me parecía más y más mierda, algo imposible, incluso llegué a avergonzarme de ser tan ingenuo como para pensar que una mierda como aquella servía para algo. Joder, vaya fraude. 

Siguiendo el orden de acontecimientos destacables de la semana, diré que el sueño etílico de hoy ha estado basado única y exclusivamente en una persona. Que venga alguien y vea esto, porque no es posible. No tengo la más mínima posibilidad de recuperación, con determinadas cosas soy gilipollas. Pero este no era el caso. Me ha venido a la cabeza un nombre. He evitado a tiempo afortunadamente, que mi cerebro recreara la imagen de esa persona, porque os aseguro, que he estado a punto de vomitar tan sólo por el hecho de visualizar su puto nombre. De hecho ahora mismo, aunque ya esté prácticamente recuperado de ayer, me están dando unas pequeñas nauseas por estar escribiendo esta mierda. Joder, es incomprensible. 

Me hablaban hace un tiempo sobre gente que te va a tocar el timbre a las 2 de la mañana para discutir. Esto es peor, no necesito que venga nadie más, yo solo me mando al puto fondo. Para que quieres enemigos, si puedes pegarte un tiro a ti mismo mientras duermes.

Recuerdo alguna cara y algún que otro teléfono y algún que otro sospechoso mensaje de móvil. Cuando piensas que algo, dentro de las cosas posibles física y empáticamente, va a pasar, y pasa; ¿Porqué pasa?¿Porque iba a pasar, o porque inconscientemente has hecho por que pase? Espero al menos no acordarme de esto cuando estemos follando en el baño de alguna cafetería.

 

Hey, y ya sabes. No te tengo ningún rencor. Si no todo lo contrario. Espero poder decírtelo muy pronto.

 

 

 

_La mujer del vestido Rojo!

Esperando a lo inevitable.

Sentada en unas escaleras poco transitadas de una muy concurrida plaza de la ciudad. La chica de rojo lloraba desconsoladamente esperando. A nada. A algo que no llegaba nunca. Algo inalcazable y a la vez tan a mano.

<<

-Porqué lloras.

-Supongo que por todo y por nada.

-¿Te importa si me siento a tu lado?

-¿Porqué iba a importarme?

-Por lo mismo que no te iba a importar. Por nada. Por todo. Por yo que se. Sólo estoy borracho, no sé ni lo que digo.

-¿Te conozco?

-Lo bello es que no me conoces de nada. Y lo bello es que me importas. No te voy a mentir. Tu imponente aspecto me ha trasladado lejos de aquí. A un mundo dificil de imaginar. Soy capaz de ver. Más allá de tu vestido rojo y de tu imponente aspecto atravieso a gran velocidad llanuras recónditas de odio y de amor atmosférico.

-¿Estás loco?

-Un poco. Todavía no se tu nombre.

-No tengo nombre hoy.

-Te sonará a tópico pero no tengo en absoluto nada que echarte en cara. Es más. Te entiendo.

-La verdad es que no suena nada original.

-Sólo soy yo.

-¿Perdona?

-Que solo soy yo. No soy nada más. No soy la imagen que pretendo venderte. No soy lo que me he inventado en la ducha mientras pensaba que ibas a estar ahí. Sólo soy yo.

-…

-Tu vestido rojo a destrozado mi alma. Tus pies descalzos han inundado mis ojos de amor. No es tan dificil. Quiero poseerte hasta que acabe esta noche, hasta que todo no sea más que una reminiscencia inocua del ayer.

-Me das miedo.

-Todo el mundo tiene miedo a la verdad, el saber cuando jugarsela no es más que otro artefacto más en la vida.

-Estás loco, no se si eres lo que necesito ahora mismo.

-Ahora mismo, dollface, necesitas lo que sea, pero no a él.

-Estas destruyendo mi alma por momentos.

-No es ni mucho menos lo que pretendo. Sólo que seas capaz de, por una vez, abrirte a lo que eres. Sin condiciones. Sin nada.

>>

Ella le mira. Le desea. Es la primera persona sincera en mucho tiempo. Es lo que siempre ha deseado pero efímero. Quizá no pueda encontrarlo en otro formato, quizá no haya posibilidad alguna de algo así para siempre. Es una canción que nunca acaba pero que acaba. Es lo que todos soñamos.

Mirándose como dos entes complementarias completan su propia mirada con un beso, prolongando así su existencia hasta el más infinito punto del cuerpo. Sexo. Drogas. Sentimientos que mañana serán sucios pero que hoy son Soma Perfecto.

Te despiertas. Todo ha acabado. No hay vuelta atrás. No hay un siguiente paso. Todo es tan fugaz que es efímero. De hecho ya ha ocurrido y no ha significado nada más que la perfección. Estas en tu apartamento y todo sigue igual. Apenas recuerdas haber salido. Quizá ya estabas borracho. Pero alguien aprendió algo esa noche. Y tú también.

_Surrealismo!

“Raúl. Despierta, Raúl.”

 

Los planes para hoy han cambiado. Se han desviado, aunque no demasiado, pero sí, lo han hecho. 

Es de noche otra vez. No saabes si estás recuperado del todo de la última vez, pero no tienes muchas más posibilidades. 

“Mira, el mensaje de hoy es muy sencillo. No fuerces. No manipules. Disfruta el momento. No actues. Solo siéntelo. No vas a poder hacerlo muchas veces, así que cuando notes, sientas, que es la oportunidad anhelada, simplemente deja que todo fluya hacia fuera y alrededor. Quizá tiéndeles tu cuaderno de viaje para que hagan alguna anotación sobre la noche, y después, cuando te encuentres cansado, estréchales la mano a todos, y no preguntes por teléfonos, por contacto de ningún tipo. Ese momento era mágico en ese instante, y ya está. El recuerdo será bueno, y quizá en el futuro, os crucéis de nuevo. Pero no obligues al mundo a satisfacer tus absurdos pensamientos. Let it flow.”

Mi nombre es Raúl Ramírez. En el momento menos pensado, siempre vuelvo a ver el Sobre. Estoy aprendiendo a ignorarlo. Pero tarde o temprano tendré que abrirlo, y enfrentarme a él.

Seguiré por aquí.

_Inevitable!

Me llamo Raúl Ramírez y no tengo identidad.

 

Un zumbido al otro lado de la habitación me hace blasfemar. No, no… NO, NO, NO!! A tientas buscando algo que se ilumine en la oscuridad, me hago cargo de que apenas puedo tenerme en pie. Estoy muy borracho. Son las 12 de la mañana.

No llego a coger el teléfono. De todas formas, dudo de que la imagen que pueda dar una voz borracha al otro lado de la línea a cualquier persona a esta hora, sea algo deseable. Maldita sea, tengo cosas que hacer hoy. O tenía, ya no se si el presente y el pasado siguen estando separados por algo más que la barra de un bar al atardecer.

Me cerciono de que llegué de una pieza y sin perder cosas hasta casa ayer, y entonces empiezan a venirme flashes de pequeñas situaciones vividas. Al final me fuí sin decirle a esa mujer que me gustaba su vestido. ¿O no? No lo recuerdo. Estuve hablando con… pfff, no, no puede ser. Demasiado denso.

Bueno, la verdad, no sé como acabé saliendo ayer, así que supongo que eso es ya de por si bastante denso.

¿Salí ayer? 

Falta escena, y estoy duchándome. El agua me hace bastante bien. Pero una ducha estando borracho, es como una canción o una película. Empieza y acaba.

Mientras me seco, pienso en aquella frase que nunca dije, o en aquella otra que repetí demasiadas veces. 

Y vuelvo a mi habitación. Apesta a vodka destilado en cuerpo humano, a descontrol. Y a tabaco viejo. Me hago cargo de que me huele el aliento a alcohol como si hubiese estado bebiendo Everclear durante 10 horas sin parar. Es desagradable, pero en la vida, hay que disfrutar del placer, y del dolor. Si ahora por todos los medios intento quitarme de la boca esta plasta maloliente, mañana me pillaré otra cogorza igual sin apenas pensar en cómo estoy ahora. Y no. No podemos permitir que no tenga consecuencias. Siempre ha de haberlas. Siempre.

Y mientras digo esto, lo veo. El Sobre. Sigue donde lo dejé hace 2 semanas, y me entra tanto miedo, que apenas me da tiempo a ir corriendo al servicio y abrir la tapa del retrete para vomitar.

En mi estado… supongo que nos seguiremos viendo por aquí.