_Ida y vuelta

Cuando por fin soy consciente de que el día ( o al menos la parte en la que tenemos que rendir cuentas ) ha finalizado, me enciendo un pitillo. Dejo de mirar al suelo al andar por la calle.

Las preocupaciones te golpean en la nuca y no te dejan levantar cabeza, pero los sueños y las ganas de que ocurran ciertas cosas, requieren una cabeza alta, relajada, una postura que permita a los mismos fluir alrededor como un aura mágica. Mira. Míralo. Con la cabeza tan alta, mirando 100 metros por delante. No le entienden.

Inmersas en sus tareas absurdas, las personas se cruzan por la calle, atolondradas, torpes y cansadas, a ciertas horas, ya se hace complicado ver una buena cara, pero cuando te quitas un peso de encima, la verdad es que no cuesta. Apuro la última calada. Expulso el aire mientras me recuerdo lo que queda aún por delante. Quizá saludo sin demasiada gana a algún conocido. E ignoro a la gente que me mira, alarmada. No importa. Envidio durante unos instantes a unos niños que juegan ajenos a Todo.

Borro esa idea de mi cabeza. Demasiados contras si lo miras desde la posición actual, quizá hace unos años… pero no ahora.

La verdadera felicidad… no viene dada por hacer cosas placenteras o que nos gusten, si no en hacer cosas por placer. Por eso disfruto tecleando lentamente, pensando, mientras escucho música o ignoro el enfermizo rumor de la televisión. Y por eso cuando abra el libro de mi mesita dentro de un rato, seré feliz. Y por eso muchas otras cosas.

Mañana anochecerá de nuevo.

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