_Bofetadas

-Pretender que no ha pasado nada, es un poco puta mierda. No, no es eso, lo que yo hago, quiero decir. O igual sí. No importa una mierda. En cambio, ver como nunca le importaste lo más mínimo a alguien que te usó para su único y exclusivo beneficio, incluso X tiempo después, sí importa. 

-Aunque eso tampoco significa que haya que tomar medidas de ningún tipo.

-Sólo me apetecía mencionarlo para que quede constancia. Nada más. No voy a hacer nada. ¿Para qué?

-Ah, no sé. A veces lo haces. 

-Ya, a veces lo hago. ¿Me llenas el vaso?

-Claro. 

-Da igual de todas formas. 

-Ya lo creo. ¿Qué hacemos luego?

-Nada. Qué vamos a hacer.

_Yaali

Reflejada en la clara agua del río, la frente de Yaali parece mucho más grande de lo que es en realidad. En verdad no, en verdad su tamaño varía a merced de las ondas creadas por los insignificantes cambios en el flujo del agua, y por los cantos rodados del fondo.

La orilla también está cubierta por cantos rodados. En la época de lluvias, también el lugar en el que se encuentra ahora está cubierto por completo por la espumosa corriente de agua de la montaña. Pero ahora, en otoño, no ha llovido aún lo suficiente como para apreciar realmente la diferencia. 

Acuclillada contempla absorta su cambiante rostro. En la pantalla acuática de no más de 15 centímetros de profundidad que pasa rauda ante ella, se ve como una actriz incomprendida. Se ve a sí misma, si, pero no acaba de entender lo que ve por completo. Nota que está pasando algo por alto, una insignificancia que probablemente determine el resto del conjunto. Pero no consigue verlo. Mira, mira, hasta que se le desenfoca la vista y no tiene más remedio que parpadear y despertar de su absorción solitaria. 

Levanta la cabeza. Árboles centenarios custodian la otra orilla del río, literalmente colgando sobre el cauce, incluso acariciando la corriente con sus ramas más largas, como quien disfruta del movimiento de una barca que navega por un mar tranquilo. Con la mano colgando por la borda, y probablemente muchas cosas bonitas en la cabeza.

Pero Yaali duda que los árboles puedan pensar en cosas bonitas. Es más, ya olvidó todo lo que su abuelo le explicó de pequeña, sobre los árboles que hablaban a las personas y les transmitían su sabiduría centenaria, como un legado familiar, que no siempre era bueno, pero al fin y al cabo, era conocimiento. Y si no lo olvidó, no se cree una mierda de todo eso. Porque está cansada, realmente cansada. 

No entiende. 

Su inocencia la perdió hace ya tiempo, y probablemente esté ya en el ancho mar, arrastrada irremediablemente por el río. 

No entiende porqué no es ella la que más deba disfrutar de su vida. No entiende porqué no puede hacer lo que crea conveniente dentro de su supuesta libertad. No lo entiende, y le duele. Le duele pensar que en esta Vida, ni siquiera vaya a ser consciente de su propia Muerte hasta que esté demasiado cerca. 

Con determinación, saca la navaja de su abuelo. Sumerge un brazo en el agua. Hiende la hoja en la carne, medio centímetro. Un amago de color rojo brota a los lados del acero. Y desliza la cuchilla hasta la mitad del antebrazo. Y observa. Observa su vida, y le dice adiós. Mientras un olor a cobre impregna cada canto rodado del río. Mientras dos lagrimones salados despiertan en sus ojos y concluyen en la comisura de una sonrisa repentina. Porque por fin, ha retomado el control. 

Y se despide. Se despide de su Vida. Y al menos sabe, que es Ella despidiendose de Su Vida. E inclinándose ante su Muerte. 

Y no de cualquier otra forma.

_A.D.U.A.

No sé porqué voy a escribir lo que voy a escribir a continuación. Bueno, lo intuyo. Aburrimiento. Y porque es curioso, que ostias.

En fin, situación: Chica conoce chico en fiestas de BIlbao. Chica gusta chico, chico gusta chica. Follaron, sudaron y aplaudieron después. Todo era muy extraño.

Mes y pico después a la chica le salen unas ronchas, no sólo por la zona genital, si no por el cuerpo. Con evidente preocupación, acude al médico. La conversación pudo ser algo tal que así:

-Buenos días.

-Hola (nombredemujer). ¿Qué tal?

-Pues hombre, no muy bien.

-Cuéntame.

-Pues verá, me han salido una serie de erupciones por el cuerpo…

-Vamos a ver, desnúdate, por favor.

*Exámen médico carente de interés y morbo*

-¿Y bien? ¿Tiene usted alguna idea de…

-Vamos a ver. ¿Puedo saber qué es lo que has estado haciendo?

-¿Cómo? Pues no sé, no sé, no he hecho nada raro…

-(nombredemujer), que sepas que tu enfermedad, la contraen personas que… practican sexo con cadáveres.

– Oh Dios santo. Le aseguro que yo… Oh cielos, sólo el pensarlo.

Ella se pone de color amarillo. El médico intuye que no se ha tirado ningún muerto.

– ¿Has tenido alguna relación sexual últimamente?

-Pues… yo… la última vez fué con un chico que conocí en fiestas de Bilbao… yo…

*Falta escena*

La cosa es, que denunció al tipo. No sé exactamente alegando qué, pero encontraron un cadaver en casa del sujeto en cuestión. Ahh… Me encanta saber que nunca dejaré de sorprenderme.

Esto se supone que le ha pasado a una amiga de una amiga de una amiga.

Cada cual que juzgue, a mí no me inquieta más o menos saber que eso pueda ser verdad.

_Expectativas y otras cosas que se derriten

Hay gente que se quiere de verdad.

Nosotros nos miramos hasta que uno de los dos dice: ¿Qué?

Muchas veces me oirás repetir esto mismo. Eso implica que no intentas que nada vaya mejor. 

Puedes elegir si das el siguiente beso, y el siguiente, y el siguiente. O el último. 

Vamos a beber, bebamos hasta sonreír en vano.

Mucha gente, de veras, se quiere. No es un invento del Estado. 

Creo que vamos a pasar mucho tiempo sin hablar. 

Vamos a pasar mucho tiempo sin hablar.

Sin hablar. 

Pero pensando. 

Y arruinando cada momento ya pasado.

Porque nos gusta entender todo.

Y eso, amigos, hace que nos hundamos.

Porque la mayoría de cosas, sencillamente, no se pueden entender.

Ni explicar.

Porque hay algo, que nos permite sentirlas sin entenderlas.

Y quizá.

Sólo quizá. 

Debiéramos a veces tan sólo sentirlas.

Como sentimos una canción, sin necesidad de saber música.

O nos gustan las estrellas, sin ser astrónomos.

Y las amamos.

Quizá podríamos, por una puta vez.

Darnos una oportunidad para amarnos. 

En vez de sacrificar todo por entender algo que escapa de nuestro alcance.

Y que además.

Es inevitable.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte.

Como la muerte. 

Como la muerte.

Y como esto.

Esto.

Acaba de empezar.

Ahora.

_Intenso

Anonadado contempla con esmero las goteras de su mente. Sobre el asfalto. Una mancha de aceite de cerebro se extiende a izquierda y derecha, delante, detrás. Y hacia abajo, penetrando lentamente en el negro suelo, violando cada poro, haciendo que cueste horrores quitarlo de allí. Calando hondo.

Cada “plic, plic” que se oye es otro aviso más de que algo no funciona correctamente. Empieza a plantearse cosas. Empieza a plantearse a sí mismo incluso, y a su propias goteras, y a su aceite. A ese que pierde lentamente, tumbado en el caliente asfalto. 

Está bien el verano por la tarde. Cuando te tumbas en una carretera por la que pasan 4 coches al día, y disfrutas del calor remanente mientras la atmósfera alcanza la temperatura idónea para poder estar en la calle bailando sin el engorro de sudar. Además, aprovechando que en última instancia el sol golpea tan solo de refilón, aún puedes disfrutar de las nubes enredándose mientras escapan de la Nada.

Todo esto lo piensa en segundo plano. 

“Plic, plic”

Se le escapa una pequeña lagrimilla porque no quiere volver a su pútrido hogar. Maldita sea, no quiere pero lo está deseando. Cada tubo de escape. Cada puto cigarro a las 8 de la mañana. Toda esa mierda al fin y al cabo es lo que alimenta su maltrecha cabecita de desequilibrado.

25 grados en el ambiente, 35 en la carretera. El Spa del Asfalto. Si te acercas lo bastante aún puedes saborear ese profundo olor a alquitrán y brea, acentuado por el constante sol de agosto. Mmmmh… intenta hacer que llueva apretando mucho los ojos, porque esta situación es mejorable: el olor a lluvia fresca sobre una carretera caliente. Dios santo, y un cigarro, para cuando se haya corrido. 

Como parece que no funciona, alcanza con la mano una espiga de trigo olvidada en el camino y se la mete a la boca, como esos granjeros americanos de las películas. Masca, meneando exageradamente el bigote. Le jode no poder hacer que llueva, total, ¿qué más da? Hijos de puta. 

“… chof chof”

Aunque la calzada está perfectamente seca, oye con nitidez como su pelo nada en el Aceite de Cerebro. No le da demasiada importancia, lleva así meses. Tanta sorpresa, tanta sorpresa… No lo pudo aguantar. Ahora ya no le sorprende nada, muestra indiferencia por defecto. No necesariamente mala, no necesariamente buena. Simplemente hace tiempo que nadie consigue turbarle con gilipolleces. 

Porque ya tuvo bastante. 

La incertidumbre agotó sus ganas de amar. La falta de respeto acabó con su soledad. 

Ahora , no es que sólo se tenga a él. Es que por fin se tiene a él.

“Ya era hora, joder”-Pensó cuando por fin el vaso, lejos de desbordarse, reventó en mil pedazos por la presión. Dicho eso, abrió un paquete de tabaco, cogió uno, y tiró a tomar por culo los otros 19, y el propio paquete, y la práctica totalidad de sus desavenencias con sus semejantes. 

Aún así, es consciente de que hay cosas que aún le sorprenden. No ve la lógica, por más que lo intenta, a ciertas posturas. Es incapaz. 

“Te juro por lo que más quieras que yo lo intento. Me siento, lo escribo. Hago un esquema, y lo repaso bien. Voy por partes. Pero nada. Soy incapaz de entenderlo”

No era capaz. No era capaz de entender porqué la gente lo quiere Todo. Y sobre todo, no veía solución al problema de porqué cuando se tiene Casi Todo, muchas personas se daban la vuelta y le prendían fuego. Después, giraban de nuevo y se sorprendían, e irritaban, porque su Casi Todo estaba en llamas, o calcinado. 

¿Cuantas veces había visto arder sus piernas, sus brazos, su Cerebro repleto de Aceite de Cerebro…? Aún sabiendo que el era una ínfima parte de ese Casi Todo, era solo un conjunto de piernas, brazos, tronco, cara, que solía sonreír, y abrazar, ¡E incluso preocuparse y pensar! Pero ya no importaba en absoluto. 

Mi caliente, caliente carretera de Agosto… Estiro una mano, toco las revoltosas espigas de trigo que se yerguen a ambos lados del camino. Si estiro los pies, apunto a las montañas no tan lejanas, a las que tantas veces he visitado y he susurrado. Si estiro mi vista, veo como lentamente cae la noche en el más absoluto silencio… Estiro la vista, tenso los párpados para ver más. Y… plic.

¿Plic? 

Sí. Plic. El ruido de una gota de lluvia al caer en un ojo. Y más “plics”. Por toda la cara, por todo el cuerpo, por todo el camino. Por el cigarro que reservaba para cuando empezara a llover, mientras lo enciende. 

Y por todo su charco de Aceite de Cerebro. Que desaparece ante la perfección imprevista. 

“Creo que… me quedaré aquí tumbado un rato más”.

Plic.

_huele

Huele a Issey Miyake usada exageradamente sobre cuerpos sudados que abusan de la cafeína y del etanol, y del speed y otras drogas, y huele a Sidonie cubiertos de farlopa en el backstage del sitio de siempre, mientras se toman la última, que como la anterior, no lo es, y huele a toda esa puta mierda que nos dijimos, y a coches robados y faltos de gasolina, a asientos reclinables y a copas gratis a cambio de sexo, y a las camisetas que me compré, y a banda ancha, y a tecnología punta que acaba con todo tipo de esperanza, y probablemente huele también a genitales, y a vino, y a gato, y a grasa, y a mentiras, y a gasolina, y a gilipollas.

 

Sobre todo a gilipollas. 

 

Sobre todo a que ahora puede que sea mejor o peor, pero al menos, es diferente.

_sentidos

Me jode no poder encontrarle un sentido lógico a algo. 

Me joden las soluciones rápidas y fáciles, porque yo procuro no tomarlas, aunque no siempre lo consiga. 

Me jode “no sé”.

Y otras muchas cosas, pero en serio, no trascienden, no importan.

Lo que sí importa, es que para los 3 supuestos, te quedas igual: sin saber qué ha pasado. Y eso sí que es algo por lo que no me apetece pasar. 

Y supongo que a nadie.

_my two hundred

Ahh…

(respiración, respiración, respiración, quéfríotengo…)

Porqué hacemos lo que hacemos. Cual, es en esencia, el objetivo primero y último de toda acción. De toda mirada. De todo gesto. De toda colonia impregnada con suma delicadeza en el cuerpo de otra persona. 

-Te lo estás pensando mucho. Si no quieres decir el porqué, no lo di…-te interrumpo de forma totalmente merecida. No quieres ser insolente conmigo. Y aún así, no puedes evitarlo. Pero da igual, porque me encanta.

-El porqué es…

Y es que… solemos tener razón. Llámalo karma, llámalo como te salga de los cojones. Llámalo casualidad, o llámalo putada, por no haber llegado medio año antes, o 2 años antes. O simplemente por haber llegado. Justo ahora que pensabas que eras tan capaz, tan capaz… justo ahora una mano te tiende alcohol sin darle importancia. Y ahí empieza todo, así de simple. Ni siquiera has tenido la oportunidad de expresarte en un entorno controlado, ni falta que hace por el momento, y ya estás otra vez en las mismas. 

Claro, piensas. Todo sería mucho más sencillo si no pensaras tanto. Te piensas mucho las cosas. Pones cada uno de tus sentidos y todo tu esfuerzo en intentar abordar la situación con la mayor preparación previa posible, no con la idea de crear algo artificial, (no esta vez) si no de que nada falle. Antes esto… bien, digamos que era una posibilidad, y muchas veces era lo que lo jodía todo. Pero esta vez… esta vez es diferente. 

-…que me gustas, pero… 

Porque esta vez, hay un pero. Lo hay. Está ahí, mirándote con cara de hijo de puta, y no piensa perdonarte ni un error. Si manipulas el Medio, lo va a saber, y te va a joder, y paradójicamente, joderte va a ser la forma de que no te jodas, de que no os jodas, de que no jodas todo de arriba abajo y después le prendas fuego. Si bien no has sido tu siempre el que ha arrojado un mechero encendido al esfuerzo común acumulado…

Por una vez. Por una puta vez, estás barajando algo que no habías siquiera intuído con anterioridad. Pero se hunde, se hunde en tu mierda porque sigues siendo tan inquieto como siempre. Te gusta jugar duro tus cartas, aunque hasta ahora… parece que nadie más jugaba contigo. Sólo te miraban entusiasmados y usaban tu propio entusiasmo para alimentar la mentira. Y nada más, ni mucho menos. Otras veces también te han disparado por la espalda. Y tú también has apuñalado a traición. Pero ahora, ahora estás realmente perdido. 

No es ese tipo de juego al que jugabas. 

-…no sé…

Porque ahora, parece ser que enfrente tienes a alguien que siempre ve tus apuestas. Siempre cuestiona tus faroles. Siempre cree saber en lo que estás pensando, y no te tiene ningún miedo. No tiene porqué mentirte, no tiene porqué hacerte el menor caso. 

Y tú, te has visto desbordado. Por primera vez en… tantos años… Has visto como el problema no era acabar la frase del otro. Si no empezarla. El final de una frase tiene una cantidad de combinaciones finita. Será grande, o no, pero ahí está, dentro de la coherencia y la cohesión. Pero la siguiente frase, es algo totalmente aleatorio, totalmente impredecible. Empiézala. Y espera a que te nieguen, y niega tú. 

-…qué cojones quiero. No lo sé, porque curiosamente, pensaba que sí. Pero de golpe… esto. Tú. Ni más ni menos.  

Qué demonios. Te quedaste como Dios en ese momento, ¿lo recuerdas?. Joder, le echaste huevos. Y alguien a tu lado, demostró desbordar inteligencia y madurez. 

Aunque también pudiste percibir el Miedo. El mismo que tienes tú otra vez. Miedo… no sé si es correcto llamarlo así. En realidad, eres perfectamente capaz de pasar esto por alto. Pero tu puta manía incorregible de aprovechar cada jodida oportunidad que se presenta para no tener que arrepentirte en un futuro, te empuja a poner de tu parte. Y te sientes como un puto enfermo, pugnando a ciegas por algo que ni siquiera sabes si es el fruto de tu imaginación. 

Quizá hasta ahora lo que tú creías oportunidades, era lo que en verdad era fruto de tu exacerbada imaginación, y no al revés. 

No quieres caer en la tentación de joder las cosas de nuevo. Dios Santo. Te sientes atraído hacia el fracaso por una falsa inseguridad. No. No estás inseguro. Estás temeroso. Sí. Miedo. Al final va a ser lo que es. Y no, no eres capaz en absoluto de pasarlo por alto. Bajo ningún concepto, porque vive contigo, duerme contigo, se ducha contigo, respira a la misma velocidad que tú. Ahora está ahí, y puedes verlo. Esperando a que cometas un error para reírse de forma exagerada y minarte. 

-…

No recuerdas su respuesta exacta. Quizá no tenía ninguna trascendencia. O quizá era demasiado perfecta como para que la encajaras bien, y tu cerebro directamente la obvió para ahorrarte el trago. ¿Sería capaz mi cerebro de algo así? Maldito hijo de puta.

Quédate con los detalles. En serio. Quédate con ellos. Da igual lo que signifiquen en realidad. Dales la interpretación que te salga, y llega a conclusiones que pueden no corresponderse con la realidad. Porque en el fondo, da igual. Esos detalles te están aproximando a un desenlace incierto. Hasta el último momento, vas a temblar, vas a liberar adrenalina en grandes cantidades, vas a sonreír yendo sólo en metro, vas a perder tu tiempo miserablemente. Todo por algo que… desconoces aún. Pero no te importa. Y no debería, porque el mejor momento, el más Perfecto, aunque te haya hecho vomitar miles de veces hasta llegar ahí, va a ser el previo a conocer el resultado de tus cábalas.

Respetar, es importante respetar. ¿Qué es respetar?

Me dan un poco de miedo las personas que no se sienten así en estos momentos. Porque no hacen más que calcular. Y se han olvidado de Sentir, y de vibrar. Y desperdician cada atisbo de casualidad que les brinda la única oportunidad que disponen para aprovecharlas, no disfrutándolas. 

Porque creo que es eso. Pura casualidad que esto pase.

Como es casualidad que esta historia tenga reflejo alguno en la realidad.

 

O igual no. Vete a saber.

_22:55

Coges el teléfono. Por fin te has decidido a llamarme. Por fin.

Paladeo el momento con delicadeza. Lentamente.

Biribiribirbiribiri! Biribiribirbiribiri! Biribiribirbiribiri!

Un teléfono me despierta de mi letargo. Joder, joder, joder, ¿eres tú? El pulso se me empieza a acelerar. No lo controlo, cada vez más nervioso. Empiezo a hiperventilar. O paro, o perderé el conocimiento en pocos segundos. Me tapo la boca.

Es el teléfono de casa. No era mi móvil, era el puto teléfono de casa. Maldición.

Putos sueños que continuan en la realidad. Continuan siendo eso, sueños, y nada más.
Y pensadas demasiado extensas.

_Nada

¿Notas como avanza la nada? ¿Lo notas? Ja ja ja…

Lo notas, pero no lo ves, porque no se puede ver, en efecto. Pero lo percibes. Cuando hablas con alguien. Cuando miras a alguien. Cuando intentas exponer una idea.

 

Lo sabes, pero no lo puedes demostrar, porque no se puede demostrar, en efecto. Pero lo tomas como cierto. Cuando tu dices A y los demás dicen B. Cuando no puedes evitar atravesar a la gente con los ojos. Cuando todo dios te mira con caras raras, casi de miedo. 

 

¿La oyes acercarse? Húndete en su obviedad o sigue hundido en tu mierda. Tú eliges. 

 

Yo creo que ya he elegido.