_Estertores #4

Estertores 4 ” Sangre Azul” ya es una realidad. Dentro de poco estará disponible para descargarlo de forma gratuita desde nuestra web, así como ejemplares físicos distribuídos de forma aparentemente aleatoria por la CAV.

Para más información:

http://www.estertores.net

http://www.facebook.com/group.php?gid=267970726314&ref=ts

Actualmente el grupo de facebook es la plataforma de información que mantenemos más actualizada.

Para cualquier pregunta o sugerencia, no dudéis en contactar.

Esperamos que os guste.

_Recycle

– Ya me has hablado de eso.

– Lo sé, lo sé. Sólo quería resaltar el hecho de que hace 2 semanas, no tenía ninguna gana o ilusión por escribir, y ahora siento que estoy demasiado productivo. ¿Sabes cuando repites sin parar la misma palabra mil veces y pierde totalmente el sentido?

– Sí.

– Pues eso.

– Es martes y son las 4 de la mañana. Dime lo que quieres de verdad o déjame dormir.

– …

– ¿Hola? Voy a colgar. Mañana trabajo, ¿Sab-

– Te hecho de menos.

_En otro tiempo fui más joven, pero no mejor (1 de 4)

Verano del 2000.

No sé porqué, cuando pienso en el año 2000, o en el 2001, incluso en el 2002, me parecen algo cercano. Después le resto 10 a mi edad, para calcular cuantos años tenía, y me cago en Dios.

Por aquél entonces, Cambrils, o más bien el sur de Cambrils (que si bien no era el pueblo en sí estaba bajo la misma jurisdicción) era zona de acuerdos cerrados en discotecas de esas a las que se entra bajando escaleras.

Aproximadamente 2 kilómetros a pié de playa de urbanizaciones más o menos agraciadas, minigolfs, ultramarinos, piscinas rebosantes de cloro. Pistas de tenis, parkings descuidados, campings llenos de alemanes. Campings abandonados, estos ya sin alemanes. En cambio sí con jóvenes españoles bebiendo al anochecer. Y caminos de tierra, junto al mar, junto a las playas artificiales creadas volcando en la costa cientos de toneladas de tierra y arena, traídas de la construcción del metro de Valencia, las ampliaciones de línea del tren de Barcelona y de la zona desértica del interior.

El escenario, ya os habréis hecho una idea, era una maravilla para gente con la imaginación despierta. Burdeles a los lados de la carretera nacional rodeados de más burdeles, algunos funcionando, otros abandonados. Hoteles absurdos en lugares absurdos. Gente que se levanta a las 6 de la mañana en vacaciones para plantar la sombrilla en la playa, y después se va a dar una vuelta por la ribera de un río seco que huele a heces.

Me gustaba pensar que ocurrían miles de crímenes en dichos burdeles y disco pubs cutres, así como en las habitaciones de los Night Inn de la nacional, y que todos los cadáveres acababan escondidos entre las cañas de la ribera del río, medio enterrados. Nunca vi ninguno, pero claro, tampoco planté una sombrilla a las 6, y la ribera, sólo la veía desde la carretera que la recorría en uno de sus lados, ya que baja ahí para volver a subir era algo estúpido.

Como todas las familias felices españolas de vacaciones en la Costa Daurada, teníamos un itinerario favorito, y una playa favorita, y unos vecinos favoritos con los que ir, junto con sus hijos, a cenar a nuestro restaurante catalán favorito. Allí sacábamos tablas de embutidos, y… es lo único que me acuerdo. De eso y de los pijamas de postre.

Recuerdo a Inma, y a Raimon. Los hijos de la hermana de la dueña (si no es así, disculpadme). Recuerdo que iban a ir a estudiar a mi mismo colegio, pero en Cambrils, lógicamente. Recuerdo que jugábamos con ellos desde hace años, pero claro. Inma y yo, éramos de la misma edad. Precisamente de la misma edad. Y creciamos a la par. Y ella era una chica. Y yo era un chico.

Sólo que claro, ella iba a ser una mujer impresionante, como demostró años después cuando la vi por casualidad a lo lejos, y yo era un niño gordete y desgarbado, con gafas enormes cubriendo mi cara. Nuestra amistad, como todas las amistades entre hombre y mujer, se vió enrarecida cuando empezamos a segregar hormonas. Nos mirábamos raro, y todo eso. Mi hermana y Raimon, por el contrario, bastante más jóvenes, seguían jugando ajenos a lo que ocurría entre Inma y yo.

Ahora, la verdad es que como colofón me gustaría decir: “Y fue nuestro primer beso, y fue muy bonito y lo recuerdo con cariño”.

Pero no. Nunca nos besamos. Perdimos contacto. No existía internet, no existían los teléfonos móviles. Creo recordar que apunté la dirección de alguna manera, hoy podría conseguirla en pocos minutos si quisiera, al menos la del restaurante. Pero tampoco importaría, porque el restaurante lo cogió otra gente, otra familia, y pasó a ser el favorito de cualquier otro pero no el mío, ni el de nadie de mi alrededor.

Cada verano, las cosas iban cambiando, pero ella siempre surgía en algún punto de mis sueños o pensamientos mientras estaba allí. Proyectaba su cara en la de cualquier chica que tuviera pinta de ser más o menos como ella, y confiaba en la baza de tener algo más de experiencia cada año. Pero nada.

La última vez que la vi, iba en moto por el paseo. Hace años la gente circulaba en moto por el paseo principalmente porque no estaba construído en su totalidad, con lo cual era difícil delimitar lo que era costa virgen (sigh) y paseo marítimo. Raimon iba de paquete. Yo iba andando ensimismado, agitando la arena del suelo a cada paso, unos 10 metros por delante de mis padres y mi hermana. Justo cuando pasaron, levanté la cabeza y la giré a tiempo de ver su perfil a escaso medio metro, y la sonrisa inconfundible de su hermano. Él se giró: me había reconocido. Yo me quedé viendo cómo se alejaban lentamente, e intuí que él le decía algo a ella, ya que se giró sólo un segundo, y volvió a mirar hacia atrás. Yo me quedé boquiabierto, maravillado.

Al menos Cambrils me guiñó un ojo después de todo, más allá de burdeles y demás atrezzo especulatorio.

Raimon e Inma. Espero que tengáis motivos por los que sonreír cada día.

_Breakdown

Lo primero que hago al conocer a una mujer es combinar sus apellidos con los míos.

Después, destruyo todo y me pego un tiro en la cabeza. Es de manual. Y aún así, no se puede evitar.

Hasta ahora, al menos.

_Mucho apreciado (Cartas para ellas, 5 de 5)

Bilbao, 5 de mayo de 2010

Querida X,

Hoy he soñado que follábamos. Otra vez.

Hay momentos en los que me arrepiento un poco de haber saltado del tren en marcha. No sé, me queda un regusto raro en la boca, pero por algún motivo, las mujeres no tenéis la misma concepción del tiempo, y ya sea por capricho o por lo que hemos vivido juntos, o cualquier otra cosa que se te ocurra, al final todo acaba patas arriba.

Y no fue menos. Entraron al salón de tu casa 5 kosovares encapuchados y sólo quedó intacto el plato de spaghettis que me comí antes de desaparecer para siempre, secuestrado por tus abusos del lenguaje y por mi gilipollez.

Me imagino que soy el cabeza de turco que cualquiera pueda desear para no volver a tener que buscar excusas nunca más. No pasa nada. Es comprensible. Yo mismo he llorado un poco en otros hombros, para después comerles la boca de forma totalmente desacertada. Pero ya no importa.

Verás: Estoy en un punto en el que, o me centro y vuelvo a ser persona, o entro, esta vez sí, no hay escapatoria, en una espiral de decadencia. Y créeme que no quiero, pero a veces sales y se complica todo. No lo entiendes porque estás casada y pagando una hipoteca, esperando tu tercer hijo. Pero bueno, yo te lo cuento, por los motivos que te he dicho en el segundo párrafo u otros que tengas a bien inventarte.

En realidad, el motivo de esta carta, no es contarte todas estas chorradas carentes de interés. En realidad, te quiero dar las gracias. He aprendido bastante desde entonces. A veces miro tus fotos y permanezco impasible mientras los momentos que se quedan grabados pasan ante mis ojos. Gracias por ayudar a construirme. No hay mucha gente a la que le pueda dar las gracias por esto. Tú eres una de esas personas.

Gracias.

PD: Z ha muerto en un tiroteo con la mafia china. Eso sí sabía que iba a pasar, no como otras cosas que no tenía ni idea.

Cuídate, o no.

Firmado,

Y

_Info teaser

Esta entrada carece de contenido literario, es sólo una referencia a los sitios con los que estoy colaborando.  (Para visitarlos pinchar encima del nombre en el post o en el blogroll, a la derecha)

El primero es Estertores. Algunos lo conoceréis ya, somos un grupo de personas, muchos bloggers, y es un fanzine totalmente literario (plaquette, si se prefiere). Texto puro, relatos basados cada vez en un tema común. Tal y como dice Shangai Jim, que también colabora en él: “Es TODO texto, la gente lo abre y sólo hay letras. No puede ser más punk”. Vamos a sacar el 4º número en pocos días. Todos los números se pueden descargar de manera gratuíta desde la web.

Después, por seguir un órden de algún tipo, sigue Granite and Rainbow. Revista literaria de momento exclusivamente online. En su primer número colaboro con una aproximación de lo que significa para mí el escritor Ray Loriga. La revista se puede descargar de manera gratuíta desde la web, y tiene casi 100 páginas de contenido. Cualquiera que disfrute leyendo disfrutará con esta revista, está hecha por gente que conoce a fondo de lo que habla (yo no me incluyo en ese grupo, tranquilos todos) y que sobre todo, lo disfruta.

Por último, por ser el proyecto de más reciente creación, está ¡bLaS! Proyecto literario de jóvenes exiliados de la Universidad de Deusto. Lejos de desistir, cogimos nuestras arrastradas ilusiones y decidimos establecernos como agrupación cultural. Bilbao Arte Literatura y Sarcasmo es el nombre completo. Aspiramos a editar una publicación periódica, trabajando cualquier vertiente de la literatura.

Espero que a alguien le sea de interés esta información, sobre todo para la gente que piensa que sus inquietudes no están representadas de ninguna manera. Puedo decir que las 3 agrupaciones están abiertas a colaboraciones, interesados pueden comentarlo aquí o a través de los mails de contacto de cada sitio.

_ST

De pequeño jugaba a que mis peluches y otro juguetes eran suicidas por norma natural. Era divertido evitar que se mataran, porque imaginaba esas muertes como algo de mentirijillas. Como cuando a Mortadelo y Filemón les ocurrían miles de desgracias y de una viñeta a otra estaban perfectamente sanos.

Era muy divertido, aunque quizá visto desde la perspectiva de los años, no lo parezca, e incluso sea siniestro.

Ahora muchas veces pienso que soy yo uno de esos animales suicidas. El problema es que no veo a nadie que pueda evitarlo, y que a veces ni me doy cuenta de que estoy desnudo frente a la bañera llena de agua y una tostadora de pan enchufada en las manos.

Otras veces arrancarme los ojos, sería más sencillo. Después me doy cuenta de que no ver, no me va a hacer entender lo que no entiendo. Y bajo esta premisa, ni siquiera tirarte de un puente de la autopista antes de que pase un camión es algo que pueda ayudarte en nada. Sólo un parche.

Como ponerme una camisa y una corbata y salir con mujeres cada día.

O como trabajar, y trabajar, y trabajar sin ningún tipo de mesura.

La vigilia me devuelve al punto de partida.

Siempre.

_Definitivamente, no (Cartas para ellas, 4 de 5)

Bilbao, 26 de Abril de 2010

Querida X,

Te escribo estas líneas desde la estación de tren. En pocos minutos cerraré el folio en un sobre, y lo echaré al buzón de correos de la estación. Después montaré en el tren. Y no te volveré a ver nunca más.

No intentes ponerte en contacto conmigo o lo sabré y no me gustará. No intentes nada. Simplemente haz lo que tengas que hacer. Cumple tus intentos de chantaje.

Pero hazlo sin ensuciar demasiado, y recuerda: cortes a lo largo del brazo.

Firmado,

Y

_Yo Nunca He (Cartas para ellas, 3 de 5)

Bilbao, 24 de Abril de 2010

Querida X,

Te escribo con cierta desgana, pero lo necesito. Necesito resolver las dudas que me quitan el sueño cada noche.

Hoy he ido a una fiesta con nuestros antiguos amigos. Esos a los que dejaste de lado. Para mí era la primera vez que les veía después de nuestro divorcio, así que me esperaba, al menos en parte, una serie de preguntas debidas más a la preocupación o pésame que a la curiosidad, pero que de cualquier manera, no me apetecía resolver: Para mí aquello todavía era muy reciente, prefería simplemente tomar un par de tés (he dejado la bebida, gracias) y distraerme un rato.

Llevaba ya 2 horas con ellos, y no había salido el tema aún. Podía confiar en su discreción, pero a la cuarta cerveza seguir manteniendo la compostura me parecía todo un récord, así que, por algún motivo, en cuando alguien hizo una referencia a tu persona – referencias que yo pensaba que hacían por mantener la normalidad en la medida de lo posible – dije que nos habíamos divorciado.

Todos me miraron. Yo miré mi taza.

Nadie hablaba ya.

Cuando levanté la vista pude ver cómo se habían quedado fríos, en el sitio, sin saber qué decir. Explique en 2 trazos los motivos, y entendí el regalo que me habías dejado como venganza: No habías dicho nada a nadie. Ni siquiera a Z, ni a W. Q me frotó la cabeza y fue a por otra ronda, otro té más para mí.

Como pudieron retomaron cualquier tema banal para salir de allí cuanto antes, supongo que con la esperanza de abordarme, esta vez sí, con preguntas, cuando todo hubiera pasado. En un par de días, o semanas.

Yo firmé mentalmente mi divorcio con la cordura y serví el té como si de un ritual suicida se tratara.

En fin, espero que estés bien, donde sea que estés.

Con cariño,

Y

_Cannabis (Cartas para ellas, 2 de 5)

Bilbao, 22 de Abril de 2010

Querida X,

Mi persiana está estropeada. Algo ha quedado atascado en el mecanismo, y no consigo cerrarla. Duermo cada noche receloso de la luz amarillenta que entra por la abertura. Me despierto al ritmo que decide el sistema solar.

Cuando te conocí, las noches eran cortas, y los días, también eran cortos. Mostraba claros signos de haber bebido, y me senté en tu mesa en un descuido de tus amigas, que se afanaban en criticar mi corbata. Te hablaba directamente a tí aunque contestara las preguntas de tus impertinentes acompañantes. Y nos fuimos todos al mismo bar.

Tus amigas me decían, “¿te gusta?” y yo contestaba, “bueno, sí”. Y recuerdo sus sonrisas de malicia mientras yo te hablaba de tonterías. Te acompañé hasta casa, y lo siento, pero como todas las mujeres, te preocupaba más lo que tus amigas pensaran que el hecho de que un desconocido te estuviera acompañando hasta la puerta de tu casa. Las jovencitas de hoy en día, no tenéis capacidad de valoración. Dijo el abuelo.

Allí, pelándonos de frío, vimos las luces de las farolas, que para esas horas, eran ya estrellas. Te ofrecí un abrazo y me dijiste: “estoy bien”. Como solías hacer, te fuiste a casa pensando que no iba a querer verte más, pero para tu sorpresa, hablamos para salir entre semana. Dimos un paseo, bebimos y después bebimos un poco más. Hablamos sobre muchas cosas.

No recuerdo ninguna de ellas.

Sólo sé que al final nos besamos y estuvo todo bastante bien.

Pasaron los días. Seguro que lo recuerdas. Nos centramos en hablar mierda cuando en realidad, teníamos tanto en común: supongo que éramos vergonzosos, o simplemente gilipollas. Yo te dije que a veces escribía, tú diste por sentado que era mierda, como el resto de cosas. Yo no dije nada más.

Me guardaba mis enfados de niñato consentido y tú te escudabas en tu madurez de niña mayor. Me hablabas sin mirarme: ya habías visto todo aquello antes.

De forma velada me fuiste contando cómo había otra persona. Yo sólo pude decir: “tienes que aclararte”. De mientras, no sabíamos besarnos y para que mentirte, aquello era bastante penoso.

Te hice chapuzas en casa, mientras me decías que en serio, no tenía porqué hacer aquello. “Ya no hace falta que lo hagas, si no quieres. Puedes irte como todos los demás” me gritaba tu mirada de cristal.

Se acabó la historia y murió sobre papel, y créeme que no hay forma peor para dejar morir una historia. Éramos polos opuestos que se repelían.

Al de un tiempo, quedamos de nuevo, con nuestro orgullo a cuestas. Te acompañé como solía hacer, y antes de que te fueras te besé en la frente y te dije: “no estás sola en esto”. ¿Lo recuerdas?

Te mentí. Como un auténtico hijo de puta, no te podía haber mentido de una forma más ruin. Todos estamos solos en esto. Hay que ser un cretino para no darse cuenta. Y espero que me creas de alguna forma cuando te digo que de verdad me gustaría disculparme, pero no puedo evitar verme como lo que era si intento siquiera mandarte esta carta de verdad. La doblaré y la quemaré con mi mechero, y el olor a papel quemado será la última noticia que me llegue sobre tí. Te irás y ya está.

Como cuando pasas por delante mío y tú eres demasiado orgullosa y yo demasiado cobarde. Como esas veces.

Mierda.

Firmado,

Y