Quiero 10 millones de plañideras en mi partida.
Author: theuc
_Next next next next
Es curioso cómo podemos vivir nuestra vida como si un asistente de instalación se tratara. Siguiente, siguiente, siguiente. Firme aquí. Marque esta casilla. Acepte las condiciones. Puede morir durante la operación, nosotros no nos hacemos responsables. Jódase después, usted y toda su familia.
Es curioso, como digo, poder vivir episodios que ni siquiera vivimos propiamente dicho. Más, más. Toma, posmoderno de los cojones. Y aún así, aunque queramos hacer de todo un mero paso, un diálogo con una máquina que es nuestra banal existencia, hay cosas que no podemos ignorar o dejar atrás sin quedar como verdaderos cerdos. Yo puedo tratar como la mierda mi persona, pero si hago lo mismo con el resto, entonces soy un hijo de puta. Y tengo que tener la cabeza fría y las manos bien quietas y aguantar las hostias mientras todo pasa, pero, ¿Sabes cuál es el problema hijo? Que nunca pasa. Nunca pasa o al menos no está en tus manos decir si pasa o no. Has caído mal en tu último salto, y mientras el resto de gente sigue son sus diálogos, el tuyo se ha quedado colgado, riéndose.
Y no puedes hacer absolutamente nada más que dejar que el tiempo pase, mientras compruebas que precisamente eso, el tiempo, tu único aliado, el analgésico más puro, ha dejado de funcionar como hasta ahora. Hasta él te traiciona.
Mira cómo pasa el tiempo con sus dientes. Dientes.
Qué duro es ser elegante. ¿Eh?
_Tedio
Repasar el lector de feeds es como ver un conjunto forzado de gente con la que tengo una relación (de amistad o de simple lectura mutua) dispuestos en forma de red o diagrama social. Muchos de ellos no tienen nada en común y nunca se conocerán (ni siquiera en lo que a la lectura se refiere) pero en esa lista de nombres en negrita con números entre paréntesis, todo forzosamente tiene relación, como digo.
En ella la gente recupera memorias y las plasma. Otros suben reiteradas imágenes de mujeres desnudas, de discos de música, de textos buenos o muy buenos y muchas veces malos, aunque tampoco tantas ahora que lo pienso un poco mejor café en mano. La mayoría, no escriben. No hay señales que indiquen que siguen con vida. Ninguno de ellos.
De estos, muchos han sido engañados ya por la vida misma. De los que todavía no hemos caído del todo en la trampa, algunos simplemente estamos tan perdidos como hace 6 o 7 años, momento en el que no era necesario esperar un email que cambie tu vida (sigh) o tomar decisiones demasiado importantes. Quizá qué beber ese fin de semana. Mh, sí. Esa decisión era importante de cojones.
Quiero desaparecer en los brazos ajenos de lo desconocido tanto como quiero hacerme una bola en mi coche y no volver a hablar con nadie nunca más. Tanto como que me hastía el proceso de envejecimiento y el del protocolo social.
Veo como el sueño se desmorona.
_Void
Siento La Nada avanzar y no puedo sino quedarme mirando. Ni puedo ni quiero evitar que me alcance, que me devore. Estoy desapareciendo lentamente de mi propio entorno, el que me ha creado y moldeado hasta lo que soy.
Ser egoísta es un apósito analgésico no sólo para mí. Para todos.
Para cuando ya no exista y la gente ni siquiera se acuerde al ver una foto mía en una red social.
_Imagen
Es de día pero el sol no pega en las puertas abiertas del pequeño balcón que se abre a la inmensidad de la ciudad. Tras una noche de desenfreno ridículo no estamos tan jodidos como deberíamos.
Sí estamos semi desnudos y suena con una calidad acojonante y por toda la casa The Space in Between, de How to Destroy Angels. Te levantas en ropa interior de la cama y descalza, y andas por el pasillo hasta la cocina. La cámara sigue tus pies desnudos mientras hacen “plic plic plic” por el parquet.
Yo me quedo mirando al cielo por el pequeño ángulo que me brinda mi posición, con un brazo colgando fuera de la cama y la cabeza al borde de la misma. Es muy leve el movimiento que tengo que hacer para fumar, y la brisa limpia enseguida el humo de cada calada. Oigo a lo lejos ruidos de vasos.
La brisa. Tus pasos. La ciudad.
_Long parfum
Ayer estuvimos tan cerca que acabo de darme cuenta de que todo mi cuarto huele a tí.
Pero tú eres una borracha y yo un caballero.
Y así nos va.
_Maldición!
Lo peor de todo aquello no era la impertinencia. Las salidas de tono. El miedo hecho dedo índice, y este a su vez Inquisición.
Lo peor era el cansancio.
Pensaba que si al menos tuviera un poco de tiempo, un rato en el que no tener que comunicarme con nadie, entonces podría descansar. A veces no hace falta ni dormir, basta un rato de burbuja. Y eso que, bueno, no me gustan las burbujas, pero aquella vez, era eso o perder por completo la cabeza.
A muchas personas les da por llorar al teléfono, yo simplemente trabajo a duras penas y me paro de cuando en cuando para escribir o beber más café. En definitiva, que se hacía necesario un rato privado, sin nadie golpeando la puerta o gritando por casa, sin nadie teniendo 12 años, sin nadie así. Pero no era posible.
Nos decían que era sólo un mes y que había que apurarlo hasta el final. Veo como de repente soy un jodido abuelo cascarrabias que no deja de dar indicaciones y toques de precaución. Qué pesado. Pero después de todo, soy el mayor. Quién iba a hacerlo si no. Cada uno tiene su rol, el mío es aguantar estoicamente la mierda y las gilipolleces, sin posibilidad de cometer el más mínimo error.
Él me lo explicaba con gracia, porque desde luego, eso es lo único que nos queda: reír. Y no distaba mucho de lo que yo mismo había podido dilucidar para mis adentros, aunque eso tampoco era ninguna sorpresa. ¿Cómo decirlo? Ni siquiera conocemos lo que tenemos delante de las narices, qué fácil es confundir la broma con el hartazgo y dejar que cualquiera que pase por allí con cara de pocos amigos se coma la mierda por los demás. Fácil y sobre todo cómodo, ya que la unidad del grupo no se rompe si a quien se excluye es el individuo diferenciado.
Por el que nadie va a levantar la voz, ni a sacarle la cara. ¿Qué os parece?
Admiro a los intrusos, a los espías, a los infiltrados que son capaces de aguantar el tipo. Yo me confío enseguida, bajo la guardia y después tengo que darme la razón a mí mismo, pero uno no siempre llega con la mano a darse palmadas en la espalda. Ni tiene el cuerpo para ello a diario.
Ella me decía: No habrá visto nada más. Sinceramente, soy demasiado viejo como para no darme cuenta de que algo rasca, jode, pero demasiado joven como para mirar a todos por encima del hombro. Los prejuicios sólo me han traído disgustos en la vida, aunque el acto de confianza que es en sí el asumir cierta… disciplina en una persona, tampoco me ha colmado de gloria. Pocos se libran. Pocos. Quizá yo tampoco esté en sus listas de hecho. Pero en fin, ¿cómo decirlo? pese a que escriba esto ahora, cualquier cosa que pueda hacerme alguien con sus palabras sólo deriva en magulladuras.
Quiero decir que a nadie le gustan las tonterías. Pero, como dice un cantante al que ya no escucho como antes, “si te paras a pensar de donde vienen, es sencillamente lamentable”.
_Cockblocking goods (Amor inútil, 3 de X)
El final lo marca ella, siempre. Siempre.
Y no es ese final, el que todos esperan. Es un Gran Final. Increíble. Reluciente ante cualquier luz. Ella lo marca.
Siempre.
_I
Sé cómo te sientes, Loriga.
_Wales: El hipódromo de Chester
Mañana voy a ir a las carreras de caballos por primera vez. Me lo ha propuesto un sevillano al que conozco desde hace unos días. Mi embotamiento me impedía recordar que vive al otro lado de la calle, junto con M, P etc.
El plan consiste en coger el tren e ir hasta Chester, que es un pueblo al norte con, por lo visto, un gran hipódromo. El plan consiste, en realidad, en beber, y quizá entre carcajada y carcajada apostar 5 libras a un caballo con la esperanza de que se conviertan en 300 y así poder pedir copas en vez de cerveza aguada asquerosa.
No puedo dejar de pensar en Bukowski, en su primera carrera de caballos. No recuerdo si en algún libro mencionaba algo de dicha primera vez, pero la verdad es que no recuerdo casi nada. Ni de mí, ni de dónde vengo, ni de lo que se supone que quería hacer con mi vida antes de llegar aquí.
Todos los papeles que acreditan que soy algo, han perdido el sentido al pisar este suelo. Cada segundo, sueño con ganarme la vida, si es que se le puede llamar así, escribiendo un relato o una canción. Veo trazos más o menos estables tras y ante cada persona con la que me cruzo, pero no soy capaz de ver qué puede diferenciarme de ellos más allá de gustos determinados a la hora de vestir o de follar.
El hipódromo no es más que otro grumo de tinta en el chorreo que entiendo por mis funciones vegetativas.