¿Sientes tú también cómo el pasado te persigue y el futuro se te escapa?
Uncategorized
_Detente
Atribuirse el discurso ajeno es una manera de efecto inmediato de tener una opinión sobre algo. Se puede construir sin descanso sobre esa atribución; se puede tirar tanta calle, cableado, infraestructura, tanta cábala, tanta historia, que al final hasta parece que has llegado tú mismo a esas conclusiones.
No cambiaría una cabaña de mierda hecha por mí con 4 palos húmedos por la mejor de esas edificaciones de poliespán.
_Hable después de la señal
Llevo 8 años confesándome aquí. Pero en realidad, no he escrito ninguna conclusión real. Las conclusiones que han tenido una trascendencia en mi vida tras ser deducidas, las guardo con recelo en algún sitio muy muy profundo. Muy oscuro.
No es una nueva época de oscuridad, no hay motivo por el cual ser sombrío. Sombrío. Hace 10 años, un profesor de la universidad me llamó sombrío delante de 94 personas. Claro que lo hizo porque le acababa de decir a la puta cara que se iba por las ramas en clase y que no estaba explicando absolutamente nada de contabilidad. No me interesaba en absoluto la materia, ni ahora tampoco, pero si mis padres estaban pagando su dinero y no me quedaba otra que aprobar su asignatura al menos esperaba que alguien me enseñara algo.
Supongo que tenía razón en cierto modo.
“No puedes saber cómo es alguien que acabas de conocer hace 2 minutos”
Claro que puedo. Puedo juzgarles por cómo se mueven, por cómo hablan, por cómo reaccionan. Puedo, y lo hago bien, además.
Una cosa es ser un sociópata, y otra tener alergia a la gente.
_Eight
Every one of us, decaying in a similar fashion, but in a different way.
Everywhere you´d wish to look it´s the same: matter in decay, lost minds disguised in whatever. Confidence, pride, beauty. All of it fades when you put on you pijamas at home, after every, single, day.
I am yet to realize that there is no path when you live off-road.
_TAKE COURAGE
Or whatever else.
_Memories or thorns?
I have a fixation for order. However, I am a fucking mess most of the time. They, The Sayers Of Things, say: Tidy house (room, desk), tidy mind. It doesn´t matter how much I tidy my room, believe me. It´s pointless, as my mind will remain quite broken and with the remarkable ability of jumping from one memory to the next as if it was set to random, as if every breathe in shook the entirety of that vast collection of past events (or made up events, or dreams, or hopes, or Who, The Fuck Giver, knows.
I am sitting in the middle of my room and I have a mess of different objects surrounding me. I had to label some boxes, DO NOT OPEN, FEELINGS INSIDE as they were too dangerous to handle without a safety net or a safety couple of bottles of wine. But those boxes, to be fair, I didn´t fear anymore. Now the situation was somewhat easier but overall equally fucked up. Memory, thorn, memory, thorn. The boxes I am on about, I never open. I never go back and sort through, being struck by those feelings that their lids warned me about. I never do it just in case, and I don´t miss it.
And even though I never do it and I don´t miss it, I always have to decide what goes in the bin or what makes its way to a different location for me to sort through again in a few months. Me, The Decider Of Things, cannot even decide even though I don´t give a fuck, or so I say.
I rather have bloody hands than internal bleedings.
_Recodos
Las extrañas desapariciones se sucedían cada noche. En el preciso instante en el que sus ojos se volvían incapaces de centrarse en la lectura y su cerebro se evadía de todo estímulo perdiéndose en ensoñaciones adolescentes, algo estaba destinado ya a desaparecer. Bastaba con levantar la vista para confirmarlo.
Otro hueco más que rellenar con mucho aire y recuerdos inventados.
Y vuelta a la lectura.
Pese a saber lo que ocurriría, no podía dejar de leer. Las líneas eran cómplices de su secreto, del tormento que recaía sobre su persona, ya embebida por completo en el crepúsculo de la asquerosa ciudad. Aún así no podía estar pendiente de la volatilidad de los muebles, al menos no cuando esa pesadez de ideas y reminiscencias vagamente evocadas reinaba en su cabeza.
Aquello pasaba, y ya está. Como los días. Que también pasaban, a veces lentos, a veces extraños. El silencio era el director de aquella orquestada rutina monstruosa e imparable, mientras que el público no dejaba de aplaudir. ¡Bravo!
Con tanta luz, durante las horas diurnas, medios y fines eran una amalgama de propósitos que servían a otros propósitos, e intenciones derivadas de ellos que no servían para nada. Había que hacer las cosas, como hay que cerrar los ojos al estornudar. Así que las cosas se hacían. Y podría mencionar su anhelada espera a la puesta de sol que indicaba el comienzo de la noche. Pero no lo haré, porque no había tal. La noche le sorprendía a diario, oculta siempre por la apatía hasta que la mentira de un día demasiado largo no podía sostenerse más.
Y vuelta a la lectura.
La rutina puede acabar por extenderse como un cáncer incurable que estrangula los alicientes de lo esporádico hasta incorporarlo a esa misma rutina. Y entonces, poco le queda a uno. Pero no era este su caso. En los libros encontraba las piezas perdidas de una vida tullida por el desencanto, y además recargaban sus ganas de seguir con la broma un día más. Sensación refrescante, por decirlo de alguna forma, que sólo se veía empequeñecida por la desnudez creciente de las paredes del cuarto.
Cuando ya sólo quedaba la cama en la que noche tras noche desataba su avidez imaginativa, por una vez no fue capaz de percibir ese movimiento fugaz aleteando encima de las hojas que indicaba que algo más se había ido para siempre. En ese momento, no se percató, pero mientras intentaba conciliar el sueño, se sobresaltó ante el descubrimiento y encendió la luz apresuradamente para comprobar los hechos.
Y así era. Todo permanecía igual de vacío, sin variaciones. Finalmente se dio por vencido y acabó por dormirse, aunque el descanso no fuera particularmente reparador.
Y así transcurrieron los ciclos de existencia del joven, que bombeaba aire y sangre y otras sustancias por los conductos de su cuerpo sin demasiado entusiasmo durante el día, y durante la noche, viajaba a otros lugares en los que tenía asuntos más importantes que atender. Se había acostumbrado a necesitar tan sólo una cama húmeda y fría para existir dignamente – o al menos en algún hipotético grado de dignidad – por lo que dentro de su vacío emocional, se puede decir que existía un equilibrio forzado que le aseguraba la cordura suficiente como para no morir de hambre o de frío.
Y vuelta a la lectura.
_Scratch, scratch, scratch, leave your nails behind, leave your trace, your disgrace.
I like to picture idiots as full time workers. Being an idiot to those around you implies an effort, a momentum, that cannot just be achieved casually for a particular situation. No. Being an idiot (any kind of idiot really – all of them could easily be accommodated within the spectrum of the triad oblivious-evil-arrogant) is a proper 9 to 5 job, with 45 minutes for lunch, overtime is allowed and paid for and annual leave is always sold to obtain additional idiotic time.
When a sociopath manages to go beyond the horizon of reality, they become idiots as well. Manipulation of people is an art, and it relies in not being caught doing it. When you have moved on onto a different reality, this awareness vanishes and all is left is clumsy idiocy, that helps incur in pathetic mistakes, perpetuating the mess and spreading it over everything and everyone.
But in this scenario, we have a mandatory Alpha creature that rule over all the idiocy. We have the idiot that never, ever learns. The Flat Circle Idiot. The Downward Spiral of Idiocy. Truce is not possible. You can only win by complete defeat.
There is a paradox about the Alpha Idiot though, and this is that for you to win, you need to jump into their Circle, down their Spiral, and finish it from the very inside. You need to expose your guts, your anger, your fear is now a blade that you swing ruthlessly at anything that moves. That´s it. You are part of it now.
Good luck making your way out of that sort of filth.
_Dante era un aficionado
_Tengo un agujero en la base del cráneo
[…]
En un momento dado, alcanzo la base de mi cráneo, sobre la nuca. Poso la mano despreocupadamente, no es más que otro gesto de incomodidad social, como cruzar las piernas, como encenderte un cigarro. Noto algo con la palma de la mano, así que deslizo los dedos hacia abajo lentamente.
Tengo un agujero en la base del cráneo. La idea en sí me ha pillado de improvisto y ahora estoy con los ojos como platos tentando el contorno de dicha abertura con los dedos: Es uniforme, será del tamaño de una moneda de 5 céntimos de Euro, aunque podría ser también del tamaño de una plaza de toros, no estoy muy seguro. Los bordes están perfectamente pulidos y el cuero cabelludo y el pelo, continúan hacia la parte interior del cráneo.
Está situado en el hemisferio derecho del cráneo. No me atrevería a señalártelo siquiera, este hueco es ahora mi máxima prioridad y única preocupación. Meto el dedo índice un poco, tan sólo la falange distal sin llegar a la articulación. No duele, no está húmedo, ni tan siquiera me mareo. Giro el dedo en el interior, apretando los dientes, con una mueca de asco que más que asco es cautela, no sea que toque algo que no debería y me quede como un vegetal el resto de la vida.
Pero nada ocurre, sigo andando por doquier y cada X metros recuerdo el agujero y repito el procedimiento, tentando su interior. Trato de taparlo empujarlo el pelo de alrededor en su interior, pero no funciona, el cuero cabelludo se reajusta y el pelo sale por sí solo, no hay nada que hacer. Sé que no funciona, pero intento esto 2, 5, 45 veces, mientras ando en círculos por esa terminal de aeropuerto buscando algo que no he perdido.
[…]
Me despierto y por un momento no sé exactamente qué año es. Después recuerdo el sueño, y aunque intento evitarlo, al final he de comprobar que no tengo un agujero en la base del cráneo.
Exhalo el poco alivio que me quedaba.