_Stockholm C (Sverige 1 de 3)

En los albores de un más que seguro fin del mundo tal y como lo conocemos, los locos que cantan ópera por la calle y amenazan con bolsas de supermercado a los viandantes, son los únicos que están preparados. 

Realmente no sé para qué, pero lo cierto es que nadie alrededor parece ver el mundo a su manera. Así que por eso, deposito en ellos mi confianza. Tienen información autoproducida. Es técnicamente imposible demostrar que esa información sea falsa. 

En fin. 

Riamos, mientras ella deja a las sopranos de mayor caché a la altura de la mierda.

Avanza el frío y se detiene el tiempo también, aunque solo a veces, cuando uno anda por Estocolmo. Con la cara tan fría que los músculos de la misma se bloquean al final de su recorrido. Muecas absurdas de turistas no menos absurdos.

Hay gente que no cae en la cuenta de la libertad adicional de la que se es poseedor al estar completamente solo, en una ciudad extranjera, helándose de frío. No conoces a nadie en esa ciudad. No conoces a nadie. Nadie te conoce.

A ratos, cuando no hay edificios increíbles que fotografiar, intento recordar para siempre las caras de mujeres con las que me casaría en ese mismo momento, o de imponentes hombres que caminan con porte elegante hacia o desde sus virginales lugares de trabajo escandinavos. 

Desisto.

Una vez en un aeropuerto, alguien bastante más sabia que yo me dijo el verdadero secreto de viajar: Disfruta como si fuera el último, imagina que es tan solo el primero. Que la deidad a la que rinda culto la tenga en su eterna gloria.

Sigo andando por Gamla Stan. Cada recodo esconde una sorpresa, cada cantón merece un lugar en tu memoria. Cada Guarda Real del Kunglinga Slottet merece un monumento a la resistencia humana por estar durante horas aguantando rachas de viento que arrastran temperaturas bajo cero, y fotos de turistas de todos los rincones del mundo.

Por algún motivo atraigo las miradas de las jóvenes ’emo’ que arrasan con todo en los innumerables ‘H&M’. Deben de haberme confundido con otra persona. O no.

Drottninggatan parece no acabarse nunca ante mis ojos. Puedes comprar 30 libros de segunda mano o cortarte el pelo. Ambas cosas por el mismo precio. 

Es decir, unos 30 euros. Si eres mujer puedes pedir un crédito, supongo.

Vill du gå ut?

No he usado esta frase. Bueno, casi, pero al final entraron en razón y nos pagaron la cerveza derramada.

Hay cosas que no cambian aunque te vayas al puto olvido. Es una especie de idioma universal.

Hasta hace una semana, en Norra Bamtorget estaba prohibido beber alcohol. Jag tycker an at prata meg dig.

Otra cosa es que no me quieras contestar.

 

(Este texto es el primero de tres, que en conjunto, son el producto de una semana de inspiración sueca. Y de otras cosas)

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