_so

And the sex, and the drugs, and the complications.

And the kisses, and the alcohol, and the what the fucks.

Advertisements

_Flashstand

Ah, joder, vale.

Escucho las alarmas previas a un bombardeo táctico nuclear sobre población civil que hice que me implantaran en el cerebro aquella vez. 

Estas alarmas, las accionan una serie de estímulos, que cada vez se dan más, situaciones que se repiten curiosamente de noche, curiosamente con un denominador común, curiosamente siento curiosidad. 

Un científico loco coge una probeta de pyrex y mezcla en ella los ingredientes necesarios para personalizar una única bala que no puede matar a nadie excepto a tí. Repite la operación varias veces, y arma con esta temible amenaza a personas con un único objetivo en sus vidas: acabar con la tuya. 

Conocen tus puntos débiles, sus lobotomizados sistemas nerviosos lanzan impulsos que actúan con precisión meridiana sobre tu incapacidad. De todas formas, piensas. Tampoco era tan complicado, piensas. 

Pero bueno, ¿qué dijimos sobre pensar, jovencito? Que nada de pensar. Que luego hay mucho, mucho más que pensar. 

En fin, estando en situación de Def Con Uno, por un momento, y desobedeciendo como un niño malcriado, piensas, y te despejas. 

Y notas algo. No mucho al principio, pero después se hace más notable. Así que vas al espejo del baño, y enfocas tu vista sobre él. Ahá. En efecto es lo que pensabas. Un brazo cubierto con lo que parece ser la manga de una bata blanca, coronado por una mano provista de un guante de latex te sale de la base del cráneo. 

La mano empuña una probeta de cristal pyrex llena de los ingredientes necesarios para personalizar una única bala que no puede matar a nadie excepto a tí. Y sin mediar palabra, y antes de que puedas reaccionar, te lo estampa en la cara desgarrando tus ojos, mejillas y labios y saturándolos con la temible amenaza, que tiene un único objetivo: acabar con tu vida.

_alcaloid

Ten cuidado con lo que deseas estando borracho. Puede ser lo que otra persona desea estando sobria.

 

#Bed tales Three: La marea.

Me dices algo al oído mientras avanzamos hacia la puerta de una especie de terraza, o balcón, o quizá sea la calle y yo estoy demasiado centrado en intentar escucharte. La puerta es estrecha. 

Tenemos que juntarnos mucho para pasar por ella a la vez. Más, más. Cada vez estás más cerca, y yo con la cabeza agachada para que no tengas que ponerte tan de puntillas. Y cada vez nuestras bocas más juntas.

Nos besamos, y tras un instante sale de mi boca un: “qué significa esto?”. Me cuesta creer que he sido yo el que lo he dicho. Y tu me dices que significa lo que significa, y decidimos ir a mil conciertos y obras de teatro. 

Y vas a aparcar tu coche, lo cual es curioso, porque tú no tienes coche. Y veo desde la acera como te subes a ella con una rueda, y luego el coche cae, y lo jodes entero por el lado que veo. 

Un segundo y apareces a mi lado, y no puedo si no hacer una crítica constructiva sobre cómo aparcar. Me espetas un: “Pero de qué hablas?” Mientras señalas tu monovolumen gris perfectamente alineado con la acera al otro lado de la calle. 

Me he equivocado de coche, después de todo. 

Mientras me miras y pienso en los quebraderos de cabeza que va a traer esto, y recuerdo que no eres de las que dan la mano, veo al fondo una isla pequeñita muy, muy cerca de  un acantilado. Cuando sube la marea, la gente se tira al agua, que queda prácticamente a la altura de la tierra, y nada unos metros hasta la isla, en la que se sitúa un pequeño bar. Cuando esto no es posible, los turistas usan un puente de cuerda y madera que ahora mismo está recogido en uno de los lados. 

¿Porqué iba a tener que darte la mano?

_caffeine

Resulta que, todo acto está impregnado de connotaciones suicidas indefectiblemente. 

Me sorprende no haberme dado cuenta hasta hace relativamente pocos años, que todo está conectado. Hoy en día, estas conexiones se plasman en diodos magnéticos en algún servidor sito en vete a saber donde, gracias a la red de redes. 

Y, joder. Da igual lo que hagas. Porque parece que vayas a tener que responder ante el tribunal de toda la sociedad, siempre, siempre, sin lugar a dudas. 

 

Pues ahora me apetece esto. ¿Y porqué no? 

 

#Bed tales One: Back to your place. 

Todo está borroso y aparecemos tú, tu padre y yo, llevando cosas hasta tu casa. Estamos subiendo las escaleras, no hay ascensor. Son terriblemente estrechas, y poco uniformes. Vamos prácticamente escalando hasta llegar. Al llegar a tu piso, El último, no puedo quedar más sorprendido. Las escaleras acaban en un extremo, sin otro tramo que lleve a la puerta, y ésta se cierne a la Pequeña Nada de 2 metros de caída hasta donde estamos.

Para entrar, hay que subir hasta la ventana del fondo, que queda más o menos a la misma altura que la puerta. Después, con cuidado, apoyando una mano en la pared de enfrente, y los pies en un pequeño alféizar decorativo, a pequeños pasos llegamos hasta la puerta y entramos de un salto. Una estancia bastante amplia, con 2 camastros grandes desvencijados, nos da una sombría bienvenida. 

Tu padre se echa inmediatamente en su cama y se duerme. Tú y yo, nos quedamos mirándonos con cara de doceañeros. Me sonríes, saltas a la cama como una niña traviesa pegando un gritito, es como si estuviéramos solos en la habitación. Te zafas de los pantalones sin usar las manos, y también te deshaces de la chaqueta. Contemplo tus piernas desnudas, desde la punta de tus calcetines de colores hasta unas bragas negras de cintura baja. Me sonríes. Te sonrío. 

Salto contigo a la cama y me quito la ropa. Nos abrazamos. Y no hacemos nada. Miramos por la ventana. La galería me recuerda a la casa de mi abuelo, en el pueblo. Con madera vieja pero resistente, y con aspecto de que se vaya a venir todo abajo. 

Te beso la cabeza. Descubro en la mesilla una especie de video consola portátil, y nos ponemos a jugar. 

Se oye un ruido en la otra habitación. Entra tu madre. Me da vergüenza hasta girarme. Se queda mirando la silueta dormida de tu padre, que en ese momento se despierta. La mirada viene a decir: “así que este es ese chico”. Es tan clara que hasta la oigo. En mi nuca. Me giro, sonrío tímidamente, y como con resignación, me da un beso en la mejilla que me deja marcados unos labios rojos de pintalabios. Me levanto y me apoyo contra un mueble.

Me sigues. Me quitas el pintalabios con la mano, sin demasiado éxito. No recuerdo nada más. Ni siquiera recuerdo quién me gustaría que fueras, desconocida.  

 

 

_huele

Huele a Issey Miyake usada exageradamente sobre cuerpos sudados que abusan de la cafeína y del etanol, y del speed y otras drogas, y huele a Sidonie cubiertos de farlopa en el backstage del sitio de siempre, mientras se toman la última, que como la anterior, no lo es, y huele a toda esa puta mierda que nos dijimos, y a coches robados y faltos de gasolina, a asientos reclinables y a copas gratis a cambio de sexo, y a las camisetas que me compré, y a banda ancha, y a tecnología punta que acaba con todo tipo de esperanza, y probablemente huele también a genitales, y a vino, y a gato, y a grasa, y a mentiras, y a gasolina, y a gilipollas.

 

Sobre todo a gilipollas. 

 

Sobre todo a que ahora puede que sea mejor o peor, pero al menos, es diferente.