_Estrellas

22:30, Northern Line, Chalk Farm, Morden via Bank

Estás apoyada al otro lado de uno de estos armarios con sabe Dios qué dentro que hay en algunos andenes. Ya te he echado un par de miradas, y ya te has dado cuenta. Ni soy ni quiero ser el mejor espía. Decido que me voy a terminar mi bebida energética mirando al frente, pero es mentira.

A ratos, se me acerca un hombre echado a perder por el alcohol. “… Euston …” – “You need to go to Euston, mate? Just take the train after the next one.”

Se me queda mirando.

“How the fuck would I know, I am pissed.” farfulla.

Se larga y aprovecho para echarte otra mirada o 100, y después nos sentamos prácticamente el uno enfrente del otro. No seré un experto en mirar a mujeres, pero para otras cosas, soy extremadamente perfeccionista. Sé que tengo 10 minutos exactos hasta Angel, y sé que necesito 30 segundos para liarme un cigarrillo. Nada más montarme en el tren empiezo a liarme uno para tener algo con lo que protegerme.

Durante los siguientes 6 minutos, alternamos miraditas e intento averiguar de qué parte del mundo eres. Seguramente rusa. Llevas botas negras, medias con estrellas, falta negra y una chaqueta de cierre cruzado, también negra. Yo voy hecho un cristo negro también, recién salido de un concierto, apestando a cerveza y a alcohol.

En un momento dado, una mujer mayor procede a sentarse pero no le da tiempo antes de que el tren comience a moverse. Está dos asientos hacia mi derecha, en medio hay un tipo que al ver a la mujer literalmente caer sobre él, no hace absolutamente nada. Se calla – estaba hablando con su amigo – y se hace una bola compacta, con los brazos pegados al cuerpo, dejando que la pobre mujer caiga más y más a medida que el tren acelera.

En el último momento la sostengo por la espalda y el tren adopta una velocidad estable, lo cual le permite incorporarse y me lo agradece. Miro al tío de mi lado. Es como si hubiera sido violado en la cárcel o algo así. La mujer sonríe mientras se sienta, y yo me quedo pensando que este capullo es un gilipollas, pero qué se le va a hacer.

Tú has visto todo desde tu asiento y sonríes, mirando al frente fijamente.

Te bajas en Angel, y permaneces como a 5 metros de mí, hasta que salgo de la estación y te pierdo. No te veo en el club en toda la noche, así que me imagino que habrías quedado con alguien.

A eso de las 3 de la mañana decido que ya he tenido bastante y salgo del local camino a la estación de buses. Veo a una pareja contra la pared del edificio, y reconozco algo familiar en la imagen: Unas medias negras con estrellas.

Entonces esto me descoloca un poco, porque los novios no se besan contra la pared. Las parejas estables a las cuales les da igual que les vean, a las cuales cómo se puedan sentir los demás se la trae al pairo, no se besan contra un edificio. Porque pueden hacerlo sobrios, en mitad de la calle. Así que asumo que estás como una cuba y que acabas de conocer a este tipo, y ahí estáis.

Sonrío y evidentemente no me ves, pero sonrío para mí mismo, así que no pasa nada. Llego al bus y me monto. Tengo un cambio en Museum Street, así que me bajo y cruzo la calle para coger otra línea de bus.

Y entonces ocurre. Apareces en la parada de bus, mirando apresurada la cartelera. No han pasado ni 20 minutos desde que te he visto en Angel y eso significa que literalmente, en cuanto he doblado la esquina te has disculpado con aquel tío y has salido corriendo.

Obviamente ni me ves ni puedes verme, pero yo estoy en con una sobredosis de cafeína importante y necesito fijarme en absolutamente todos los detalles. Y ahí te vas, en el N98 a Holborn. Estábamos en Holborn ya. Quiero decir, ese autobús iba a hacer 2 paradas más como mucho antes de llegar a término.

Y eso es todo.

Qué haces.

 

_Mártir

“No te entiendo, tío”

“Cada uno tiene sus rituales personales. Yo he adoptado este modus operandi. No es fácil de entender ni de cumplir, pero es así”

“Es verdad, no es fácil…”

_Puro texto sin cortar

Coventry, UK. 

 

Sólo Dios Ocurre sin precursores del hecho. Dios Es y Ocurre al mismo tiempo. No necesita ni Causas ni nada similar. Dios es un Epoch en sí mismo, la antítesis del Hecho y la corroboración del mismo. Por eso Dios es Dios, y no una norma empíricamente demostrable. 

 

En ocasiones, las Causas de un Hecho desaparecen. O al menos, amenazan con desaparecer. Pero entonces, un ser humano más, no se convierte en Dios. Se convierte en algo Raro. Qué eres. No eres un alma en pena. No eres especial. No eres nada de eso. Eres simplemente otra persona más, errando sin rumbo alguno, quizá con un pequeño plano escrito en una servilleta de papel húmeda con rotulador Carioca.

 

Vamos, exactamente lo mismo que un ser humano con Causa. Un absoluto desastre y un sinsentido de la evolución. 

 

Abocados a la razón, que no es más que terrorismo contra uno mismo y contra todo lo que nos rodea. 

 

Quiero ser un Mártir en vida. He de serlo. 

 

_Japón

Japón, año 2021

 

Estoy borracho en Roppongi. 

Quiero decir. Estoy en Roppongi. Estoy borracho, sí. Pero nada que ver con el resto de gente del Karaoke Bar. Los asiáticos no metabolizan el alcohol como los caucásicos. Simplemente sus cuerpos no pueden hacerlo aún del mismo modo. 

Sus cuerpos no pueden hacer muchas cosas del mismo modo.

Estoy sentado en un taburete en la barra. Llevo la misma camisa negra, exquisitamente planchada, que aquel día en Londres en 2014, cuando te conocí. Recuerdo la camisa, la distinguiría entre mil millones de camisas idénticas. 

Voy por mi novena cerveza, y el cenicero que tengo a mi derecha requiere ser cambiado por el camarero cada 25 minutos. Las dos últimas veces los he contado, segundo por segundo, mirando al reloj de la pared. Cuando sostengo mi rollie en alto, apoyando el codo sobre la barra, por obtener algún tipo de imagen de algo en mi persona, o simplemente por que me de el humo directamente en mis cansados ojos, que permanecen detrás de las mismas gafas que me compré en Bilbao hace ya 5 años; no puedo evitar ver las pulseras que penden de mi muñeca derecha. 

Hacía muchísimos años que no llevaba ninguna pulsera. La primera, la más grande, que pende de forma más o menos molesta sobre el resto, es una de esas pulseras tácticas fabricadas con paracord y que puedes desenrrollar para obtener una especie de soga de unos 10 metros, con una resistencia en seco de 150 kilos. también tiene un puto silbato, por si te apetece tocar los cojones. 

Bajo ella, como digo, están las 3 pulseras que me regalaste. Sólo tú sabes lo que significan. Nunca me lo dijiste, y nunca te pregunté. 

Llevo las últimas 4 horas aquí viéndolas de golpe cada vez que me olvido, y durante un periodo de tiempo eterno cada vez, divago sobre todo lo que fue y todo lo que pudo haber sido. 

Las ideas se apelotonan en mi cabeza, en parte por el lío que tengo en ella, en parte por las Sapporo Special que produjeron con motivo de la reapertura de la fábrica de Fukushima. 

Recogiste mis pedazos y mi mierda y mis malas formas, después de ver qué es lo que hacía con mi vida. Yo no entendía nada. Te miraba mientras descorchaba otra botella más de vino en mi habitación, y pensaba que todo podría ser contado esa misma noche mientras bebíamos. Pero tú no te ibas. 

Nunca te fuiste. Agarrabas mi brazo, mi hombro mi codo mano antebrazo bíceps, tríceps, agarrabas mi polla, agarrabas mi espina dorsal pero milagrosamente no mis huevos. Nunca los tocaste. “Son enormes”, decías, borracha como una cuba. Me imaginaba que eras una niña inocente que me había dado las fuerzas necesarias para creer en Dios y salvarla de la desgracia que es el Mundo, pero en realidad tú fuiste quien me salvaste. 

Me salvaste de mi mierda, de mí mismo. Me salvaste de Londres. Me salvaste del terrorismo internacional. Me salvaste del tedio del trabajo. Me salvaste, curiosamente, del alcohol, porque beber contigo era beber con Jesucristo mismo, no era beber, era un acto de bondad, era una terapia por fin. Por fin beber era una terapia válida, durante la cual te podía mirar a los ojos y por primera vez en mucho tiempo, no me daban ganas de vomitar o de soltarte un par de codazos en la cabeza.

 

Tú me salvaste. 

 

Para después irte para siempre. 

 

Y aquí estoy, en Roppongi. Estoy en el mismo sitio en el cual me dejaste. No me diste instrucciones, no me avistaste del después. Simplemente todo acabó para ti y yo me quedé ahí como un niño sólo y en pañales, cuestionando nada y todo al mismo tiempo, y bebiendo demasiado rápido. 

 

Me dejaste en Japón hace ya 554 días. 

 

Voy a estar de luto por Siempre Jamás. 

 

 

_Def Coast

Llevo semanas sin soñar. Llevaba. Hasta esta pasada noche. 

Ha sido genial y horrible al tiempo. Algunos episodios eran trepidantes, emocionantes, cargados de mensaje.

A veces estaba huyendo con un grupo de científicos y teníamos que construir inventos a medida que avanzábamos. Otras éramos unos prisioneros occidentales en Oriente Medio, y hacíamos buenos amigos al ser liberados por un grupo guerrillero. 

Y luego estaban en los que salías tú. Todo era increíble y vívido y perfecto, y defendíamos nuestra fortaleza de “algo” usando armas de fabricación casera. Yo tenía una especie de escopeta hecha con alambres. 

Tú tenías una ballesta. 

En un momento dado hay algún tipo de brecha en el perímetro de seguridad, y se empiezan a oír gritos. Voy estancia por estancia asegurándome de que nadie se haya escondido hasta que les veo venir. Otros 2 compañeros tienen detenido al intruso. Uno de ellos además lleva tu ballesta en la mano. 

“La ha matado”. Dice. 

“Está muerta”. 

El hijo de puta al que llevan agarrado está sonriendo y se dirige directamente a mí, entre risas, hablando sobre no se qué historias. No le estoy escuchando. Quiero salir a por ti pero no me dejan. Tengo un pitido horrible en los oídos, me está reventando. Los dientes apretados, noto la fricción de las muelas desgastándose, a punto de quebrar por la presión de la mandíbula. 

Le doy un puñetazo en la cara. Nada ocurre, el tío sigue sonriendo. Sólo estamos él y yo, es un plano paralelo privado en el que nadie más puede ver lo que está ocurriendo pese a estar rodeándonos. 

Este hijo de puta acaba de matarla, y está aquí riéndose. Le casco un uno y un dos, y otra vez un dos, y el tío me agarra para que no le pegue más pero sigue riéndose. No entiendo lo que dice, de su boca no sale nada inteligible. 

Aprovechando que me está agarrando tiro hacia atrás y cuando compensa el peso para no caerse inmediatamente le pego un empujón con todas mis fuerzas, que hace que caiga de espaldas contra el cemento conmigo encima. 

“Buen movimiento”

Le intento reventar a puñetazos pero se cubre muy bien. Veo su puta sonrisa en mi cara, su total falta de arrepentimiento me está destrozando. No puedo seguir viendo esos dientes ni un sólo momento. 

Localizo un adoquín suelto junto a su cabeza, y lo cojo con la mano. Le cambia la expresión inmediatamente. Me aseguro de tener la piedra bien asida, y empiezo a golpearle en la cara. Siempre golpes por debajo de la nariz, no quiero matarle por error. Golpeo y golpeo, y los dientes van soltándose al reventar la encía. 

Todo está completamente cubierto de sangre, y su risa se ha convertido en un lamento. Pero no intenta zafarse, simplemente está hecho un ovillo de miseria recibiendo las ostias. Le deshago la mandíbula inferior a golpes, no queda nada en su boca más que una pulpa sanguinolienta y trozos de dientes. 

Escupe y hace gárgaras con la sangre para poder respirar, y entonces me levanto y tiro el adoquín. 

Y ahí me he despertado. Y menos mal, porque si en el sueño ya ha sido bastante horrible recibir ese tipo de noticia, no quiero ni pensar qué hubiera pasado si hubiera sido la vida real.

A quién le voy a destrozar la cara. 

 

 

_Supreme

It is so complex. It is so simple.

I could slaughter the whole thing, tear it apart brutally yet methodically, not leaving the slightest trace of flesh stuck to the bone. Blood everywhere.

I could be a private investigator, I could be The Prophet, the visionary that guesses impossible guesses and guesses right.

But then, I would be the saddest, most miserable person on Earth.

And still, knowing this, when the feeling that I am being laughed at flourishes again I cannot but immerse in an ocean of leads and thoughts and facts that eventually evaporates in a nanosecond at an horrendous temperature into a desert of Conclusions.

No one likes chewing sand.