_Def Coast

Llevo semanas sin soñar. Llevaba. Hasta esta pasada noche. 

Ha sido genial y horrible al tiempo. Algunos episodios eran trepidantes, emocionantes, cargados de mensaje.

A veces estaba huyendo con un grupo de científicos y teníamos que construir inventos a medida que avanzábamos. Otras éramos unos prisioneros occidentales en Oriente Medio, y hacíamos buenos amigos al ser liberados por un grupo guerrillero. 

Y luego estaban en los que salías tú. Todo era increíble y vívido y perfecto, y defendíamos nuestra fortaleza de “algo” usando armas de fabricación casera. Yo tenía una especie de escopeta hecha con alambres. 

Tú tenías una ballesta. 

En un momento dado hay algún tipo de brecha en el perímetro de seguridad, y se empiezan a oír gritos. Voy estancia por estancia asegurándome de que nadie se haya escondido hasta que les veo venir. Otros 2 compañeros tienen detenido al intruso. Uno de ellos además lleva tu ballesta en la mano. 

“La ha matado”. Dice. 

“Está muerta”. 

El hijo de puta al que llevan agarrado está sonriendo y se dirige directamente a mí, entre risas, hablando sobre no se qué historias. No le estoy escuchando. Quiero salir a por ti pero no me dejan. Tengo un pitido horrible en los oídos, me está reventando. Los dientes apretados, noto la fricción de las muelas desgastándose, a punto de quebrar por la presión de la mandíbula. 

Le doy un puñetazo en la cara. Nada ocurre, el tío sigue sonriendo. Sólo estamos él y yo, es un plano paralelo privado en el que nadie más puede ver lo que está ocurriendo pese a estar rodeándonos. 

Este hijo de puta acaba de matarla, y está aquí riéndose. Le casco un uno y un dos, y otra vez un dos, y el tío me agarra para que no le pegue más pero sigue riéndose. No entiendo lo que dice, de su boca no sale nada inteligible. 

Aprovechando que me está agarrando tiro hacia atrás y cuando compensa el peso para no caerse inmediatamente le pego un empujón con todas mis fuerzas, que hace que caiga de espaldas contra el cemento conmigo encima. 

“Buen movimiento”

Le intento reventar a puñetazos pero se cubre muy bien. Veo su puta sonrisa en mi cara, su total falta de arrepentimiento me está destrozando. No puedo seguir viendo esos dientes ni un sólo momento. 

Localizo un adoquín suelto junto a su cabeza, y lo cojo con la mano. Le cambia la expresión inmediatamente. Me aseguro de tener la piedra bien asida, y empiezo a golpearle en la cara. Siempre golpes por debajo de la nariz, no quiero matarle por error. Golpeo y golpeo, y los dientes van soltándose al reventar la encía. 

Todo está completamente cubierto de sangre, y su risa se ha convertido en un lamento. Pero no intenta zafarse, simplemente está hecho un ovillo de miseria recibiendo las ostias. Le deshago la mandíbula inferior a golpes, no queda nada en su boca más que una pulpa sanguinolienta y trozos de dientes. 

Escupe y hace gárgaras con la sangre para poder respirar, y entonces me levanto y tiro el adoquín. 

Y ahí me he despertado. Y menos mal, porque si en el sueño ya ha sido bastante horrible recibir ese tipo de noticia, no quiero ni pensar qué hubiera pasado si hubiera sido la vida real.

A quién le voy a destrozar la cara. 

 

 

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