_Espejos

Los espejos. Sucios traidores.

De verdad, os odio. Vaya mierda de imagen, vaya mierda de sensaciones que proyectáis en mí.

Un día estás a punto de correrte a las 8 de la mañana, y después, en otro momento no tan lejano, te sientes mujer de lo pequeña que tienes la polla.

Y no lo puedes evitar.

No paran de volcarte lo que se supone que eres.

Y qué, qué, qué, QUÉ MIERDA SE SUPONE QUE SOY. EH. QUÉ.

No será más que tu puta idea idílica, espejo de mierda. Farsante fariseo traidor. Hereje.

Por Dios. Es que no hay manera, no hay una puta FORMA de ALGO.

Y dale. Que no quiero que me entiendas. Sólo que actúes como si existiera de verdad, y no fuera más que un reflejo que rebota solo a veces contra tu filo.

A veces me he parado al despertar delante del espejo de mi cuarto. No deja de ser cabrón por estar en mi cuarto. Pero me quedo mirándolo.

Con los ojos todavía incapaces de enfocar nada, hechos mierda, con flemas y mocos, se ha ido la luz en algún momento de la noche y el reloj parpadea marcando una hora totalmente absurda e inútil. Y no he visto nada. Me he llamado feo, me he llamado tonto, me he llamado cobarde. Y no he visto nada más.

Después, me he duchado, y el espejo del baño me ha mirado el culo y me ha guiñado un ojo. Después me ha rozado la polla sutilmente, como que sí pero no, y yo he sonreído como un verdadero fantoche. Y así me he ido al trabajo, sin pena ni gloria, sino todo lo contrario. Confundido, atiborrado de falacias reflejadas en las paredes de mi propia casa. Y se me ha vuelto a olvidar la botella del agua.

Baja y sálvame.

Y eso fue un miércoles de San Patricio, y salí hasta las 5 de la mañana. Estuve en irlandeses con gente bien, estuve en pubs con ejecutivos, estuve en bares de copas de poca monta, y después fui a tocar persianas con mi gorro de Guiness de mierda, a ver en qué baño había espejo. Todos los baños me recorrí. Todos tenían espejo. Y en todos me veía llorando, pero no era yo el que lloraba, y no entendía absolutamente nada.

Al salir, me vi reflejado en los charcos, en los escaparates, en las lunas delanteras de furgonetas antidisturbios paradas en los semáforos. Y en todas me sonreía. Mi cabeza era un jodido cubilete llenos de dados hechos de hielo y cansancio, que se deshacían con el tiempo y se rehacían con las miradas. Y no paraban de sonar, pero la tirada siempre, siempre era incierta.

Y yo no era más cierto, pese a estar con un vaso de cristal medio vacío parado mirando cara a cara a 6 policías antidisturbios, que me dieron una paliza y ni se molestaron en detenerme.

Después, me enteré que al de poco tiempo unos sicarios bolivianos los ajusticiaron por un tema de drogas. Vendían los medios gramos de farlopa que confiscaban a los chavales en Iturribide. Los vendían cortados con mefedrona a cantidades absurdas. Tiene que ser acojonante que se te echen encima 2 GMC negras en mitad de un tunel y que te vacien 7 cargadores a bocajarro. Acojonante.

Mi cuchilla de afeitar sí que me vacía cargadores a mí. Me vacía hasta las ganas de lo que sea que me de ganas de algo.

Y además, me corta la cara. Me corta y no cierra la herida en 5 horas. O 6 o 1000. Que me da igual.

Que me pongas otra puta cerveza, que aún queda mucho para el fin de semana.

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2 thoughts on “_Espejos

  1. Tu reflejo aparece, bello y nitido, en el espejo de mis ojos al leerte.
    Camarero, ponga otra ronda a este chaval.

  2. Gracias chose.

    Me queda esta barrera para que alguien me vea con buenos ojos aún. Nada más lejos.

    Pero bueno, gracias de todas maneras por pasarte.

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