_Gracias!

Mierda, la de ayer fué gorda.

Mientras me incorporo haciendo esfuerzos por no vomitar, cojo el primer recipiente a mi alcance con líquido y me lo bebo. Reprimo una arcada cuando el tequila destruye toda opción de vivir hasta los 70. 

En la ducha intento recordar cómo he llegado, pero me es imposible. Este absurdo dolor de cabeza está empujándo mi cráneo de dentro hacia fuera, y en cualquier momento va a reventarme la cabeza, dejando un bonito recuerdo para los bomberos que echen abajo la puerta de mi apartamento para entrar por el mal olor. 

Camisa, pantalones, corbata. Tabaco, mechero, resaca. Ya tengo todo, vámonos de aquí. Abro la puerta y mapeo en mi mente los recodos de la escalera, para poder moverme a través de la oscuridad que reina en el descansillo de mi piso. 

Doy un paso.

Caigo al suelo rompiéndome el labio superior contra las baldosas. 

-¡Me cago en Dios!

Me incorporo dolorido y veo que hay algo entre la puerta y yo, ayudado por la claridad proveniente de mi piso. A medida que mis ojos se acostumbran a la oscuridad, adivino la silueta de un hombrecillo en el umbral. Le he despertado al pisarle la cabeza o un brazo, quién sabe, para después partirme la cara contra el suelo. Jadea asustado.

-Qué… demonios…

-Raúl.

-¿Sabes mi puto nombre?

-Ra-Raúl… to-toma.

Para ese último “toma” ha sacado decisión de Dios sabe donde. 

Me tiende una caja de madera del tamaño de una ídem de zapatos. Me enciendo un cigarro. Necesito algún tipo de barrera contra el cúmulo de situaciones absurdas que me ocurren. 

El tipo se incorpora, se levanta, y enciende la luz del descansillo. Entonces desde el suelo le veo. 30 como mucho. Barba de un par de días, cara de haber desayunado barniz la última semana. Traje negro. Escuálido, casi enfermizo. 

-Quién…

-Gracias, Raúl. 

El tipo casi salta por encima de mí y baja corriendo las escaleras. Oigo a lo lejos la puerta del portal cerrándose sonoramente. 

Tras mirar un segundo la caja que sostengo en mis manos, me tumbo de espaldas y paladeo la sangre y la nicotina. Poso la caja en mi estómago, y cierro los ojos. 

Gracias, Raúl. 

Gracias.