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Tras la desbandada general de toda compañía con la que estuve la mayor parte de la noche, primero, un tipo estaba empeñado en que las mangas de una sudadera de alguien que colgaban sobre su cabeza eran unos “patucos de bebe” y hacía incapié en que se estaba quedando todo flipado etc etc. Después, otro individuo me aseguraba que no debía preocuparme, que antes de que nadie me diese de ostias por lo que fuera, me las daría él.

Genial, alguien ha vuelto a confundir la cerveza con el peyote. Eso o el agua de lavar los vasos tiene cólera.

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