_Comfort Zones

ARE U COMFY?

Spat on my eyes the graffiti in front of a super massive council estate complex in Bermondsey. Was I? Well, most likely no, I wasn´t. Not at the time, for many reasons. I don´t particularly seek to analyze those reasons right now, as per they belong in my recurrent set of mind activity only and there is no point in advertising them here, or anywhere for that matter.

However, even if I ignored these things, I still wasn´t comfortable. And I am not yet.

There is no words to describe how much I despise the modern social conventions created to give individuals the ability to overcome lack of life fulfillment. You name it: God. Charity. Viral online campaigns.

Fuck off with this stuff already.

My comfort zone is in a place where only a few people can go, in a place where I don´t need to live to anyone else´s standards anymore. I accept my incapacity to overcome world´s injustice, and I refuse to be content with the mainstream trend of selective altruism that serves only one purpose: Save one´s ego from that same incapacity.

I live in acceptance: The World is hell, the world is war, the word is a disgusting joke yet I love to be alive and appreciate the moments of rare beauty that I happen to come across.

Deception is for the weak and the fake.

_No me pilla desprevenido

Juzgar es muy fácil y rápido, es prácticamente inevitable. Todos lo hacemos. No lo veo como algo necesariamente negativo, aunque si es verdad que es más sensato guardarse los juicios rápidos para uno mismo y no compartirlos a las primeras de cambio.

Hay personas con las que se pueden discutir estos temas, y la continuidad del juicio, forma una opinión. A más factores, a más tiempo de observación, más veraz – hipotéticamente – podemos decir que es esa opinión. Hasta llegar a la certeza.

Hoy en día, por una cosa o por otra, por cómo se han desarrollado mis facetas laboral y personal etcétera, poco me sorprende. En momentos de crisis, no hay nada como poder decir “ah, ya” y ver corroboradas las sospechas que han estado presentes en la vida de uno durante años. Desde que era un crío.

Es una sensación de victoria total. “Lo sabía”.

El problema es que no sirve de nada el “saberlo”, no sirve de nada, aparte de otorgar cierto grado de satisfacción personal. La crisis va a seguir ahí, y vas a tener que convencer a un idiota de que está equivocado, y, amigos, no hay nada más tedioso en este mundo que discutir con un idiota. Da igual el tono empleado, los argumentos blandidos: todo es inútil.

Y en esas vamos a vernos involucrados más pronto que tarde, por desgracia.

_Bouncy balls

You cannot kill a feeling by shooting it right in the head and walking away. Be certain that it will follow your trace back home and hit you back hard, just as you were about to fall asleep, right before you rinse the shampoo off your eyes, while you are trying to read that book that has been by your bedside for the last year and a half

The only way to kill a feeling is to help it kindly to the floor and kneel next to it, while it looks back at you in a daze of confusing discomfort. And then while you reassure that everything is going to be ok, then you grab it by the throat and hold on to it, tightening the grip gradually until blue arises all over its lips and cheeks. You grab the neck of the bastard and whisper “it’s ok. It’s all good” and stay there even if it gasps even if its claws dig in deep in your forearm or face.

You cannot escape from your feelings without making sure that they are not breathing anymore, without full-time involvement in their death.

_Detente

Atribuirse el discurso ajeno es una manera de efecto inmediato de tener una opinión sobre algo. Se puede construir sin descanso sobre esa atribución; se puede tirar tanta calle, cableado, infraestructura, tanta cábala, tanta historia, que al final hasta parece que has llegado tú mismo a esas conclusiones.

No cambiaría una cabaña de mierda hecha por mí con 4 palos húmedos por la mejor de esas edificaciones de poliespán.

_Hable después de la señal

Llevo 8 años confesándome aquí. Pero en realidad, no he escrito ninguna conclusión real. Las conclusiones que han tenido una trascendencia en mi vida tras ser deducidas, las guardo con recelo en algún sitio muy muy profundo. Muy oscuro.

No es una nueva época de oscuridad, no hay motivo por el cual ser sombrío. Sombrío. Hace 10 años, un profesor de la universidad me llamó sombrío delante de 94 personas. Claro que lo hizo porque le acababa de decir a la puta cara que se iba por las ramas en clase y que no estaba explicando absolutamente nada de contabilidad. No me interesaba en absoluto la materia, ni ahora tampoco, pero si mis padres estaban pagando su dinero y no me quedaba otra que aprobar su asignatura al menos esperaba que alguien me enseñara algo.

Supongo que tenía razón en cierto modo.

“No puedes saber cómo es alguien que acabas de conocer hace 2 minutos”

Claro que puedo. Puedo juzgarles por cómo se mueven, por cómo hablan, por cómo reaccionan. Puedo, y lo hago bien, además.

Una cosa es ser un sociópata, y otra tener alergia a la gente.

_Malum per se

Todos los coches de la calle están cubiertos de escarcha. Al fondo, en el cruce con la calle perpendicular a tu casa, se ve a algún vecino que aplica spray descongelante a la ventanilla del conductor mientras su hijo (por el tamaño, podría ser su mujer o marido, o Dios; podría ser cualquiera, en realidad) se afana en rascar el hielo de la luna delantera.

ras ras ras

Llega tenue el sonido de la herramienta de plástico sobre el hielo.

El coche que nos espera, por el contrario, no parece haber sido afectado por la ola de frío. En su interior el chaffeur nos indica levantando un par de dedos y agachando la cabeza que está ahí, que es él.

– Sube – espetas.

Te miro. No parece que haya otra opción, pero sigo sin entender. Antes de abrir la puerta y entrar al vehículo, echo una última mirada calle arriba. Ya no se ve a nadie. Estoy a punto de agachar la cabeza para librar el umbral de la puerta cuando veo otro coche a lo lejos, arriba del todo de la calle.

– ¡Sube! – casi gritas.

Tu prisa me pone un poco nervioso. El coche se pone en movimiento incluso antes de que me de tiempo a cerrar la puerta. Alcanzo el cinturón de seguridad y tiro de él para abrocharlo, pero estoy tirando demasiado fuerte y se bloquea, se bloquea. Se bloquea, y se bloquea. Cada vez vamos a mayor velocidad y no parece que el conductor se pare demasiado a comprobar si los cruces están despejados o no.

Por fin consigo ponerme el cinturón, momento que aprovecho para mirar hacia atrás. Nadie nos sigue. Ha sido todo una figuración paranoica de las mías.

– Es mejor que te deshagas de ese libro cuanto antes. Arranca las hojas al menos. No sé. Lo que mejor te parezca.

Te miro confuso.

– Creo que estás sacando todo de quicio. Quiero decir, ¿qué se supone que estamos haciendo? Hoy íbamos a ir al Centro. ¿Qué hay de eso?

– No tiene ningún sentido ir al Centro. Nos vamos al aeropuerto ahora mismo.

Esta vez ni te miro ni contesto. Simplemente aparto la mirada.

– Ya sabes lo poco que me gustan los aviones.

– Ya sé lo poco que te gustan muchas cosas.

Cierro los ojos por lo que parecen ser horas.

[…]

_Come todo lo que puedas, ¡nos van a pillar!

– ¿Dónde has dejado La Lista? – Pregunta.

– Está ahí, sobre la mesa. ¿Es que no la ves? Ahí, junto a la esquina.

Señalo con el dedo y retuerzo los ojos en un ademán de hastío. La Lista no es más que un cuaderno de tapas gruesas de cartón laminado rojo y hojas con renglones azul pálido, usados como guía para escribir derecho. Lo dejé en la mesa hace un par de días, cuando terminé de escribir gran parte de los temas de interés para esta temporada. La Lista en sí es el contenido del cuaderno, pero bueno, la costumbre adquirida es a veces incorregible y tratándose de un tema tan trivial es hasta conveniente simplificar.

Por fin posa la vista sobre el cuaderno y lo coge, no sin vacilar un instante. Bueno, más que cogerlo lo ase de uno de los extremos y lo medio arrastra por el borde de la mesa hasta que por fin queda colgando de su mano. El movimiento, reflejo de algún tipo de vaguedad adquirida a lo largo de los años, fomenta la impresión de que el libro pesa un quintal, cuando en realidad no llegará ni a los 400 gramos. Me mira. Atisbo cierta confusión en su mirada.

– ¿Qué cojones?

Abre su mano, y el libro cae sobre la moqueta. El impacto es fuerte, como el de una carpeta archivadora a rebosar de papeles o el de un tomo de enciclopedia Larousse.

– La Lista. Pesa una puta barbaridad – espeta, soez.

– ¿De qué hablas? Pregunto y comienzo a moverme, mientras mantengo mi mirada en sus ojos. Me agacho, flexionando las rodillas. Puedo ver claramente la muesca que ha horadado el libro al impactar. Bajo la fina alfombra, el suelo es de madera. Palpo con los dedos y puedo notar como una o dos tablas se han hundido ligeramente.

– ¿Qué…

Intento agarrar el libro pero me muerdo las uñas casi todos los días, y no consigo hacer el hueco suficiente entre el mismo y la moqueta. Finalmente me ayudo de mi otra mano, y consigo levantarlo. No sin dificultad me yergo e intento comprender. Abro el libro. Todo sigue ahí; quiero decir, es el mismo cuaderno que usé la última vez, ahí están mis últimos comentarios a lápiz, como de costumbre.

– Es… – Comentas – como si las hojas fuesen de plomo…

Te estoy escuchando pero a la vez me estoy escuchando a mí mismo pensar muy rápido, e intercalo tu cara con la del libro, con los textos de La Lista hasta que finalmente, tras unos instantes, simplemente lo vuelvo a dejar sobre la mesa.

BLAM

– Necesito tiempo para pensar – manifiesto, mientras cojo mi chaqueta y me dirijo a la puerta.

– No te puedes ir ahora.

– ¿Hm? ¿Dices algo?

– Digo que… no te puedes marchar.

– Será un momento. Sólo voy a dar una vuelta y…

Me interrumpes.

– No hay tiempo para eso. Guarda el libro en tu mochila y vámonos de aquí. ¡Nos van a pillar!

[…]

_Eight

Every one of us, decaying in a similar fashion, but in a different way.

Everywhere you´d wish to look it´s the same: matter in decay, lost minds disguised in whatever. Confidence, pride, beauty. All of it fades when you put on you pijamas at home, after every, single, day.

I am yet to realize that there is no path when you live off-road.