_Cabezas

Vuelve a casa con todas las ventanillas del coche abiertas.

Es de noche, hace un viento del demonio, y ha bebido.

Bla bla, no hay que beber y conducir. Ya. Bueno. Bien.

El efecto del alcohol es nulo en comparación con el cansancio. Está conduciendo en automático, y eso es un problema cuando todo el sistema puede venirse abajo por una cabezada involuntaria. Todo parece transcurrir con una lentitud asquerosa: el asfalto no acaba.

No sabe bien si el coche va dando bandazos por llevar todo abierto, o si es porque a las ruedas les falta aire, o porque la amortiguación es una basura vieja y oxidada. Tampoco importa demasiado. Endereza repetidas veces el volante como si condujera un camión trailer, y abre los ojos exageradamente, como un lemur.

Así mejor.

Se imagina que de repente a su lado aparece un tipo malo y peligroso, que le insta a acabar con todo ahí, y ahora.

¿Quieres ver como acabo con nuestras vidas en un segundo? ¿Lo poco que vale tu existencia? ¿La mierda de aporte que eres para la sociedad? ¿Lo poco que eres tú, sin ir más lejos?

¿Quieres verlo?

Y da un volantazo, y se imagina que es un nuevo plano en su película, y que está rodado desde una colina, y que de golpe sale un coche volando a través de las barandillas cayendo al vacío. REVENTANDO.

Pero no hay nadie a su lado.

Decide que todo se hace de noche porque de día nos daría demasiada vergüenza hacer nada. Sería triste y torpe.

Decide que el tipo que se le ha acercado en el último bar, borracho al límite de la muerte, tenía razón cuando le ha dicho que era persona, y que eso no podía irse como si nada. Aunque prefieras el infierno al cielo. Tenía razón el hijo de puta, y mañana, será de día, y ni se acordará, y no habrá servido para nada.

Y de golpe, todo encaja. Encaja de tal forma, que no hace falta que nada tenga su lugar otra vez. Y ese era el problema.

Ya ha llegado a su destino.

Conduce a 80 por una vía de 30. No se debe correr. Ya. Bueno.

Bien.

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