_Bachilleres

No estamos desencantados.

No.

Esto no quiere decir que no seamos destructivos y violentos. Sí lo somos. Somos la jodida generación de la violencia y la destrucción, pero contra nuestras propias personas.

No somos la generación del desencanto, estancados en lo que el sofá de nuestras casas nos pueda inspirar. Salimos, y vemos, y envidiamos, como la mayoría de gente. Pero no rompemos ni matamos todas las cosas bonitas que no podemos alcanzar.

No.

Si no podemos alcanzar algo, entonces nos inmolamos contra ello. Somos a la vez ariete y puerta. Pero la puerta siempre está cerrada, y el ariete, siempre está dispuesto. Balanceándose nervioso, colgando de gruesas cadenas en su carromato cubierto de paja.

Y cuanto más dura es la puerta, más rebota el ariete contra ella, confundiendo huída por inercia en el camino a conseguir el tesoro que hay al otro lado.

Y que veamos y envidiamos, como digo.

Hasta que sea banal. Hasta que sea mecánico y vacío, y más fácil justificar una muerte gratuita que nuestra actitud.

Somos la maldita generación kamikaze. Cada vez más rápido. Cada vez más fuerte y contundente.

Cada día se repite lo mismo, y seguimos sin darnos cuenta de que no llegamos a lamernos el codo.

Por más que golpee el ariete en la puerta, no llegamos.

Porque además, seguro que al mismo tiempo, al otro lado hay pegada otra puerta, sobre la cual golpea simultáneamente otro ariete.

Y otra lengua inquieta y perseverante.

Y otro codo.