_escaleras

…un axfisiante y danzante hilo de peste nauseabunda trepaba por el hueco de la escalera. Cuando se puede ver el mal olor, adquiere otro tipo de cualidades, tirando más hacia la Muerte, o algún tipo de enfermedad que sin duda te dolerá. Lyra desde su privilegiada posición de francotirador, armada con la curiosidad más brillante en sus ojos, observaba. Desde arriba. La oscura y retorcida escalera, cómo se replegaba sobre si misma a intervalos cada vez más pequeños, como cuando eres un mocoso y dibujas en tu cuaderno una irregular espiral empezando desde fuera hacia dentro.

Su negrura… “ahí abajo de acaba el mundo” se dijo. Pero no estaba nerviosa. Miraba como quien mira algo horrible y se siente completamente ajeno a ello, y a salvo. Un mero espectador de la crueldad natural que rige el mundo. “Ooohh”. El olor cesaba a ratos, zarandeado por las corrientes de aire ascendentes que pugnaban por escapar de aquel zulo y huir por el agujero de la buhardilla. Y a Lyra, se le erizaba el vello de los brazos y el cabello jugaba unos intantes con la infecta brisa antes de caer graciosamente de nuevo sobre los hombros, tapando las orejillas previamente descubiertas.

Y entonces lo vio. A Miedo. Estaba lejos, pero ella sabía que el la miraba fíjamente. Y él sabía lo mismo, pero al reves. Empezó a subir, lentamente. Sin perderla de vista ni un segundo. A lyra se le entrecorto la respiración. Tenía miedo de Miedo. Algo bastante lógico por otra parte. Miedo emitía unos leves pero gravísimos alaridos, que hacían incluso que cayera virutilla del desvencijado techo. Y su ser se retorcía en espirales de bruma negra. Como un monstruito. Pero era Miedo. Era más que uno de esos monstruos aficionados que se meten en los armarios de niños indefensos. Era la causa de miles de muertes. De miles de horas de sueño perdidas. De sufrimiento mental. Miedo no sonríe. Sólo observa. Pero Lyra está cansada.

No quiere seguir temiendo a Miedo. Miedo le limita. Le marca hasta donde. Y cómo. Y una niña como ella no estaba dispuesta a aceptar algo tan serio como eso, no sin antes cuestionar. Y se cuestiono, para empezar, su propio miedo a Miedo.

Miedo se paró en seco. Sorprendido, parece ser. Esto era algo nuevo para el, ¿ como esa mocosa iba siquiera a tener la más mínima intención de plantarle cara a Miedo ? Ridículo.

Y dió otro paso, pero con cautela.

Y Lyra, ya, le miraba incluso divertida. Veía que Miedo le tenía un poco de miedo, al fin y al cabo. Ridículo.

Miedo subió. Demasiado, las cosas que te hunden pero que consigues afrontar, se pierden por el agujero de la buhardilla. Lyra contemplaba como se deshacia entre los arrugados hierros, moviendo sus piernecillas, tumbada en el suelo boca abajo sujetándose la cabeza con las manos, divertida.

Miedo no era para tanto al fin y al cabo. No cuando compruebas que no eres tu el que no tiene salida posible.

Lyra asomo su cabecita por el agujero para ver más de cerca las nubes…

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4 thoughts on “_escaleras

  1. Supongo que esto es de antes de la trilogía. Lo digo porque probablemente a los doce años Lyra le habría dado a Miedo un rodillazo en la entrepierna.

    El primer párrafo es muy bueno.

  2. Si supongo que es anterior… Tengo que releerme esa joya, la leí hace muchos, muchos años.

    Mi daimonion? Me gustaría que aún pudiese cambiar su forma. Pero supongo que si no quedara otra, algún felino sería ideal.

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